martes, 13 de septiembre de 2011

Enrique Rojas: La importancia de Luchar

Hombre de discurso meditado, casi aprendido a fuerza de repetirlo a sus pacientes, Enrique Rojas tiene claro que en la vida lo que cuenta no es el éxito fugaz e inmediato sino la constancia, el orden, la voluntad la joya de la conducta y la motivación, que potencian la inteligencia.

¿Con la que está cayendo se puede ser optimista?
El optimismo es un realismo ascendente, que mira hacia delante. Una forma positiva de contemplar la realidad, que no desconoce la dureza del momento, pero tiende a darle la vuelta a los argumentos. El pesimismo goza de un prestigio intelectual que no merece.

¿Adaptarse a la situación o rebelarse?
Una combinación de ambas. Adaptarse es tener los pies en la tierra y rebelarse no perder la esperanza. La falta de esperanza produce melancolía, apatía y tristeza. Es bueno tener los pies en la tierra, evaluar la realidad y proyectarse hacia delante.


¿Cuál es el secreto de la felicidad?
Es fundamental saber que todo está en el cerebro, incluso la felicidad, que es una forma de mirar a la realidad. No depende tanto de la realidad, sino de la interpretación que uno hace de ella. No te rindas significa darle la vuelta a la realidad con la cabeza. No se puede cambiar la pobreza o la falta de trabajo, pero sí tus argumentos de cara al futuro. Eso fue lo que hicieron por ejemplo Tomas Moro, Mandela o Solzhenitsyn, que a pesar de vivir privados de libertad sentían una felicidad grande porque luchaban por sus ideales.

¿El cerebro del optimista se diferencia del pesimista?
La persona optimista produce cambios positivos en los neurotransmisores cerebrales, que son fundamentalmente dopamina, serotonina y noradrenalina. Estas tres sustancias están más activas en el cerebro de los optimistas.

¿Una pastilla o psicoterapia?
Las dos cosas. Creo en la farmacoterapia con moderación y juicio. Y la psicoterapia me parece magistral. Permite cambiarle a una persona insegura y con baja autoestima los esquemas mentales y enseña a superar las heridas del pasado. Yo hago una psiquiatría ecléctica, una mezcla de lo biológico (farmacoterapia), lo psicológico, lo sociológico y lo laboral. La psiquiatría es la suma de todo ello. Gran parte de la Psiquiatría europea practica solo la farmacoterapia: medicación, medicación, medicación. Y esa es una psiquiatría corta, chata, pobre. Pensemos en lo importante que es la psicoterapia, que nace con Freud y tiene tanta fuerza.


La psiquiatría incorpora cada vez más la psicoterapia...
En mi consulta utilizamos la psicoterapia cognitivo-conductual. Cognitivo significa cambio de esquemas mentales, que nos ayuda a modificar lo que pensamos sobre la realidad. Y conductual porque esto se refleja en el comportamiento. El único medicamento que no aparece en el vademécum es la figura del médico, que cura con su presencia, lo que enseña, lo que escucha...


¿Efecto placebo?
No, efecto clínico, porque la figura del psicoterapeuta es decisiva.


¿Qué opina de que la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias (LOPS) haya dejado fuera a los psicólogos?
Me parece un error porque los psiquiatras les debemos mucho a los psicólogos, tengo que decirlo así. Nos han enseñado mucha metodología de investigación y exploración del paciente. La psicoterapia es cara y requiere tiempo y el sistema sanitario no dispone de ellos. Pero creo que habría que hacer una contemplación distinta porque la psicoterapia es fundamental.

¿Se cumplen las previsiones de la OMS en cuanto al aumento de la depresión?
En este momento la segunda causa de baja laboral en la Unión Europea es la depresión. Hace veinte años una baja por depresión sorprendía, hoy es muy normal.


¿Hay alguna novedad para abordarla?
Acaba de aparecer la resonancia magnética transcraneal, del español Álvaro Pascual-Leone, de Harvard. Otra, la estimulación del nervio vago con electrodos. Ambas técnicas curan sin pastillas depresiones agudas que no responden a fármacos.

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