domingo, 27 de noviembre de 2011

Gaspar Melchor de Jovellanos

APLICÓ LA DOCTRINA DE SMITH A LA REFORMA AGRARIA
Jovellanos, el patriota más ejemplar
27 NOV 2011 | Santiago Mata.
Propuso eliminar las leyes que fueran más allá de proteger "la propiedad y el trabajo". Defendió que las costumbres y la autoridad no valen frente "al derecho más sagrado e inviolable, el de trabajar para vivir".
Hoy se cumplen 200 años de la muerte de Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811), ilustrado al que Federico J. Losantos calificó en 1997 como “el español por excelencia”, en un artículo donde aseguraba que “para el prócer asturiano España no era una nación que desconociera la libertad, ni que hubiera dejado nunca de luchar por ella en su larga y azarosa historia sino que esa libertad no estaba delimitada claramente en una Constitución sino que latía en las muchas instituciones que, a lo largo de los siglos, habían creado precisamente la nación”.
Gonzalo Anes, director de la Real Academia de la Historia, da en la entrada –aún no publicada– sobre Jovellanos en el Diccionario Biográfico Español, un ejemplo de la defensa de la libertad por el ilustrado, que en 1785 pedía que los gremios admitieran a las mujeres para que ejercieran “la libertad de trabajar que les había dado la naturaleza”, frente a la que no servían como argumento “la costumbre, la prescripción, la autoridad”. Los derechos de la libertad eran “imprescriptibles y, entre ellos, el más firme, el más inviolable, el más sagrado: el trabajar para vivir”.
Ley Agraria
El máximo exponente del pensamiento de Jovellanos es el Informe sobre la Ley Agraria, culminado en 1791, pero no enviado hasta 1794. En él, según Anes, Jovellanos aplicó las doctrinas de Adam Smith, pidiendo derogar las leyes que no protegían el interés de los agentes de la agricultura, ya que “sin intervención de las leyes”, había “llegado en algunos pueblos a la mayor perfección el arte de cultivar la tierra”. Bastaba con que las leyes protegieran “la propiedad de la tierra y del trabajo”, para lograr “infaliblemente” la perfección de la agricultura.
Revolución francesa
Para cuando Jovellanos expuso su liberalismo más anglófilo que afrancesado, ya la Revolución francesa había entrado en el camino de imposición de reformas a golpe de guillotina y bayoneta. El mismo Godoy –último valido moderno o primer dictador contemporáneo de España–, que le había hecho ministro, mandó encarcelar al ilustrado, por razones que no iban más allá de la camarilla de la reina María Luisa de Parma.
Aún le faltaba a Jovellanos dar su mejor muestra de ecuanimidad y patriotismo. Al ser excarcelado por Fernando VII tras el motín de Aranjuez y la abdicación de Carlos IV, pidió ser juzgado para probar su inocencia, y al impedirlo la marcha del rey a Bayona, no se aprovechó de la toma del poder por los franceses, sino que puso en juego vida y prestigio. Cuando por orden de Napoleón le pidieron que calmara el ánimo de los asturianos sublevados, Jovellanos respondió al ministro de Marina, Mazarredo: “La causa de mi país, como la de otras provincias, puede ser temeraria; pero es a lo menos honrada, y nunca puede estar bien a un hombre que ha sufrido tanto por conservar su opinión, arriesgarla tan abiertamente cuando se va acercando al término de su vida”.
Su último servicio fue formar parte de la Junta Central y apoyar la convocatoria de las Cortes de Cádiz.

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