sábado, 18 de febrero de 2012

Domenech Biosca: No hacer daño

Humor y simpatía
Tiene 26 libros publicados y más de 2.000 artículos, da conferencias sobre cómo crear paraísos turísticos; sobre empresa y familia ("El liderazgo, la inteligencia y la generosidad no se heredan vía bragueta. No hay que confundir una empresa con un reinado"). Y a políticos turísticos: "En el mercado de oferta tiene que haber un sola caja, recursos públicos y privados que hagan juntos la promoción de una sola marca". Cuando se separó, firmó un papel en blanco porque no quería pelearse con la persona que había querido. El éxito en la vida, dice, consiste en gestionar bien las emociones, y las herramientas más útiles son el humor y la simpatía. Doy fe de que él hace buena gala de ambas.
Doscientos días al año fuera de casa.
Sí, ¡es apasionante dormir en cama ajena!

Ya veo que es usted un raro.
Me gusta la gente, pero me sorprende la fuerza de la cultura del no, que acaba paralizándolo todo. El cambio es muy difícil de aceptar. La gente aún cree que estamos en una crisis y no en un cambio profundo.

¿Qué hay que desaprender?
El querer pasar la vida haciendo fotocopias, repitiendo y pensando cada día lo mismo.

¿Cómo se vende el paraíso?
Despertando las emociones. Antes la gente iba de vacaciones; ahora quiere ser feliz de vacaciones. Hemos pasado del estar al ser.

¿Qué significa eso?
Antes, lo primero que reservábamos era el hotel, luego el transporte y, por último, las actividades, las emociones, lo que uno quiere vivir. Ahora el orden se ha invertido.

¿Lo importante es el contenido?
La marca, que es consecuencia de los contenidos. Hay que hacer promociones conjuntas para crear una marca, pero cuesta.

Condición humana.
Y rechazan lo nuevo. Las redes sociales son esenciales para el turismo, las opiniones de usuarios que corren por la red te pueden hundir un establecimiento. Hoy la gente se ha convertido en reportera de sus vacaciones. Este es el gran cambio.

Bienvenido.
El otro gran cambio son las ventanas tecnológicas de reservas, de manera que el ranking de los hoteles lo establecen las opiniones de los clientes.

Usted empezó como animador.
Sí, en Benidorm. Descubrí que sin ocio no hay negocio, y que hay mucha soledad. Esos destinos que aglutinan a mucha gente triunfan porque son los paraísos de los solitarios.

Hay mucho abusos de temporada: un vuelo en agosto multiplica su precio.
Es terrible, da a quienes lo hacen imagen de piratas. El cliente valora su ida a Eivissa por el conjunto de buenas imágenes, y esas cosas te destrozan la marca.

También se dedicó a reconvertir empresas en crisis. ¿Qué aprendió?
Si los afectados no encuentran una buena salida al cambio, te lo bloquean. Una reconversión lenta que dé seguridad a las personas es más eficiente que una reconversión rápida. Y pude vivir el sufrimiento de los que se quedan sin trabajo. Hoy, una de mis obsesiones es ayudar a los que tienen problemas en la empresa.

¿Y cómo lo hace?
Si un colectivo se pone en marcha para ayudar a un compañero con problemas, no sólo es efectivo, sino que implanta valores, destapa la generosidad de las personas.

Deme algún ejemplo.
Mujeres solas a las que no les llegaba el sueldo las incluí en el economato para que pudieran comprar a precio de coste, y también creé pequeñas guarderías para los empleados. Sólo quien cree crea. El que cree en los valores los crea y los contagia.

¿Y los empleados que le sobraban?
Los formaba en otros oficios para recolocarlos. Hoy es básico que la gente tenga polioficios. El patrimonio de una persona no es su puesto de trabajo, sino sus oficios. Hay que ser empleable, no empleado, y hay que explicárselo a los jóvenes, que se formen. Si tu único patrimonio es un oficio, el día que deja de ser útil te quedas colgado.

Buen consejo.
Debemos aprender que el éxito está dentro de nosotros mismos y que el espectador acaba en el fracaso, porque estamos en un entorno que nos arrastra a todos.

Las buenas intenciones no siempre fructifican.
Un día de Navidad me quemaron la puerta de casa. Entonces, la madre de mis hijos me dijo que o cambiaba de oficio o me dejaba.

¿Siguió con el oficio?
Sí, y me convertí en papá y mamá de dos niños de siete y cinco años. Y fue fantástico: nunca más me sentí solo y viví lleno de alegría. Aprendí la paciencia y el diálogo.

Ahora se dedica a explicar todo lo que ha aprendido.
Sí. Por ejemplo, que si el trabajo no levanta ilusión, es un lastre para todos; que la gente ha de tener incentivos, y que no se trata sólo de dinero.

¿De qué se trata?
De flexibilidad horaria, de un entorno laboral agradable, de la libertad de poder opinar, de recompensar ideas que generan negocio. Se trata de cómo hacer que la gente se sienta útil y valorada. La suma de pequeños valores hace la excelencia.

Se separó a los 33 años.
Y volví a casarme a los 60. Muchas parejas son campeonas de equilibrio en la punta de la cama, hay mucha soledad en compañía y poca reflexión autocrítica. La proximidad generosa es un arma fantástica. Creo que cuando las cosas te salen bien en tu vida personal o en tu profesión... has de explicarlo, contar que hay alternativas para ser feliz.

¿Usted lo ha conseguido?
Valorar que no puedes herir ni machacar a otro forma parte del éxito. Hay que controlar las emociones. Yo me he prohibido a mí mismo hacer daño a los demás y me he comprometido en intentar ayudar a todos los que pueda. La herramienta que abre la relación con los otros es transmitir buen humor. Eso crea tu marca. De hecho, nos enamoramos de quien nos hace sonreír.

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