sábado, 11 de junio de 2011

La Guerra y La Paz de Tolstoi

Cuando pensamos en la historia de Rusia, lo más cercano a nuestra mente son las escenas de revolución, de guerra civil, de la toma del poder por insurgentes. León Tolstoi (1828-1910) muestra en su cuento El poder de la infancia a la masa del pueblo reaccionando furibunda ante un condenado a muerte, mientras este transita hacia el patíbulo. Solo la intervención del hijo del reo lo salva de una muerte segura cuando conmueve a la turba para que pida el indulto.

La compasión logra el balance de poder entre las fuerzas del estado y los rebeldes, quienes en último momento perdonan al guardia que apoyó al ejército contra ellos la noche anterior. La aparición del hijo, huérfano de madre disuade a la masa de su instinto criminal, retoman el sentido de la justicia natural, porque sin moderación la justicia popular comete excesos ya que es apasionada e impulsiva.

El orgullo: Tolstoi distingue al guardia apresado por los rebeldes, de la turba; es alto, erguido y de hermoso rostro viril. Es un militar de profesión, sabe que le tocó perder y lo acepta mostrando desprecio, ira y risa por la multitud. Su gesto desafiante obedece a que sabe que el representa el bando oficial, y que si muere lo hará en el bando que representa el orden. Su temple se mantiene hasta que ve llegar a su hijo de seis años ante él, pues allí debe preocuparse por la seguridad del niño.


El reo no se descompone cuando la turba lo odia, menos delante de su hijo, de su orgullo toma fuerzas para fingir la mentira piadosa para su hijo, de que está paseando con un amigo y que ya volverá a verlo donde la vecina Catalina. Para convencer al niño y hacer que se retire, le pide al cabecilla que lo desate hasta que su hijo se retire. Hecho esto se entrega dignamente al cabecilla para que disponga de el. La reserva anímica para el orgullo se acaba cuando el llora por el perdón recibido de la turba.

La masa: Los revolucionarios toman el poder, su justicia informal busca prevalecer por el miedo y el castigo. Hombres y mujeres gritan con odio pidiendo la muerte del reo, no están diferenciados, están revueltos en el rencor y la ira. Tampoco se distinguen como él por la belleza, su actuar es colectivo en el odio y en la compasión. La masa reacciona en cadena. Ante las evidencias del cuento, como cadáveres de revolucionarios en el camino al patíbulo el reo está complicado.

Se opera el nacimiento de la compasión en la turba, desde la llegada del niño, algunos individuos se aplacan. Sólo lo perdonan cuando el niño se ha retirado con una mujer que lo saca del gentío. Aparece aquí la conciencia colectiva, que hace a la turba sentirse responsable del futuro del futuro del pequeño si matan a su padre. Ninguno intenta detener al niño que va a abrasar a su padre, y tampoco al final al ver perdonado y derrotado al reo.

La calle: La justicia popular es informal, tiene lugar en la calle, que es espacio de la revolución, de la muerte, y espacio semiótico o de significado del odio y del perdón. La calle es el escenario en que transcurre toda la acción del relato, se anuncia que van camino a la plaza donde está el patíbulo, pero nunca llegan ahí, pues de haberlo hecho sería más difícil dar el indulto, teniendo el populacho los instrumentos de muerte a la mano.

La calle permite que se presente la única oportunidad de salvar la vida al reo, y la ocasión de redimir a la turba de su odio ciego. Es un escenario público, colectivo, donde se disuelve el individuo y la masa. Esto permite que aflore la conciencia colectiva, para distinguir entre el bien y el mal y desde la óptica de la justicia informal, el castigo necesario y suficiente del crimen.

La infancia: La niñez está ejemplificada en un solo individuo, el hijo del reo, no se indican niños en la multitud que conduce al reo. La reacción de compasión en la masa es motivada por el sufrimiento de un menor que conmociona los corazones adultos. El niño es inocente para creer la mentira de su padre, pero tiene alcance para notar que se encuentra en peligro. Al reo sólo le aterra que su hijo pueda verlo morir violentamente, porque necesita preservar su inocencia intacta.

La infancia es el futuro inmediato para la masa, ellos son concientes que si le quitan a su padre a este niño, potencialmente el podrá quitarles a sus hijos, cuando crezca la nueva generación. El perdón permite cerrar heridas y acabar con el círculo de odio. Es en el final de una revolución que se debe ponderar el futuro de la sociedad y la viabilidad del nuevo orden o el tránsito hacia otra forma de gobierno. El niño solo tiene su persona para mostrarla al público y hacer valer sus derechos.

El poder de la revolución es momentáneo, como reflexiona el reo rumbo al patíbulo. El pueblo tiene el poder de la venganza, pero se aplaca al ver la fragilidad del niño, quien detenta el poder para conmover, no para dañar como los revolucionarios. El ajuste de cuentas no puede allanar el derecho natural. En ese espacio ajeno y común a todos a la vez de la calle, el niño despertará la piedad de la turba por su amor filial e impondrá la continuidad de la vida en vez de un legado de muerte.

Conclusión: Un escritor como Tolstoi no puede ser esquivo a la historia de su país. En este cuento ejemplifica el lado humano de la turba y el individuo, ambos posibles de comunicarse aún en el reinado del odio. El ajusticiamiento del reo sería prolongar la muerte por la soberbia del poder y el triunfo, mientras que el perdón es un acto que permite continuar la vida de acuerdo al orden y derecho naturales, presentes en la conciencia de todo ser humano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada