domingo, 15 de mayo de 2011

Pablo Neruda: Poeta Errante

EL POETA ERRANTE (Primera parte)

El día 12 de julio de 1904 nace Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, en Parral, un pequeño pueblo vinícola del centro de Chile, pero a los cuatro años es llevado por su padre, José del Carmen Reyes, ferroviario de un tren lastrero, un poco más al sur, a Temuco. Su madre, Rosa Basoalto, había muerto de tuberculosis un mes después del nacimiento del poeta.
Su niñez solitaria, en aquella ciudad donde su padre trabajaba de madrugada como conductor del tren que iba echando el lastre de piedra para que no se estropearan las vías, la pasó embriagado por una naturaleza fronteriza a donde llegaban los albatros y cisnes de cuello negro antárticos y la tierra en verano permanecía preñada de pájaros e insectos, que despertaban su curiosidad infantil. Cuando la lluvia del sur caía como una manta sobre esos campos impidiéndole nuevos descubrimientos naturales, se refugiaba en otro mundo fantástico, las hazañas de Búffalo Bill o los viajes de las novelas de Salgari, de sus primeras lecturas.
"Por ese tiempo llegó a Temuco una señora alta, con vestidos muy largos y zapatos de taco bajo. Era la nueva directora del liceo de niñas. Venía de nuestra ciudad austral de las nieves de Magallanes. Se llamaba Gabriela Mistral". La poeta lo embarcó en nuevas aventuras literarias, las de los grandes novelistas rusos que ella admiraba: Tolstoi, Dostoievski, Chejov.
En el liceo fue un mal estudiante de matemáticas, pero destacó en letras y a sus pocos años ya trabajaba de corresponsal de la revista Claridad órgano de la Federación de Estudiantes. Por esa época, para despistar a su padre que no era muy favorable a consentir sus aficiones literarias, decidió firmar sus poemas con un nombre que encontró en una revista, sin saber siquiera que se trataba del gran poeta checo Jan Neruda (Praga 1834-1891), desde entonces se le conocería por este seudónimo. En 1921 se traslada a Santiago de Chile para seguir estudios universitarios. Empieza a vivir su vocación de poeta de forma revolucionaria, enfundado en la vieja capa ferroviaria de su padre, que le servía para darle un aire bohemio y ocultar su pobreza. En 1923 publica a su costa su primer poemario, Crepusculario . El capítulo central del libro se titula Los crepúsculos de Maruri, porque en las ventanas de su casa de Santiago caían "los más extraordinarios crepúsculos". Maruri era la calle donde vivía. (En 1924 vendería los derechos de autor de por vida, a un editor en Chile, de ese su primer poemario).
También en 1923, con ocasión de un corto viaje a Temuco, deslumbrado ante el cielo nocturno austral de su infancia, escribe en un arrebato El hondero entusiasta. A raíz de los comentarios elogiosos que recibe del poeta uruguayo Sabat Erscaty, pero que evidenciaban que se había dejado llevar por sus influencias, decide renunciar a la elocuencia cultivada por el autor oriental y buscar una forma de expresarse más sencilla: así nace, ese mismo año, Veinte poemas de amor y una canción desesperada.
Durante esos años vive en el ambiente bohemio de Santiago, funda la revista literaria Caballo de Bastos en 1925, pero necesita buscar una ocupación que le permita vivir. Gracias a la intervención de amigos funcionarios, consigue ser nombrado cónsul en una remota ciudad que no sabría situar en el mapa: Rangoon. No duda en aceptar el puesto.
En junio de 1927 se embarca en Buenos Aires en el vapor "Baden" para ocupar su empleo consular en el lejano Oriente. La primera etapa de su viaje fue Lisboa, luego cruza por primera vez España en tren y llega a París. Entre los artistas y escritores latinoamericanos que vivían en la capital de Francia, conoce a "César Vallejo, el gran cholo; poeta de poesía arrugada, difícil al tacto como piel selvática, pero poesía grandiosa, de dimensiones sobrehumanas".
Después de una breve estadía en París continúa su viaje hacia Extremo-Oriente, via Marsella, Tokio, Singapur y al fín llega a la ciudad de Rangoon en Birmania, cuando aún estaba bajo dominio británico. El consulado, en esas tierras musulmanas, le dejaba mucho tiempo libre, el único trabajo consular consistía en timbrar las autorizaciones para fletar hacia Chile parafina sólida y grandes cajas de té en un barco que zarpaba cada tres meses. "La calle era mi religión. La calle birmana, la ciudad china con sus teatros al aire libre y sus dragones de papel... La calle hindú... con sus templos que eran el negocio de una casta... Los mercados... Las pajarerías... En ese ambiente exótico empieza a escribir su poemario Residencia en la tierra, obra hermética y vanguardista en donde algunos críticos perciben influencias orientales que el poeta jamás aceptó.
