jueves, 13 de octubre de 2011

Enrique Rojas : El Amor

Enrique Rojas Montes, Psiquiatra: AMORES EOLICOS

La historia del comportamiento refleja las maneras de actuación que se han ido dando a lo largo del tiempo. Siendo el amor uno de los temas centrales de la vida humana, también éste ha ido recorriendo diferentes travesías, modas lances y modos de presentación.

Las tres grandes figuras del pensamiento griego se ocupan del amor con una riqueza que llega firme hasta nuestros días: Sócrates, Platón y Aristóteles. En Platón, su esencia reside en el bien y la belleza. En Aristóteles, el amor establece una tensión entre el mundo afectivo y el deseo, nadie es invadido por el amor si antes no ha recibido el dardo incitador que procede de fuera. Al principio se encuentra ligado al placer, pero con la maduración y el paso de los años, asciende al grado de amistad.

El pensamiento cristiano aspira a una pureza mayor; la entrega y donación de uno mismo, sin condiciones. San Pablo culmina su célebre texto de “La epístola de los Corintios” diciendo: “El amor es paciente, es bondadoso, no tiene envidia, no es jactancioso, no es engreído, no es indecoroso, no lleva cuenta del mal, no se alegra de la injusticia, se alegra de la verdad...”

A través de las épocas, a lo largo de la Edad Media han circulado distintas corrientes, desde el amor cortés de la época de los trovadores, pasando por el mester de clerecía y de juglaría, hasta el amor caballeresco o el burgués o el platónico. A lo largo de todos y cada uno de ellos, con los matices propios de la adjetivación específica que acompaña al sustantivo amor, la mujer es exaltada, venerada, señora del corazón del hombre, que aviva sus andanzas y es centro sustancial de su conducta. Pero también es la mujer en la distancia. Se escamotea así la dimensión de la convivencia , que es una de las vertientes más difíciles de la realidad humana.

Es la idealización, el despliegue de los sueños. Los antecedentes están en “el arte de amar” de Ovidio y en “El Fedro” y “El Banquete” de Platón. Ambos se abren paso en el amor udrí de los caballeros árabes de la Edad Media y de la mística sufi. Un gran libro de ese tiempo pone de relieve esto: “El collar de la paloma”, de Ibn Hazm de Córdoba, publicado en el siglo XI, que no es otra cosa que un tratado sobre el amor y los amantes en la civilización musulmana, No es un sentimiento de renuncia lo que anida en sus conceptos, antes bien, desea todo lo que el amor puede dar... pero desde lejos. Habría que decir que así como la auténtica sensualidad es más hija de la distancia que de la cercanía, la mujer vestida es más atractiva que la desnuda, La envoltura de misterio sirve de imán y convoca, llama.

El amor renacentista toma como modelo la antigüedad clásica greco-latina y brota de aquella hermosa ciudad que fue la Florencia del Quatrocento, al amparo de los Medicis y la burguesía negociante, la grandeza de Leonardo da Vinci, la gesta de Galileo inventando el telescopio, Maquiavelo separando la moral política y Miguel Ángel reinventado la arquitectura y sus formas. Se entremezclan aquí el humanismo, el clasicismo, el paganismo y ese dejarse seducir por la magia del arte innovador. El amor es aventura, ruptura con las formas anteriores del medievo. El sentido de “La Celestina” planea y orienta lo que es el amor, así como el texto de León Hebreo: Dialoghi d´amore... esto culminará en el final del siglo XVI con “Romeo y Julieta”.

Amores barrocos. Corre el siglo XVII y el amor barroco está ahí, es recargado, complejo, retorcido, como esas columnas salomónicas que adornan las entradas de las catedrales. Descartes publica su libro “Les passions de l´âme”, a instancias de la princesa Isabel de Bohemia, en donde da esta definición: “percepciones o emociones del alma, que se refieren particularmente a ella y que son causadas, sostenidas y fortificadas por algún movimiento de los espíritus”. Disponen a la persona para querer y preparan la voluntad, Para el pensamiento cartesiano las principales pasiones son; la admiración, el amor y el odio, el deseo y la alegría y la tristeza. Pascal en su “Discours sur les passions de l´amour » dice aquello que se ha convertido en una sentencia célebre: “el corazón tiene razones que la razón desconoce”. Y establece su distinción entre L´esprit geométrique por un lado y L´esprit de finesse por otro.

