jueves, 17 de noviembre de 2011

Fernando Sanchez Drago: A los 3 años sabía que quería ser escritor

Egografía
Es un personaje excesivo, hiperbólico, verborreico y literario que se crea a sí mismo. La persona que esconde el personaje es un enigma –¿un abuelo en zapatillas rodeado de gatos en una aldea soriana?–, pero lo que se ve es lo que cuenta. Dragó despliega un género literario: la egografía. Consiste en escribir sobre ti mismo todo el tiempo, en erigirte en tu personaje literario favorito. Dragó lleva haciendo esto desde joven, con éxito: acumula libros, admiradores y detractores (es que abre la boca y la lía). Personajes tan extemporáneos son la sal y pimienta de la vida social y libresca. Publica ahora Esos días azules. Memorias de un niño raro (Planeta): son 501 páginas sobre el Dragó niño y mozo.
Por qué fue un niño raro?
Nací póstumo. Mi padre, el más brillante periodista de su generación, fue asesinado por falangistas al comienzo de la Guerra Civil. Dormí con mi madre en el lugar de mi padre hasta que mi madre volvió a casarse. Y crecí rodeado de máquinas de escribir de mi padre. Y escribí.

¿Desde cuándo?
A los tres años proclamé que sería escritor. Quizá mi padre muerto se reencarnó en mí.

Muy novelesco.
¡Soy un buen personaje de novela!

¿Fabula con su vida?
"Construye tu vida tal como la contarás", dijo Gide. Y lo hago.

¿Escarceos con lolitas incluidas?
La vida es literatura, y yo soy el mejor protagonista de la gran novela que quiero vivir.

¿Por qué escribir?
El arte arranca en aquel punto en que vivir no basta para expresar la propia vida.

Cuente un trance novelesco de joven.
Encarcelado por comunista, me casé en la cárcel de Carabanchel con la chica que venía a visitarme. ¡La lujuria me ha podido!

¿Todavía hoy?
Ya sólo un día por semana: me acicalo y salgo a cazar gacelas, con una petaca de whisky y mi pastilla de Cialis en el bolsillo. Pero no siempre hay captura, ¿eh?

¿Y qué opina Naoko, su mujer?
Ella me ayuda: me perfuma, me atusa...

Mira qué bien...
¡Soy el marido ideal! No me enfado nunca, soy buena persona, divertido... Lo único es que soy infiel sexualmente. Pero ni ella ni yo somos celosos: si sientes celos, no amas.

¿Nunca ha sentido celos?
Los he padecido muchísimo: todas mis separaciones fueron por eso. Sobre todo cuando Montse, una de las siete parejas estables que he tenido, me la pegó con mi hijo mayor, por entonces veinteañero.

De tal palo, tal astilla, veo...
Nos hicimos daño. Ya nos hemos perdonado. Pero juré no volver a sentir más celos.

¿Algún consejo para celosos?
Dale toda la libertad a tu pareja... y dejará de engañarte.

¿Qué tiene Naoko que no hayan tenido sus anteriores mujeres?
Es japonesa.

Señale un momento estelar de su vida.
Mi descenso al río Ganges, en Benarés, al alba: volví transformado, dejé de ser un intelectual occidental progre, felizmente.

¿Qué tiene contra los progres?
Es una de las infinitas formas de ser estúpido eso de querer que la realidad se adecue a tu pensamiento.

¿Incluye ahí a los indignados?
Estar indignado es estúpido: no conduce a nada. Quizá a la guillotina, como en la Revolución Francesa. O al bolchevismo o a las camisas pardas hitlerianas, también asambleístas. ¡El asambleísmo es enemigo de la democracia! Ya lo denunció Sócrates.

Contra indignación, ¿qué propone?
Escribiré mi trilogía de panfletos: Resignaos, uno. Divertíos, dos. Y Sonreíd, tres.

Pero resignarse... es triste, ¿no?
¡No! Es que te parece bien lo que sucede. A mí me ha parecido todo bien: me gustó ir a la cárcel (así era un héroe y ligaba más), me gustó exiliarme (así descubrí el mundo...).

¿Cuál es su lema?
"Nada importa nada", de los presocráticos. Otro es de Jung: "La vida no vivida es una enfermedad de la que puedes morir". Y este otro: "Solidario, no: solitario".

¿De qué se arrepiente?
De no haberle pedido el teléfono a Lola.

¿Quién es Lola?
Una criada en casa, cuando yo era mocito: ella me desasnó sexualmente. Y mis padres la despidieron. Años después me topé con ella: era prostituta de lujo y se alegró mucho de verme, vino a mí... y yo me alejé.

¿Por qué?
Metido en la lucha antifranquista, me esperaba en ese local Federico Sánchez (Jorge Semprún clandestino), y no quise comprometer la cita. ¡Gran error! Mi vida hubiese cambiado, hubiese dejado antes el aburrido comunismo y lo hubiera pasado mejor.

¿Qué visión tiene hoy del franquismo?
El mundo era por entonces más libre que hoy, que lo tenemos todo regulado y reglado. Vivimos en una sociedad del control.

¿Qué le parece el cierre de ETA?
¿Golpe de efecto de Rubalcaba en víspera electoral? Quién sabe... ¡Y defiendo el derecho de autodeterminación de los pueblos!

No piensan así los suyos, los del PP.
Yo no soy de nadie. Pero, por mal que lo haga Rajoy, ¡lo hará mejor que Zapatero!

¿Algún contencioso con Zapatero?
Sin él me sentiré menos acosado: me echó de TVE, donde hacía Negro sobre blanco.

¿Volvería usted ahora a TVE?
Estoy bien en Telemadrid... pero no lo descarto. Llevo ya 35 años haciendo programas de libros en televisión.

¿Qué espera de la vida?
No morir hasta terminar mi obra literaria, y aún me queda: tengo mucho por hacer.

¿Algún proyecto?
Fundaré un hospital de gatos. Son mis maestros: no entienden la sumisión, están a la vez alerta y en reposo y velan el sueño de los niños. ¡Europa existe gracias a los gatos!

¿Por qué?
Los gatos cazaron las ratas que transmitían la peste negra: sin ellos no estaríamos aquí.

¿Qué ha aprendió a sus 75 años?
Que no se puede aprender nada.

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