sábado, 25 de junio de 2011

Nuestro lado oscuro. Una historia de los perversos Élisabeth Roudinesco

Nuestro lado oscuro. Una historia de los perversos
Élisabeth Roudinesco
Traducción de Rosa Alapont. Anagrama. Barcelona, 2009. 256 páginas. 16 euros.


Bernabé SARABIA | Publicado el 27/03/2009
El objetivo central de este volumen es indagar en nuestro lado oscuro a través de una historia de los perversos. Nacida en Francia en 1944, élisabeth Roudinesco se formó, en los años dorados de la universidad francesa, con las grandes figuras del pensamiento francés de los 60. Todorov, Deleuze y Michel de Certau la acogieron en el restringido círculo de sus discípulos más directos y recibió su formación psicoanalítica del inaccesible Lacan. Miembro activo de la izquierda francesa, su obra estuvo siempre pespunteada por colaboraciones en “Libération” y “Le Monde”. En la actualidad enseña en la Universidad Paris VII y en l’école Practique des Hautes études.

Como señala Roudinesco en su Introducción, los términos perversidad y perversión se entendieron a lo largo de la Edad Media y hasta finales del siglo XVII como un forma de alterar el mundo natural y empujar al vicio a los seres humanos. A partir del XVIII, la aparición de los libertinos significa la ruptura del viejo orden y la llegada de la moral de la alegría y el gozo. Con el nacimiento de la psiquiatría en los primeros años del XIX, las perversiones supremas se encarnan en las figuras del homosexual, el niño masturbador y la mujer histérica. El desarrollo de la sexología implica la creación de distintas categorías para clasificar a los perversos: fetichistas, zoófilos, necrófilos o exhibicionistas, entre otros. El siglo XX introduce la ideología de todo un Estado como encarnación perversa. Los nazis y su higienismo delirante instalan el terror para exterminar a los judíos, en lo que Roudinesco analiza como la cristalización de la perversión del Estado. Por último, ya en el siglo XXI la perversión quedaría encarnada en el pedófilo y en el terrorista.

Para construir este volumen, Roudinesco ha utilizado varias de las líneas directrices de la escuela francesa, más en concreto de Canguilhem y Foucault. Una mezcla a dosis muy precisas de la obra de distintos pensadores y de los sistemas políticos y sociales que se entrecruzan con sus biografías. Todo ello sin olvidar el análisis critico de la noción de consciencia y de sujeto del conocimiento. El lector de Roudinesco no puede olvidar que Francia es quizá el único país del mundo en el que el psicoanálisis se implantó tras la II Segunda Guerra Mundial como un sistema de pensamiento.

Con las complejas categorías psicoanalíticas lacanianas bien marcadas y la evidente influencia de un Bataille abriendo camino con su ingente obra sobre perversión y erotismo, Roudinesco consigue con una enorme facilidad hacer su texto ameno y accesible a cualquier lector. Desarrolla una historia en la que lleva al lector desde la vida del malvado compañero de armas de Juana de Arco, Gilles de Rais, las místicas, los flagelantes, el marqués de Sade, la medicina mental y las confesiones del capo de Auschwitz, Rudolf Hüss, hasta las perversiones contemporáneas. A lo largo de este recorrido el lector percibe que perversión sigue siendo sinónimo de perversidad. No importa para Roudinesco que “la ciencia haya sustituido a la autoridad divina, el cuerpo a la del alma y la desviación a la del mal”. La aniquilación, el odio y el gozo en la crueldad se siguen censurando como formas de depravación. La perversión se percibe como algo abyecto. No obstante se percibe también como si tuviese su lado sublime, una forma de rebeldía frente a las leyes de los hombres. Y esto último no puede producir, por su ambivalencia, más que inquietud.

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