domingo, 10 de octubre de 2010

Miguel Angel Bañuelos: Los Tiburones han Muerto

Miguel Ángel Bañuelos: "El hombre lleva en su ADN el gen de la dominación"

El publicitario asegura que las reglas por las que se rigió el mundo desde finales de los años noventa han caducado
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Raquel Quelart | 14/09/2010 | Actualizada a las 01:30h | Economía

El tiburón es una especie en extinción. El escualo que desde finales de los años noventa devoró a dentelladas todo lo que se le ponía por delante quedó tocado de muerte por la crisis. La fiesta se acabó y dio paso a un nuevo orden capitaneado por la honradez y el trabajo bien hecho. Este es el planteamiento de Los tiburones han muerto, una compilación de 115 principios cuyo autor, Miguel Ángel Bañuelos, ha ido descubriendo a lo largo de más de 40 años de experiencia en el sector de la publicidad. La publicación de este trabajo coincide con la celebración del 50º aniversario de BBDO, un grupo de comunicación que aglutina ocho empresas en España y que, actualmente, dirige el autor.
Miguel Ángel Bañuelos es presidente de BBDO

Bañuelos, que presidió la Asociación Española de Agencias de Publicidad, y fue jurado en diversos festivales como el de Cannes, se considera de Madrid, a pesar de haber nacido en Puebla de Alcocer (Badajoz). "Uno es de donde hace el bachillerato, tal como dijo Fernando Fernán Gómez", precisa. Su deseo es compartir esta sabiduría vital con aquellas personas que abordan por primera vez el mercado laboral o bien, simplemente, quieren tener acceso a un conocimiento que la gente experimentada tiende a no querer compartir.

¿Por qué es más beneficioso ser un buen jefe?
He constatado que los trabajadores felices hacen mejor su trabajo que los infelices.

Ahora hay más empleados descontentos.
En el sector de la publicidad hace 40 años los creativos con talento ganaban mucho dinero y, como es lógico, se sentían muy satisfechos. Pero ahora, y como consecuencia de la crisis galopante en la que estamos inmersos, los bajos salarios hacen muy difícil que los trabajadores sean felices.

¿Abundaban más los tiburones hace una década?
Lo que sé es que vivieron su apogeo a finales de los noventa y principios del nuevo siglo hasta que su ambición ilimitada y su falta de principios desencadenaron la crisis.

Se llevaron a muchas víctimas por delante.
Esos tiburones no tuvieron, por ejemplo, ningún reparo a la hora de vender una hipoteca a pesar de saber que el comprador nunca podría devolver el dinero. Sólo les importaba la comisión.

¿Cuál era su principal defecto?
La falta de honradez. La naturaleza del tiburón es no parar hasta conseguir su objetivo, como le ocurre al escorpión. ¿Conoce la historia?

No.
Cuenta que el escorpión quiere pasar el río y le dice al elefante: "¿Me subes en tu lomo?", y el elefante le responde "vale, pero no me piques". El escorpión le contesta que no se preocupe, pero a mitad de río le pica puesto que esa es su naturaleza. Los dos acaban ahogándose.

La fiesta abonó el terreno para los tiburones.
No sé si adobó el terreno o fueron ellos los que crearon las condiciones. Da igual, lo cierto es que hemos vivido unos tiempos en que se han cometido todo tipo de tropelías por parte de consultoras, bancos, políticos, naciones… Que no han tenido muy claros qué principios y normas deben regir.

¿El mundo será menos hostil a partir de ahora?
Espero que sí, pero sólo es una suposición.

¿Qué le diría a una persona que acaba de empezar su carrera profesional?
Que se esfuerce, que haga su trabajo lo mejor posible, que sea honrado porque ser buena persona no es un obstáculo para conseguir tu meta; que no crea que los atajos de la falta de principios, de la traición le van a conducir al éxito.

¿Cuándo se dio cuenta de ello?
Mi padre me dijo: "Sé honrado, es muy caro, pero compensa".

Su consejo número 12 dice: "No creas que quienes ocupan una posición alta son por fuerza listos. Hay muchos tontos presidentes".
Lo que constato es el hecho de que he conocido a mucha gente que ostenta cargos muy altos y no son nada listos, no tienen ninguna virtud. Tengo la duda de si habrá muchos que piensen lo mismo de mi.