Su siguiente destino fue el consulado de Colombo en Ceilán (actualmente Sri Lanka), a donde se dirige en 1929 casi clandestinamente, huyendo del absorbente amor de una birmana que estuvo a punto de asesinarlo por celos. Durante la travesía escribe el poema Tango del viudo en recuerdo de su frustada experiencia sentimental. En la tranquilidad de la isla se dedica casi plenamente a la literatura, escuchando tres únicos discos de la sonata para piano y violín de César Franck."Nunca leí con tanto placer y tanta abundancia como en aquel suburbio de Colombo en que viví solitario por mucho tiempo". Su compañía era una fiel mangosta domesticada que le servía de mascota y algunas "muchachas morenas y doradas, con sangre de boers, de ingleses, de dravidios... se acostaban conmigo deportiva y desinteresadamente". Mientras tanto, casi había terminado de escribir el primer volumen de Residencia en la tierra.
Deja Ceilán para hacerse cargo de los consulados de Singapur y de la antigua Batavia (hoy llamada Yakarta). Fija su residencia en la capital de Indonesia. Su soledad es extrema en la populosa ciudad, vive en una casa amplia donde come los platos que le prepara una cocinera javanesa. Conoce entonces a María Antonieta Agenaar, criolla holandesa-malaya con la que a duras penas se entiende, por no hablar un idioma común, "mujer alta y suave, extraña totalmente al mundo de las artes y de las letras". No obstante decide casarse con ella.
En 1932 regresa a Chile, donde publica su poemario temuqueño El hondero entusiasta y un año después su Residencia en la tierra que había terminado durante su largo periplo por Oriente. En Chile se le reconoce como uno de los grandes poetas de la patria y se le equipara a Gabriela Mistral.
En agosto de 1933 viaja a Buenos Aires representando a Chile. Coincide con Federico García Lorca que había llegado a la capital porteña para dirigir y estrenar su tragedia Bodas de sangre, en la compañía de Lola Membrives. Permanece poco tiempo en Buenos Aires porque casi inmediatamente es nombrado cónsul en Barcelona. En Barcelona dura aún menos tiempo, ya que los funcionarios consulares consideran que un poeta como Pablo Neruda debe representar a Chile en Madrid, centro literario de España. Se relaciona rápidamente con todos los amigos de García Lorca y Rafael Alberti, entre ellos le llama la atención un hombre rústico de una sensibilidad infinita: Miguel Hernández.
Pablo Neruda se instala en Madrid en la llamada Casa de las Flores, edificio moderno del barrio de Argüelles, a las puertas de la Ciudad Universitaria. Muy cerca viven los poetas más representativos de la que sería la generación del 27: los ya nombrados García Lorca y Alberti, y también Manuel Altolaguirre, José Bergamín, Luis Cernuda, y Vicente Aleixandre. Hernández, más pobre, llegado de sus tierras de Orihuela viviría más lejos, en los arrabales de Madrid. El grupo se ve casi todos los días, se reúnen en los mismos bares, comentan sus creaciones diarias. El poeta chileno dice sentirse como en su propia casa; no se le reconoce como perteneciente a la generación del 27 porque no era español, pero fue uno de sus miembros más destacados. Con la generación literaria anterior tuvo poco contacto. Vió a "Valle-Inclán muy delgado, con su interminable barba blanca". A Ramón Gómez de la Serna lo conoció pontificando con voz estentórea en su cripta de Pombo. A Antonio Machado lo vió varias veces "sentado en su café con su traje negro de notario". Mayor relación tuvo con "el maldiciente Juan Ramón Jiménez, viejo niño diabólico de la poesía" que le hizo conocer la legendaria envidia española. El poeta de Moguer se ensañaba en los periódicos contra los jóvenes poetas; Neruda, como Pedro Salinas o Jorge Guillén, no se libró de sus ácidos comentarios.
A iniciativa de Manuel Altolaguirre, aficionado a la imprenta, funda una revista literaria con el título "Caballo verde para la poesía" que a Alberti no le termina de gustar, era de opinión que se llamara "Caballo rojo". En ella publica los primeros versos de Miguel Hernández y naturalmente los de Federico García Lorca, Cernuda, Aleixandre, Guillén y Juan Ramón Jiménez (a pesar de todo). Salieron a la venta cinco números, el sexto "se quedó en la calle Viriato sin compaginar ni coser. Estaba dedicado a Julio Herrera y Reissig... La revista debía aparecer el 19 de julio de 1936, pero aquél día se llenó de pólvora la calle. Un general desconocido, llamado Francisco Franco, se había rebelado contra la República en su guarnición de Africa".
Durante la guerra civil española escribe España en el corazón, que tiene una primera edición fallida en la imprenta que Altolaguirre había montado en pleno frente de Gerona. Cuando las tropas republicanas vencidas se dirigían hacia la frontera de Francia muchos soldados llevaban los ejemplares de esa primera edición que no llegó a ver la luz sino el fuego. Las columnas eran permanentemente bombardeadas por la artillería y la aviación franquistas y en el lodo de las carreteras quedaban las víctimas y los libros de España en el corazón.
