lunes, 20 de febrero de 2012

Arturo Eduardo Agüero: Las Emociones que nos enferman

TÍTULO: LA EMOCIONES QUE ENFERMAN
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AUTOR: EDUARDO AGUERO, ARTURO
ISBN/EAN: 9788492981335
PRECIO: 16,00 € - 5% = 15,20 € (TODOS NUESTROS PRECIOS INCLUYEN EL IVA)
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Trastornos psicosomáticos y autodestrucción

¿Por qué sufrimos?
¿Qué males provoca el estrés?
¿Cómo decodificar el lenguaje del cuerpo?
¿Cuáles son las emociones que nos enferman?
La ira, el odio, la sobreadaptación y el conflicto son factores de producción de muchas dolencias.
Las enfermedades autoinmunes como el cancer y el Alzheimer también manifiestan en su historial previo una gran carga emocional.
El Dr. Agüero explica, en un lenguaje simple y preciso, cómo se gestan las enfermedades psicosomáticas, describe sus componentes emocionales y define estrategias eficaces para prevenirlas y tratarlas.
El libro incluye una lista de síntomas psicosomáticos y otra de enfermedades por autodestrucción.
Dr. Arturo Eduardo Agüero
Médico egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Egresado de la Residencia para Médicos Psiquiatras del Instituto Nacional de Salud Mental. Especialista en Psiquiatría, título otorgado por el Ministerio de Salud Pública en 1983. Docente de la Cátedra de Psicopatología, Facultad de Psicología, U.B.A. Médico de la Sala de Admisión y Consultorios Externos del Hospital Nacional José T. Borda. Director del Hospital
Nacional Neuropsiquiátrico Diego Alcorta en Santiago del Estero. Jefe de Equipo de Psicopatología del Centro Integral de Nefrología y Trasplantes (CINT DAOMI). Como investigador presentó numerosos estudios dentro del campo de la Psiquiatría General y de la Psicosomática, de esos trabajos surge su primer libro.

***

Escala
Escalera
Escuela
Esqueleto

Escala y escalera, para el aprendizaje.
Escuela de una implacable sabiduría.
O tan sólo estructura y soporte de un brevísimo tiempo de vida.
A través de estos cuatro tiempos, el hombre advierte que lo que no pueda resolver desde la autoconciencia, el cuerpo lo hablará primero con síntomas que son gestos y luego con enfermedades.
La enfermedad es un profundo, enorme discurso de nuestro cuerpo, que -entre el silencio de la concepción y el silencio de la muerte- no cesa de hablar incansablemente buscando el equilibrio.
La palabra, que es sonido, que es sistema, que es signo, es también información acústica que nos trae con ella el desde dónde nace y el qué la hace nacer.
Las palabras traen remanencias de los sentimientos que las han engendrado y siempre revelan, nos revelan. Y a veces se rebelan contra nosotros que las pronunciamos.
Sin la palabra no hay fundación del ser.
Al llegar a la vida, al mundo, está el grito-palabra. Y al morir, la muerte es lo que es porque, al robarnos de pronto todas las palabras, nos torna invisibles.
Rocío DOMÍNGUEZ MORILLO
PALABRAS INICIALES

Hace unos cuantos años, con un amigo y compañero de guardias al que apodábamos humorísticamente «el Cura», recorríamos los viejos pabellones de un hospital psiquiátrico con una consigna un tanto singular: encontrar, en las historias clínicas de los pacientes interna-dos, el cáncer. Al menos algún cáncer.
Ahora que vuelvo mi mirada hacia esos años, nos veo como no-veles detectives que buscaban la pista para descifrar un enigma. In-tentábamos confirmar una premisa un tanto desafiante que el propio «Cura», una lluviosa tarde de mayo, me había revelado: «El cáncer es un suicidio a nivel celular». «¿Y eso? -le pregunté-. ¿Qué quieres decir con eso?» «Muy simple. Aquí los enfermos, en cierto modo, están suicidados mentalmente... entonces en ellos no existe el cáncer.»
De golpe me vi asediado por esta frase, que todavía tengo frente a mí. Después, nuestros caminos se separaron y seguí solo con la ta-rea y la inquietud que en un comienzo compartimos.
Empecé por enfocar las enfermedades mentales más serias -esquizofrenia, demencia, psicosis maníaco-depresiva, trastornos bipolares- y comprobé que, en su mayoría, quienes las sufrían no padecían cáncer ni otras enfermedades orgánicas graves; cuando lo hacían era porque habían mejorado notablemente de su enfermedad mental. Más tarde entendí que esto no es una regla fija y terminante. Es sólo una tendencia que tienen los enfermos mentales a no padecer cáncer. Una llamativa y persistente tendencia.
Después pasé de aquellas enfermedades psicológicamente destructivas a las más leves, como las neurosis, que son las que en una u otra medida aquejan a casi todos los seres «normales». Enseguida me topé con las enfermedades que la medicina llama psicosomáticas y con otras que deja fuera de ese rótulo porque no las considera de origen psíquico, sino puramente orgánicas: la diabetes, la hipertensión, la artritis reumatoidea y el propio cáncer, por nombrar sólo algunas.
En las salas de varios hospitales y del antiguo sanatorio Güemes mantuve contacto con pacientes afectados por enfermedades clínicas (no mentales) de todo tipo. Les hice preguntas sobre su enferme-dad orgánica y me interesé por su vida, sus proyectos, sus esperan-zas, sus sueños... Así fui construyendo y recopilando historias.
Además, leí con cierta avidez lo que reconocidos investigadores en esta rama de la medicina y de la psiquiatría han publicado sobre las enfermedades psicosomáticas. Procuré -como seguramente antes lo hicieron ellos- desmenuzar sus teorías, comprobarlas y dar, con este libro, un paso más allá.
SUICIDIO Y AUTODESTRUCCIÓN