Ciencia de los sentimientos.
El amor ilustrado entroniza la razón y la convierte en eje diamantino de la conducta. Hay una ciencia de los sentimientos vertebrada sobre la lógica: Diderot, D´Alambert, Holbach, Voltaire, Rousseau..., van abriendo camino en ese siglo sin poesía. “La nueva Eloisa” de Rousseau es el libro más emblemático en Francia en esta época.

Durante parte del siglo XIX reaparece el amor romántico: vuelta a los sentimientos apasionados, exaltación de las pasiones, dilatación inefable de la vida afectiva. Sthendal nos muestra unas lecciones magistrales en su libro “Sobre el amor” y su teoría sobre la cristalización del enamoramiento.

El siglo XX merece una mención aparte, que abordaré en otro momento. Los amores eólicos se inspiran en Eolo, dios del viento en la mitología griega, que guardaba sus tumultuosos elementos encerrados en una caverna. Cuando Zeus se lo ordenaba, se liberaban los vientos y desencadenaban tempestades, remolinos, naufragios, combinaciones inéditas, sorprendentes y variopintas. Estos amores están emergiendo en los últimos años en nuestra cultura. Voy a adentrarme en sus entresijos.

El mito es un fenómeno cultural que influye directamente sobre el pensamiento del hombre. Podemos definirlo así como la consecuencia de una serie de operaciones simples que configuran un concepto que señala los hechos de la experiencia. El mito es una leyenda simbólica que encierra una narración clásica cuyo fin es explicar alguna faceta de la realidad humana, dando respuesta a cuestiones profundas: su destino, sus amores, luchas y dificultades, derrotas y grandes alegrías e ilusiones.

La Odisea. Eolo es el dios de los vientos. Vive en una isla y en sus palacios habitan sus hijas. Celebra banquetes y se interesa por todos los detalles de la guerra de Troya. Antes de irse a ésta, encierra en odres todos los vientos. Recibió a Ulises y le dio las vasijas que estaban bajo su custodia. Solo una de ellas contenía la ráfaga que debía llevar al héroe directamente a su país. Pero en alta mar, los compañeros de Ulises abrieron todos los recipientes y, con este gesto desafortunado e irresponsable, provocaron grandes tormentas que hicieron zozobrar el navío.

Los amores eólicos brotan de vientos afectivos incontrolados, emergentes, que nacen sin gobierno y traen una nota fresca y novedosa, como una ventana de aire limpio que entra en una estancia cargada. Hay en ellos exploración, atrevimiento, capricho, deseo de conocer los entresijos de esa otra persona que circula por las cercanías y que invita a bucear en sus aguas, sin más limitación que las que imponga el guión sobre la marcha.

Meteorología de los sentimientos. Estos afectos traen céfiros de brisa, bocanadas juveniles, torbellinos que asciende a vendavales y que, en ocasiones, se elevan a tornados que lo mueven todo de su sitio y desencadenan verdaderas tormentas meteorológicas de los sentimientos. Todo es posible cuando uno deja de gobernar la vida afectiva. ¿Qué está ocurriendo hoy, que broma es ésta de que cualquier relación amorosa es cambiable, como las tarjetas de crédito que caducan periódicamente y que hay que sustituirlas por otras?. La estabilidad de la pareja está atravesando una profunda crisis, capilar y contagiosa, que amenaza con llevárselo todo por delante.

Para mí la respuesta hay que buscarla a través de los siguientes motivos:

-Esto traduce una profunda crisis de desorientación en el terreno de la afectividad. Estar desorientado quiere decir no saber a qué atenerse, no hacer pié y andar extraviado, perdido... en un tema tan decisivo, ya que la afectividad sirve de eje diamantino y centro de referencia.
-Refleja este comportamiento una cierta socialización de la inmadurez. Una sociedad finalmente convertida en adolescente. Movida, regida y vertebrada sobre la filosofía del me apetece. No hay reglas fijas. Lo importante es hacer lo que te pide el cuerpo y atreverse a ir más lejos de lo que nunca uno llegó a pensar. Exploración zigzagueante de las pasiones. Volar, ir y venir, diluir cualquier compromiso en la salsa de la permisividad y el divertimento. Igual que el adolescente cambia de pareja después de un amor de verano, el hombre de edad quiere recuperar una cierta juventud perdida saliéndose de la pista con una mujer mucho más joven que le descubre el paisaje de unos alisios boreales equívocos ponientes. Todo junto y a la vez. La novedad servida en bandeja.
- Todo descansa sobre un concepto emergente: la autenticidad. Hacer aquello que uno percibe y que va floreciendo, dejando de lado compromisos, deberes u obligaciones, palabras que suenan a rancias y que su moho produce un repelús que hace saltar los vínculos endebles y las relaciones vulnerables. Ceremonia de la confusión de lo que realmente deben ser los hechos.