Pablo Neruda es retirado de su cargo consular en Madrid debido a haber participado en la defensa de la República. Se traslada a Paris donde vive en el mismo piso con Rafael Alberti y su mujer María Teresa León. En la capital de Francia residía el escritor franco-cubano "Alejo Carpentier, uno de los hombres más neutrales que he conocido. No se atrevía a opinar sobre nada, ni siquiera sobre los nazis que ya se le echaban encima a París como lobos hambrientos". En Francia traba amistad con dos de los creadores del surrealismo, Louis Aragón y Paul Eluard, ambos fuertemente comprometidos con las ideologías marxista y anarquista. Neruda recordará siempre sus largas conversaciones político-literarias con estos poetas. Aragón le dió la oportunidad de trabajar para él, ya que el poeta chileno se encontraba sin ningún tipo de ingresos económicos.
En París, crea una nueva revista, "Los poetas del mundo defienden al pueblo español", para difundir poemas antifranquistas. Neruda tenía más confianza en el poder de la palabra que en el de las balas. Habían aparecido seis o siete números impresos en casa de Nancy Cunard, aristócrata inglesa amiga de Louis Aragón, con poemas de González Tuñón, Alberti, etc. cuando terminó la guerra española y empezó la europea.
Se le intenta expulsar de Francia por servir de correo para las instrucciones soviéticas provenientes de España, relacionándolo con Ilya Ehrenburg, algo que era totalmente falso porque él ni siquiera conocía al escritor ruso. En vista de eso decide ir a buscarlo, averigua que almorzaba diariamente en "La Coupole" y se le presenta: "Como me van a echar por culpa suya de Francia, deseo por lo menos conocerlo de cerca y estrechar su mano". Desde ese momento se hicieron grandes amigos. Inmediatamente Ilya Ehrenburg empezó a traducir al ruso su España en el corazón y más tarde el resto de su obra.
Pablo Neruda no sirvió de enlace soviético, como le acusaba la policía francesa, pero sí se encargó de coordinar en París, bajo la dirección de André Malraux, el II Congreso de Intelectuales Antifascistas que se celebró en Madrid y Valencia en 1937. A él acudió la primera plana de los escritores europeos y americanos para testimoniar su solidaridad con la España republicana. Entre el centenar de escritores que participaron se encontraban: el propio Malraux, Stephen Spender, César Vallejo, Vicente Huidobro, Malcom Cowley, Anna Seghers, Nicolás Guillén, Octavio Paz, e Ilya Ehremburg.
Para Pablo Neruda, regresar a su apartamento de la "Casa de las flores", en el frente norte de Madrid, y encontrarlo casi derruído y descubrir los impactos de metralla en los libros que allí dejó cuando salió precipitadamente el año anterior, le resultó una experiencia tristísima. En la calle se encontró con un miliciano, fusil al hombro, que se ofreció a bajarle los libros desde el 5º piso donde había vivido, era Miguel Hernández, luchaba en el frente de la Ciudad Universitaria. El poeta chileno prefirió dejar todo como estaba, entre los escombros. "Aquél desorden era una puerta final que se cerraba en mi vida. Le dije a Miguel:
-No quiero llevarme nada.
-¿Nada? ¿Ni siquiera un libro?
-Ni siquiera un libro -le respondí".
El Madrid donde se celebró el II Congreso de Intelectuales Antifascistas estaba lleno de muerte, su corazón aún latía, pero las tropas fascistas eran una gangrena que ascendía por todas sus arterias. La ciudad iba perdiendo una a una sus casas mientras en el centro se desarrollaba una actividad frenética y famélica para defenderla. Los que no lo hacían con las armas utilizaban la palabra. En sus calles se encontró con León Felipe que había vuelto de México expresamente para estar al lado de los defensores de la república. El poeta zamorano concurría a las tricheras en los momentos de calma para leerles sus poemas más iconoclastas. Otro gran amigo de Neruda, Alberti, "no sólo escribió poemas épicos, no sólo los leyó en los cuarteles y en el frente, sino que inventó la guerrilla poética, la guerra poética contra la guerra". César Vallejo escribiría entonces su España aparta de mí este cáliz. Cuando Pablo Neruda abandona España, Miguel Hernández le dedica su poemario El hombre acecha con estas palabras: "Pablo: Te oigo, te recuerdo en esa tierra tuya, luchando con tu voz frente a los aluviones que arrebatan la vaca y la niña para proyectarla en tu pecho."
En esa situación límite, en la que el hombre arriesga convertirse en lobo, Pablo Neruda comprendió la situación trágica de Miguel Hernández, que en la misma dedicatoria mencionada le decía: "Pablo: Un rosal sombrío viene y se cierne sobre mí, sobre una cuna familiar que se desfonda poco a poco..."; del temperamental León Felipe y de tantos otros camaradas que luchaban contra el fascismo. "Aunque el carnet de militante lo recibí mucho más tarde en Chile... creo haberme definido ante mí mismo como un comunista durante la guerra de España"

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