¿Cómo convivir con un jefe inepto?
Se tiene que sobrevivir en esa atmósfera o cambiarse de trabajo.

¿Y si se opta por la primera opción, hay que jugar al mismo juego que él?
Groucho Marx dijo: "Estos son mis principios, pero si a usted no le gustan, tengo otros". Los principios no se deben cambiar.


Lo que digo es que si ayuda a su jefe a ascender, le irá muy bien. Eso sí, luego, no puede reivindicarlo porque, sino, estará muerto. Es decir, los éxitos de sus superiores y clientes le beneficiarán.

¿Qué es para usted el éxito?
Todo el mundo tiene su propia versión del éxito: ganar mucho dinero, obtener poder, tener reconocimiento… Y cada uno encuentra la felicidad en cosas completamente distintas.


Por ejemplo, en un determinado momento de su vida una mujer puede buscar la felicidad a través del éxito profesional, y en otro, sentirse realizada cuidando de su hijo recién nacido.

Hablando de mujeres, usted dice que las mujeres deben de esforzarse más para conseguir su meta.
Recuerdo a un empresario estadounidense que sólo contrataba a mujeres porque decía que tienen que trabajar el doble para llegar la mitad de lejos que los hombres. Es cierto que han tenido un contexto laboral más complicado.

Afortunadamente, algo está cambiando.
En la universidad española hoy en día hay más mujeres que hombres, y sacan mejores notas. En el metro, ellas van leyendo un libro, mientras que ellos la prensa deportiva o no leen nada. Como saben que lo tienen más difícil, se esfuerzan más, por lo que podrían llegar más lejos que los varones. Casi es una realidad.

¿El mundo con más cargos de responsabilidad en manos de mujeres sería menos hostil?
Pienso que sí. Lo que sí puedo asegurar es que las mujeres en general son más sensatas que los hombres, y caen menos en los vicios masculinos.

¿Cuáles?
El Hombre tiene en su ADN el gen de la dominación, el macho en lo profundo. Aunque no sé como serán las mujeres cuando sean mayoría en los consejos de administración…

¿Hay que confiar en aquél que nos dice lo que queremos oír?
No, hay mucha gente que cuando habla con su jefe, sólo le dice lo que cree que desea oír.

¿Usted qué prefiere?
Que me digan lo que piensan porque puede ser que sea mejor que lo que yo he pensado. Los jefes autoritarios están superados, ahora estamos en el mundo de la eficiencia.

¿Hay que tenerle afecto a la empresa en la que trabajamos?
No, es como querer a una piedra; en todo caso, se le puede tener afecto a la gente que trabaja en ella. ¿Quién puede querer al Banco Santander? Nadie. Pero puede ser que un trabajador piense que el señor Botín es un excelente banquero. El banco no tiene alma.

Sin embargo, hay empresas socialmente responsables.
En el fondo todas las marcas lo que buscan es establecer una relación de amistad con la sociedad, que la gente les tenga afecto; que entre A y B, que son parecidas, elija A porque cree que es más beneficiosa para la humanidad.

Uno de los consejos más importantes que usted da para una negociación es dejar que el otro hable.
Lo que digo es que cuando no tenga algo importante que decir, que le lleve por el camino que quiere, deje que hable el otro, porque como más repita sus argumentos, más débiles se volverán. Reivindico el valor del silencio.

No hay mayor felicidad que el altruismo
¡Claro! Yo creo que Vicente Ferrer era un hombre feliz. Pasó toda la vida ayudando a los demás y haciendo una obra social que ha beneficiado a millones de personas.. Dicen que un hombre le preguntó a un sabio: ¿Qué necesito para ser feliz? Y el sabio le respondió "Ponte la camisa de un hombre que sea feliz". Llegó a una orilla que había un pescador y dijo: ¿Usted es feliz?, el pescador asintió y el hombre le pidió que le diera su camisa, y éste respondió: "No tengo camisa".

Muy bonito.
El hombre feliz no necesita camisa.

¿Qué animal le gustaría que sucediera al tiburón?
El delfín, un animal inteligente, amable, social, y a la vez fuerte, porque ni los tiburones se atreven a meterse con él. Pienso que si los tiburones se convirtieran en delfines este mundo sería un paraíso.

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