Coherencia. Ser auténtico es ser coherente, procurar que entre lo que uno dice y lo que uno hace, exista una estrecha y adecuada relación. Auténtica es una persona insobornable, verdadera, que es realmente lo que aparenta, que tiene una línea de conducta legítima, que es legal consigo mismo y con los demás. Pero aquí el término es tomado de forma confusa, como alguien capaz de dar entrada a ingredientes inéditos por el solo hecho de que piden paso y llaman a la puerta e insisten con su presión. La personalidad se vuelve así cambiante, tornadiza, inestable, sin asidero, dispuesta siempre a abrirse a los vientos exteriores que reclaman pasillo. La plasticidad es amebiásica, diluyente, dispersadora, sin remitente y sin referente. Siempre dispuesta a una nueva aventura que refrigere el clima interior con una innovación aventurera.

Ya hemos dicho que la estabilidad de la pareja está atravesando una profunda crisis, capilar y contagios, que amenaza con llevárselo todo por delante. Para mí la respuesta hay que buscarla a partir de una serie de puntos. He aquí el cuarto punto que nos quedó pendiente:

Individualismo atroz. Es la ética indolora, incolora e insípida. Como dice Gilles Lipovetsky, estamos en la era del vacío. Época de las ideologías proteiformes. Todo es subjetivismo puro. Hay una distinción que quiero poner sobre la mesa y que me parece que abre una brecha precisa en el magma de este asunto: el hombre no es individuo, sino persona, son términos esencialmente distintos, el primero se cierra sobre sí mismo en un rodeo solipsista, que da vueltas circulares, el segundo es la interioridad, la realidad primaria y última, pero abierta a los demás en un doble juego de donación y recepción. Por eso el individualismo se aleja del auténtico amor y levanta un monumento a la emancipación postmoderna, tejida de indiferencia, consumismo e hipertrofia del yo.

El nacimiento. Los amores eólicos nacen de la entrada de vientos inesperados, en donde el carácter de novedad que rompe la monotonía tiene un punto fuerte y otro, en dos notas del pensamiento light; la permisividad y el relativismo, que conduce a alardes laberínticos llenos de sorpresas en donde las contradicciones mandan. Se produce una especie de panoramización, de zoom consumista de parejas intercambiables, en donde parece que asoma el listón del más difícil todavía. Los cuentos y andanzas que nos traen las revistas del corazón y sus adláteres, siempre nos sorprenden con sus vaivenes y entretienen ratos libres de muchas personas sin inquietudes. Leer para pasar el rato. Pero esas publicaciones se van colando, infiltrándose entre los entresijos del comportamiento social, cuyo efecto va siendo nefasto, disolvente, banalizando todo lo que encuentra a su paso.

Transparencia amorosa. Amores transparentes y frágiles como el cristal veneciano, que se roza enseguida y está pronto a resquebrajarse. Las negociaciones de la pareja eólica tienen un subsuelo: todo está preparado para la ruptura y, a su vez, no pasa nada si esto se produce, porque lo importante es hacer lo que te gusta y te parece bien y punto. Esto es lo que hay para muchas relaciones conyugales en Occidente, en este tramo final de siglo.

Algunos amores eólicos están hechos con materiales de derribo. Son relaciones sin pretensiones, hasta que duren, pero que hacen mejorar por la erosión que producen y el efecto demoledor sobre la biografía ... aunque al no haber análisis, ni síntesis, ni densidad de ideas afectivas, todo queda diluido en una visión relativista, que escamotea bucear en los sentimientos y que centra todo en el trabajo, que se convierte así en omnipresente.

Ha aparecido hace poco una recopilación de conferencias de Theodor Adorno titulada “Educación para la emancipación”- Para él, la pregunta ¿para que la educación?, se responde del siguiente modo: para conseguir una conciencia cabal, verdadera, que acerque a una mayor autonomía, en una sociedad tan plural, heteróclita y satisfecha de si misma y claramente neurótica, en donde las contradicciones están a la orden del día.

