jueves, 8 de septiembre de 2011

Mein Kampf: Un libro que hace historia

Hace unos meses busqué en las librerías de Barcelona Mein Kampf, el famoso libro escrito por Hitler. No hay edición a la venta. Finalmente di con un ejemplar en una librería de viejo, aunque el año de edición sea el 2003, una versión incompleta y con sello editorial enigmático. Todo muy extraño: por lo visto, la distribución del libro está prohibida en España. ¿Por qué?

A las pocas semanas se publicó en castellano el excelente libro de Antoine Vitkine, Mein Kampf. Historia de un libro (Anagrama, Barcelona, 2011). Se trata, efectivamente, de un estudio sobre la génesis, doctrina, papel político e influencia hasta la actualidad de la biblia nazi, tal como fue denominado. Tras su lectura, aumentó mi interés por conocer el libro de Hitler en edición rigurosa y completa: no creo que pueda entenderse cabalmente aquel trágico periodo de la historia alemana sin leer de primera mano las ideas que el dictador sostuvo ya en los comienzos de su carrera política.

Como es sabido, el Mein Kampf fue escrito por Hitler en la cárcel de Landsberg, cercana a Munich, tras ser condenado en 1923 por un intento de golpe de Estado. Allí permaneció poco más de un año. A mediados de 1925 se publicó una primera versión de la obra y poco después un segundo volumen. Al refundirse en 1930, resultó al final un grueso volumen de 700 páginas que pronto se convirtió en un best seller. En 1932, antes del acceso de los nazis al gobierno, se habían vendido ya 230.000 ejemplares. Al final de la guerra, las ventas en Alemania habían llegado a los 12 millones. Hitler, que renunció al sueldo de canciller en un gesto demagógico, vivió el resto de su vida, muy cómodamente, de sus derechos de autor.

Mein Kampf (mi lucha) es una mezcla de autobiografía y de panfleto político, sin ninguna idea original, escrito en un estilo directo y claro, que respondía a las inquietudes de muchos alemanes de aquella época. Vitkine sostiene que el libro tuvo una importancia decisiva en la ascendente carrera de Hitler dentro del movimiento nacionalista. Después suministró todas las ideas fuerza de la propaganda hitleriana y, además, en sus páginas está implícito el programa que se aplicará tras el acceso al poder en 1933. Por ello, según Vitkine, fue un gravísimo error menospreciar Mein Kampf, considerarlo una obra radical de juventud en la que se exponían ideas que se atemperarían al ejercer el gobierno. Al contrario, el plan trazado en el libro se cumplió hasta en sus más mínimos detalles. Como dijo Churchill, el único gran político que caló a Hitler de inmediato, "allí (en el Mein Kampf) estaba todo". Nunca hay que subestimar los proyectos fanáticos, pueden hacerse realidad.

Para comprender su influencia hay que tener en cuenta las condiciones históricas del momento de publicación. Alemania había perdido la guerra del 14 y el nacionalismo se vio reforzado por el deseo de revancha, su economía se encontraba maltrecha en parte debido a las incumplibles condiciones que impuso el tratado de Versalles y el sistema político de la República de Weimar se mostraba ineficaz. Ante tal situación, no es de extrañar que muchos alemanes se mostraran receptivos a un partido nacionalista extremo que buscara un enemigo interior –y lo encontró en judíos y comunistas–, justificara la expansión exterior, incluso mediante una guerra, con tal que le solucionara sus problemas y, al fin, para todo ello, necesitara una dictadura, es decir, un sistema político antitético a la República de Weimar.

No todos los alemanes, sin duda, pensaban así, pero pocos, muy pocos, tuvieron el coraje de enfrentarse a la brutal destrucción de las instituciones democráticas y al colectivo lavado de cerebro que Hitler y los suyos emprendieron nada más llegar al poder. Además, amplias capas de la población, sin ser propiamente nazis, participaban de sus ideas nacionalistas, racistas, antisemitas y antidemocráticas. Siempre lo cómodo es no significarse, no alzar la voz. Sebastian Haffner lo explica de forma diáfana en Historia de un alemán. Pero a veces la comodidad acaba en tragedia. Los sentimientos de culpa que después de la guerra sintieron muchos alemanes estaban justificados: en ocasiones, es ciego sólo aquel que no quiere ver. Así, se ignoró la doctrina expuesta en Mein Kampf. Quizás pocos, aunque lo hubieran comprado, leyeron el largo y pesado libro de Hitler. Pero sus ideas centrales penetraron en los cerebros alemanes por la machacona propaganda del régimen. Hay que tomarse en serio las ideas y las palabras: el populismo, cuando está respaldado desde el poder, es siempre peligroso.

Sin embargo, casi cien años después de haber sido escrito, es absurdo que se intente prohibir el libro de Hitler, como intenta hacer el Gobierno de Baviera, propietario actual de sus derechos de edición. Para tomarse en serio unas ideas primero hay que conocerlas. Como dice Vitkine, prohibir Mein Kampf no sirve de nada, precisamente la ideología que contiene, por absurda y disparatada, es su propio antídoto. Debería, pues, estar disponible, en edición completa y anotada, en nuestras librerías.

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