lunes, 15 de noviembre de 2010

Educación para el talento, de Jose Antonio Marina

Educación para el talento, de Jose Antonio Marina (filósofo y pedagogo)
La OCDE publicó en el 2002 un documento titulado “Comprendiendo el cerebro. Hacia una nueva ciencia del aprendizaje”, en el que se afirmaba que la educación estaba en un periodo “precientífico”, y que era necesario elevarla a un estado científico”.
La capacidad de aprender se basa en la plasticidad del cerebro. Hasta hace relativamente poco, se creía comúnmente que el cerebro adulto era incapaz de cambiar. Entre los científicos cerebrales estaba muy arraigada la suposición de que tras los primeros años de vida el cerebro estaba provisto de todas las células que llegaría a tener y que la edad adulta representaba una espiral descendente de pérdida de células cerebrales y deterioro en el aprendizaje, la memoria y la ejecución en general. Sin embargo, las investigaciones están comenzando a poner de manifiesto que esta idea sobre el cerebro es demasiado pesimista: el cerebro adulto es flexible, puede hacer que crezcan células nuevas y establecer nuevas conexiones, al menos en algunas regiones del hipocampo. Aunque con el tiempo la información nueva se guarda cada vez con menos eficiencia, no existe límite de edad para el aprendizaje. La plasticidad del cerebro depende fundamentalmente de cuánto se usa.


Foto: Mattias Heiderich

El cerebro del niño tiene una gran plasticidad. Se está construyendo a sí mismo de acuerdo con mensajes genéticos, y de acuerdo también con las experiencias que recibe. Por eso debemos aprovechar bien estos primeros años, que tienen una importancia decisiva. Sin embargo, esa plasticidad nunca se pierde, por eso podemos seguir aprendiendo durante toda la vida. No lo olviden: cada vez que aprendemos algo, nuestro cerebro cambia. Mediante la experiencia esculpimos nuestro propio cerebro.
El cerebro de un niño es la realidad más admirable y creativa del universo. Eso debe maravillarnos y hacer que nos sintamos orgullosos y optimistas.

Competencia a desarrollar en los padres

Conviene que tengáis presente, a lo largo de toda vuestra vida, no sólo para vuestras tareas educativas, sino también para vuestro desarrollo personal, que la inteligencia humana no es don recibido genéticamente e inamovible. Es una posibilidad a desarrollar mediante el aprendizaje. Siempre se puede mejorar.

La inteligencia tiene un componente cognoscitivo y un componente emocional. ¿Qué quiere decir esto? Que no se trata sólo de saber muchas cosas, sino de adquirir un estilo afectivo, emocional, que favorezca la capacidad de vivir felizmente y de enfrentarnos con los problemas. De nada vale que una persona sepa muchas cosas y razone muy bien, si después está muerto de miedo y no se atreve a poner en práctica lo que ha pensado.

Le recordamos que el niño nace con un organismo genéticamente condicionado, a partir del cual, gracias a la educación y a la experiencia, irá configurando su propia personalidad. Esa es la tarea que tendrá que realizar, y vosotros váis a ayudarle poniendo unos buenos cimientos. Os recordamos que nuestra personalidad –la de todos- tiene tres niveles:

- Personalidad recibida, genéticamente condicionada = temperamento + sexo + capacidades orgánicas básicas.
- Personalidad aprendida = carácter, es decir, conjunto de hábitos aprendidos
- Personalidad elegida = el plan de vida que hacemos a partir de ese carácter.

¿Los genes determinan nuestra inteligencia o nuestra conducta? No. Los genetistas conductuales calculan que sólo más o menos la mitad de la variación en muchos rasgos socológicos guardan relación con los genes.
Ademas, los genes pueden variar en función del medio. Hay razones para pensar que la mente está equipada con una bateria de sentimientos, impulsos y facultades para razonar y comunicarse, y que tienen una lógica común en todas las culturas, son dificiles de eliminar o de rediseñar a partir de cero, fueron configurados por la accion de la selección natural en el transcurso de la evolución humana y deben algo de su diseño básico (y algo de su variación) a la información presente en el genoma.

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