Educar sentimentalmente es enseñar cómo conseguir una mayor armonía entre la inteligencia, la afectividad y la motivación. Buscar la cuadratura del círculo emocional, para no naufragaren una cuestión tan decisiva como ésta. Los sucedáneos del amor vienen como consecuencia de la endeblez de ideas sobre lo que es este mundo oceanográfico de la pareja. Educar es convertir a alguien en persona, hacerlo libre, independiente, con criterio, para que sepa a qué atenerse y sea capaz de anunciar lo mejor en su propia vida y renunciar a todo aquello que brilla por un instante, pero que a la larga deja huérfano de humanismo y coherencia.

Por otra parte, los avances médicos e higiénicos de los últimos tiempos han facilitado un envejecimiento generalizado de la población lo que ha provocado la aparición de nuevos problemas. Las personas ancianas, muchas veces con sus capacidades físicas y psíquicas limitadas, son atendidas en la mayoría de los casos, en la propia vivienda familiar. Al margen de los cuidados profesionales, las atenciones, las atenciones del día a día suelen recaer en la madre, la esposa o las hijas. Obviamente, la dedicación continuada a estas personas puede pasar factura a la propia mujer, en forma de desgaste psicológico o corporal.

Otros problemas. Uno de los problemas más graves es la atención familiar sin contar con la ayuda permanente de un especialista, de aquélla personas que sufren demencia senil. Según un estudio realizado por Castellote, se calcula que en España hay casi medio millón de individuos afectados por este proceso degenerativo, y como ya se ha señalado, en la gran mayoría de los casos la atención llega de la propia familia, especialmente de la mujer. Se estima, además, que el 40 por 100 de ellos no cuenta con ningún tipo de ayuda.

Para terminar, y según lo dicho existen múltiples campos por explorar, estudiar, investigar y educar sobre la importancia y el protagonismo de nuestra salud. El mencionado seminario será una excelente iniciativa y una buena forma de encarar este asunto.

Educar es convertir a alguien en persona, hacerlo libre, independiente, con criterio, para que sepa a qué atenerse y para que sea capaz de anunciar lo mejor en su propia vida y renunciar a todo aquello que brilla por un instante, pero que a la larga lo deja huérfano de humanismo y coherencia. Lo dicho educar es cautivar con lo mejor por ejemplaridad, visión de futuro y sentido de la vida. Educar es seducir con la razón, dar argumentos lógicos, haciendo atractivo el esfuerzo por ascender a las cimas más altas a las que puede aspirar el ser humano.

En los amores eólicos esa posible educación brilla por su ausencia. Y es sustituida por un cierto elogio de la inestabilidad; el tema afectivo y por ende, el familiar, siguen el rumbo del viento que corre por las cercanías de ese individuo, que cada vez es menos persona. Exaltación de la recomposición del círculo familiar. A éste se le hace la cirugía estética una y otra vez, como no pasara nada. Transformaciones, cambios, giros, salidas de la pista y entradas en otra demarcación.... es el vértigo de un tiempo en el que se inflama el instante presente, sin mirar ni hacia atrás ni hacia delante.

En la tragedia “Hipólito” de Eurípides, los dioses dejan ciego a quien quieren destruir, para que no pueda captar la realidad. En los amores eólicos, al principio la visión de uno mismo es parpadeante, después viene un atasco de conceptos que embota y lleva a perder el norte, y, más tarde, todo estalla por unas costuras demasiado zurcidas.

Parejas. El drama está servido, por mucho que se quiera desdramatizar, En los países del norte de Europa empieza a ser muy difícil encontrar primeras parejas, casi todas son segundas y terceras. Y los hijos fuera de una pareja estable son más del sesenta por ciento. En Estados Unidos, es el país más importante del mundo por distintos conceptos, lleva que entre el 30 y el 40 por 100 de las parejas son ya de segundas a terceras o a cuartas.

Viene así a este espectáculo afectivo la llamada ética del naufragio, cuyo lema esencial: sálvese quien pueda. Los niños ping-pong van a tener una educación más difícil y un troquelado afectivo que va a necesitar de lecciones especiales. Niños, muchas veces desorientados, que cojean de una pedagogía correcta y que van a ser propensos a presentar trastornos psicológicos de diversa índole.

Comprender tarde es muchas veces no comprender. Saber y conocer lo que es la vida conyugal me parece primordial. No hacerlo es frivolidad, inconsecuencia, una de las más graves carencias que se pueden tener y que va a ir bajando por la baliza de una conducta voluble, trivial, ligera, vana, cambiante, sujeta a la versatilidad del momento.

Enrique Rojas Montes, psiquiatra

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