miércoles, 29 de junio de 2011

Mario Pérez Antolín empezó escribiendo poesía, y al ver que sus poemas se desnudaban de lirismo para vestirse de reflexión, los convirtió en aforismos filosóficos

ué es el poder?

Toda creencia, fe o ideología, si son dogmáticas, amenazan tu libertad: el poder es una relación de fuerzas.



¿Y quién va ganando?

Los ciudadanos perdemos poder sobre nosotros mismos: nos imponen todo, estamos dejando de ser sujetos activos.



Dígame cuándo lo fuimos.

Nunca del todo, pero en sociedades más simples había más espacios para la autonomía personal. Nuestra sociedad, tan compleja, sólo nos ofrece alternativas para... el ocio.



Es algo.

Un ocio cargado de ficción, virtual, evasivo, que desdibuja la realidad. ¡Yo abogo por el realismo militante!



¿En qué consiste eso?

En analizar crudamente lo que hay delante, sin ficciones, y en buscar alternativas no escapistas.



Bien, pues analice: ¿qué ve?

Una medicalización de la política. De la teopolítica pasamos a la biopolítica: de condenar ideas desde la moral, hemos pasado a diagnosticar males desde la medicina. El inquisidor es hoy el médico y el técnico en servicios sociales.



Pero todo es por nuestro bien.

Sí, claro, y así vamos perdiendo parcelas de privacidad y autonomía.



¿Algún otro diagnóstico?

Superado el binomio clasista explotador-explotado, hoy tenemos por debajo del paria al invisible. El escenario es virtual: visiblesinvisibles. La lucha, hoy, consiste en hacerse visible. De ahí el auge de la red social, de los realities: hay que aparecer, exhibirse…



Y el 15-M... ¿no? En esta sociedad de la información, ¿estamos informados?

Bombardeados de estímulos, cada vez más: a este paso, la información sólo será posible si nos llega de otro modo...



Sociedad del conocimiento... y a la vez máximo fracaso escolar: ¿qué hacer?

El saber estaba antes en pocas manos y el profesor era un núcleo de poder: tenía prestigio. Hoy el saber es más accesible, el profesor ha perdido valor, ya no se le respeta...



¿Tiene usted alumnos?

Sí, y noto que llegan desarmados para la crítica ante el poder. A esto conduce la tendencia instrumentalista de la educación (Bolonia), destinada a formar buenos técnicos, pero… ¿dónde está ya la formación humanística general, base verdadera de la educación?



Sea como sea, seguimos teniendo hijos.

Es nuestro modo de no resignarnos al inevitable fracaso personal: la muerte.



Filosofa usted en píldoras.

No digo en siete páginas lo que puedo decir en siete palabras: el aforismo es un modo sintético de filosofar, vengo de la poesía...



Regáleme alguno de sus aforismos favoritos.

“Lo bueno de las causas perdidas es que no pueden echarse a perder”.



Claro. Otro.

“Con la primera mentira termina la infancia, con la primera nostalgia empieza la vejez”.



Otro.

“Nadie hay tan poderoso que se permita desoír sus inclinaciones”. Todos obedecemos siempre a algo, a pulsiones interiores...



¿No somos libres?

Sólo si consigues ser guía de ti mismo. Pero, ¿puedes trascender tus pasiones? Somos tan frágiles... Lo más resistente, sin duda, es la fragilidad.



¿Qué nos debilita?

La adulación, el halago. Gracias a los que me critican: ¡me tienen en cuenta! Y eso me refuerza. La crítica muscula a una sociedad. Si no, se empobrece y debilita.



¿Conoce algún consejo práctico para manejar el poder?

Para mantenerte en el poder, ríe los disparates al superior, evita las estocadas del igual y consigue la lealtad del subalterno.



Otra alternativa es transgredir el poder.

Detrás de todo moralista hay un inmoral, detrás de todo puritano hay un libertino... ¡Sólo el transgresor predica con el ejemplo!



Pero es arriesgado.

Es la única manera sensata de vivir: para vivir, arriesga. O vivirán tu vida por ti.



Pero también dice usted que “la cobardía es una estrategia de supervivencia”.

Sí, porque evita imprudencias en que puedes dejarte la piel.



A propósito... ¿qué me dice del amor?

En cuestión de sentimientos, la única certeza posible es esta: “Te odio, amor mío”.



¿Por qué?

Porque te desnudas ante tu amante, lo que te vuelve vulnerable, de modo que le facilitas convertirse en tu peor enemigo...



El amor y el desamor, inextricables.

Es inevitable..., pero nunca estamos preparados: el amor anestesia el costado por el que te entra la espada del desamor.



Qué paradoja...

La ironía y la paradoja son los registros que más uso para filosofar. Por ejemplo: “Ensalza algo tuyo que detestes..., y vendrá un envidioso para llevárselo”.



Ja, ja, cómo somos... Y no exhibas lo que sí aprecies, ¿no?

Claro, pues en tal caso lo pondrás en peligro. Ufanarte de tu suerte puede ser insultante para otros: ¡no te jactes de tu dicha, pues sobrevendrá la desgracia!



Despídase con otro aforismo suyo.

“No hay mejor ética que una apología elegante de la risa”.

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