jueves, 6 de octubre de 2011

Jaqueline : La ultima mujer de Pablo Picasso

La primera vez que Picasso y Jacqueline se conocieron fue en 1953. Ella tenía 27 años y unos rasgos que a él le recordaron inmediatamente a la de la muchacha que aparece con un narguile en el famoso cuadro de Delacroix: "Las mujeres de Argel". Así la pintó poco después como "Mujer vestida de turca".

La segunda vez que Picasso reparó en Jacqueline Roque, él tenía 72 años, y ella era una belleza de 45 años con los ojos verdes, en la alfarería donde ésta trabajaba. Tras cortejarla 6 meses y dibujar una paloma gigante con tiza en la pared de su casa, se casó con ella en secreto. Los 20 últimos años de su vida los pasó a su lado. Ella fue la más discreta de sus mujeres. Vivió a su sombra.

Desde el principio de su relación, Picasso pintó a Jacqueline muchas veces. Sin embargo, ésta casi nunca posó de veras para él, limitándose a estar en la casa a su lado. Era la única persona cuya presencia toleraba en el taller cuando estaba pintando. Jacqueline se quedaba a su lado las noches enteras mirándolo pintar. El artista garabateaba en el reverso de los lienzos mensajes de amor: "Para Jacqueline, en el día de San Valentín", o, "Para Jacqueline, en el día de su santo, por su marido".

Estaban tan unidos que era raro que ella saliese del hogar. Vivían en un castillo del siglo XVII al pie de la montaña de Sainte-Victoire. A Picasso le inquietaba tanto lo que le pudiera pasarle que, si estaba dándose un baño, no era raro que de pronto apareceise con los pinceles en la mano para cerciorarse de que no se había ahogado. Picasso podría también ser cruel con ella, tanto que Jacqueline a veces se refería a él como al "abominable hombre de las nieves".

Durante los dos últimos años de la vida del pintor, Jacqueline bebía de forma excesiva. Estaba muy afectada por la agonía de su marido, y la difícil relación de ambos con los hijos y nietos de Picasso.
En Abril de 1973, la víspera de su muerte, el pintor se tomó su infusión de todas las noches y preguntó a su esposa: ¿Sabes si tengo suficientes lienzos y pinceles ? Mañana mismo voy a empezar a pintar otra vez.
Al día siguiente, el médico le puso unas inyecciones para que respirase mejor. Picasso le preguntó si estaba casado. El médico le dijo que no.
Pues se equivoca usted- le apuntó el pintor-. Vale la pena. Picasso se volvió a Jacqueline, que le estaba cogiendo la mano y murmuró:
-Mi mujer es maravillosa-
Fueron sus últimas palabras. Jacqueline describió así el momento: "Vi que su rostro rosado se volvía gris. Aún no lo he asimilado del todo".
Seis días y seis noches veló el ataúd en el cuarto de la guardia del castillo. Finalmente lo enterró al pie de la entrada.
Jacqueline se sumió en una profunda depresión. Años más tarde, una noche le dijo a su asisenta Doris, que se iba a un sitio "al que no puedes acompañarme".
Era el 15 de Octubre de 1986, hacia las tres de la madrugada, tendida bajo una manta idéntica a la que cubriera el cuerpo de Picasso al morir, Jacqueline se llevó a la sien el revólver que guardaba en la mesita de noche y apretó el gatillo. Doris encontró el cadáver a la hora del desayuno.
Uno de los deseos sí fue respetado: que la enterraran envuelta en una negra capa española como Picasso, junto a la tumba de éste al pie del castillo.
Como había explicado una vez:
-Me gustaría que me envolvieran en el último lienzo de Pablo-.

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