sábado, 29 de octubre de 2011

On Kindness: Un abrazo

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Cuentos personales con tus palabras
La bondad es la máxima expresión de la inteligencia
by Marcos Xalabarder

Hoy he leído la reseña de un interesante ensayo sobre la bondad. Se trata de “Elogio a la bondad”, de Adam Phillips y Barbara Taylor. Como explica la reseña, la sociedad “elogia la bondad episódicamente pero la devalúa por sistema”. También recuerda la vieja idea de que si eres bueno eres tonto o flojo.

El libro repasa la historia de la bondad y hace un alegato a la suma importancia de la misma en la evolución humana. Si me ha interesado el libro -y seguramente lo leeré- es porque comparto algu fundamental con él: que la bondad es la máxima expresión de la inteligencia humana. Al margen de considerar inteligencia desde un punto de vista intelectual, emocional o de cualquier otra clase, la bondad verdadera requiere una extraordinaria fuerza de voluntad, una capacidad sobrehumana para ‘verlas venir’ y un irreductible deseo de actuar correctamente de acuerdo con los ideales más elevados.

No es fácil ser bueno. Nada fácil. Hay que ser más listo que los listos, más astuto que los astutos, más fuerte que los fuertes y, encima, no recurrir jamás a la violencia, la venganza o el resentimiento. ¿Alguien cree que esto lo hace un tonto?

Un buen ejemplo de lo que quiero decir es el arte del Aikido. En esta disciplina marcial no se dan golpes ni patadas. El arte consiste en atacar sin atacar, en defenderse sin defenderse, utilizando para ello la energía del contrario. Es un arte impecable que requiere de una madurez y sabiduría fuera del alcance de la mayoría de los mortales.

Alcanzar la bondad representa escalar por la mente humana desde sus bajos fondos hasta su cielo más alto, sin saltarse un peldaño. Hay quien se llega rápidamente al octavo piso, ignorando los sótanos y cayendo -craso error- en el orgullo de los bondadosos. El orgullo separa al individuo de sus semejantes y la bondad resultante es la condescendencia.

En realidad hacen falta libros como este. Que expliquen con claridad lo arduo que es caminar en el bien. Por poner un ejemplo literario, basta con que un libro lleno de páginas blancas tenga una negra para que quede mancillado. En cambio, un libro negro con una lustrosa página blanca será disculpado.

Para ser bueno, pues, hay que ser sabio y poderoso. Como lo era Buda, como lo era Gandhi, como el mismísimo Jesús. No son endebles ni enclenques los buenos, sino guerreros necesarios en estos tiempos.

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