viernes, 23 de septiembre de 2011

Antonio Damasio destaca la Importancia de Las Emociones

Mi alma es una orquesta oculta;
no sé qué instrumentos tañe o rechina,
cuerdas y harpas, timbales y tambores, dentro de mí.
Sólo me conozco como sinfonía”.
Fernando Pessoa. El Libro del Desasosiego.

Fui a Lisboa, entre otras cosas y sin saberlo, en busca de Bernardo Soares. Ese tímido e inane personaje se dedicaba a la contabilidad en un pequeño negocio, mientras llevaba, infeliz y lúcidamente, la cuenta de sus límites como ser humano.
Bernardo bien pudiera haber existido, teniendo una vida propia e independiente. Pero todo lo que tenemos realmente de él son una gran cantidad de fragmentos escritos por un poeta, Fernando Pessoa, agrupados por diversos eruditos de diversas formas en el llamado, en sus distintas versiones, Libro del Desasosiego.

El poeta vivió en Lisboa su corta vida, entre el siglo XIX y el XX. Esta ciudad, cuya faz apenas se ha transformado desde que Pessoa recorriera sus calles, ha sido también la cuna de otro sabio eminente, de nombre António Damásio (en adelante sin las tíldes de la grafía portuguesa).

Damasio, dedicado a la ciencia médica, no parecería en principio el mejor candidato para conmover las almas de las gentes, ni para hacer una introspección metafísica fértil. Durante muchos años , las ciencias y las humanidades han permanecido separadas, pareciéndole a cualquiera que contemplase sus respectivos dominios tan aisladas e impermeables la una a la otra como el agua y el aceite.

Pero el estudio de la historia del hombre, más allá de las civilizaciones y las culturas, en lo que tiene de anterior, de natural, y el de su mente, más allá del discurso racional con el que justifica superficialmente su actuar en el mundo, ha llevado a la ciencia a penetrar los dominios de las humanidades, subterráneamente. Llegado un punto solo había que ascender hasta llegar a las emociones, los sentimientos, la consciencia, el simbolismo, el lenguaje, el arte, la religión o la filosofía.

La ciencia tiene que explicar cómo las cosas van de abajo arriba. Antonio Damasio ha hecho aportaciones fundamentales al entendimiento de cómo el alma emerge desde lo profundo del cuerpo, de cómo la sinfonía del alma puede sonar gracias al tañir y rechinar de los instrumentos evolucionados en nuestro cerebro, exquisitamente imbricados entre sí y con el resto del organismo del que forman parte.

Además de realizar una investigación médica rigurosa con pacientes neurológicos, ha escrito algunas obras maestras del ensayo como El Error de Descartes, El Sentimiento de Sí o En Busca de Spinoza.

Frente a la poética pessoana, que plasma en una serie de imágenes simbólicas el fluir de la mente del poeta, tenemos la poética de la neuroimagen funcional de Damasio que, sin abandonar el recurso pessoano, contempla el paisaje vivo de la mente humana en movimiento, a través de una sucesión de instantáneas de la actividad cerebral de personas tanto sanas como enfermas del alma.

En El Error de Descartes nos revela la sorprendente transformación del disciplinado y moralmente irreprochable Phineas Gage, trabajador del ferrocarril estadounidense del siglo XIX, en un ser depravado e impulsivo. El paso de Doctor Jenkyl a Mister Hyde no se debió al consumo de ninguna misteriosa pócima: una barra de metal atravesó su cerebro por el lóbulo frontal, afectando a sus funciones ejecutivas, tras explosionar demasiado pronto una carga de pólvora que estaba compactando. Después del aciago accidente Phineas Gage sufrió un cambio de personalidad que con toda justicia ha pasado a los anales de la medicina.

Descartes cometió más de un error. Sin señalarlos deliberadamente, Damasio va exponiendo los casos de distintos pacientes neurológicos en los que queda de manifiesto cómo nuestras emociones guían, ora entre bastidores ora entrando en escena abruptamente, nuestro actuar y nuestro cavilar en el mundo. Disponemos, en nuestra dotación de serie evolutiva, de un marcador somático, de un mecanismo a través del cual nuestras funciones superiores reflejan sutilmente lo que sucede a una escala bioquímica, fisiológica y visceral.

Del mismo modo que Descartes erraba de plano en lo que a la relación entre nuestra mente (nuestra alma) y nuestro cuerpo se refiere, cual si los instrumentos de una no estuvieran en el otro, Baruch Spinoza, acertó al señalar precisamente esa unión indisoluble del alma al cuerpo, siendo la primera un afán perpetuador del segundo. La indagación en su Ética condujo a Damasio en Busca de Spinoza.

El Doctor Damasio ha tenido la amabilidad de responder unas preguntas para nosotros. José María Guardia las puso en un correcto inglés. Marzo tradujo al castellano las respuestas.

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