Mientras transitaba por ese paisaje hospitalario-sanatorial poblado de enfermedades y de enfermos -y de muertos por esas enfermedades-, siempre tuve presentes las palabras de mi amigo «el Cura». Y, al estudiar los caminos que llevan a la muerte física y a la parálisis y destrucción de órganos y procesos vitales, estudié, asimismo, las similitudes y diferencias entre el suicidio y la autodestrucción.
Si con el propósito de distinguirlos hubiese que poner de relieve una sola particularidad de cada uno, habría que ubicar el suicidio -el hecho de darse muerte por mano propia- en el campo de una modalidad predominantemente consciente. Esto no significa dejar de lado el gran componente de lo inconsciente que subyace en todoactuar consciente. Pero sí que en el suicidio «típico» prevalece la ver-tiente consciente.
De la autodestrucción, en cambio, podríamos decir que es un proceso que se desarrolla en la vertiente inconsciente y que, además, afecta al cuerpo humano de diversas formas, desde alteraciones leves en la piel y algunos tejidos, hasta tumores graves en ciertos órganos.
Esta cuestión de lo inconsciente como causa llevó a que se diera la denominación de «psicosomáticas» a aquellas enfermedades del cuerpo en que se presumía que lo psíquico contribuía principalmente a su producción. Por las razones antedichas y por otras que ex-pondré más adelante, sostengo que es más acertado llamarlas enfermedades «por autodestrucción».
Esas afecciones se han conocido desde sus comienzos como psicosomáticas. No pretendo cambiar ahora ese nombre por este nuevo de enfermedades por autodestrucción. Esto será, sin duda, motivo de un largo debate en el tiempo, y está lejos de mi intención abrir desde estas páginas una polémica en torno a estos conceptos. Ya lo he he-cho en otro contexto. Aquí tan sólo quiero presentar lo que he explorado desde aquella tarde otoñal. No obstante, señalo que el clásico nombre de «psicosomáticas» lleva a pensar que la enfermedad se inicia en lo psíquico y luego se traslada a lo somático, lo que no es exacto, ya que el organismo humano es esencialmente uno; algo que, aunque parezca obvio, no está de más reiterar.
Para mayor claridad diré que el término «autodestrucción» define la tendencia de un proceso -pocas veces claro y casi siempre inconsciente- general de todo el organismo, que produce en células, tejidos, órganos y cuerpo un cambio por el que se va destruyen-do su propia organización.
No sé si alguien podría suscribir hoy lo que declaraba mi amigo «el Cura»: «El cáncer es un suicidio a nivel celular». No estoy afirmando que el cáncer tenga un origen determinado y que este origen sea necesariamente psicológico o anímico. El cáncer es una reacción celular y orgánica frente a diversos factores. Y un grupo de esos fac-
tores tiene que ver con el tema de este libro. Las historias de pacientes que han padecido esa pesada y seria enfermedad me han inclina-do a pensar que, en un buen número de casos, detrás de ella se esconde un grueso componente psicológico.
El mismo componente se encuentra en enfermedades crónicas como la artritis reumatoidea, la tiroiditis, el lupus eritematoso, algunas diabetes mellitus y otras afecciones tanto inflamatorias como degenerativas. A éstas la medicina les ha puesto el nombre de enfermedades por autoinmunidad. Cada vez hay más enfermedades por autoinmunidad, y cada vez estoy más convencido de que esta auto-inmunidad tiene un alto ingrediente psicológico o emocional.
MOSTRAR EL CAMINO

Desde mi ventana me parece ver la misma lluvia de ese otoño. Sólo que antes esa lluvia me traía, junto con aquella frase sobre el cáncer, un raudal de preguntas. Hoy me acerca algunas respuestas que son las que quiero expresar, y no a los entendidos, porque los entendidos no entienden.
Hay enfermedades distintas, diferentes. Están en los hospitales, en los sanatorios y, también, en muchos hogares. Este libro es un intento de explicar, de un modo comprensible incluso para los que no poseen conocimientos específicos, cómo se produce una enfermedad orgánica.
No es un tema fácil de exponer. Sin embargo, trataré de hacerlo porque existe en mí una honda convicción, casi una certeza: la enfermedad enturbia y apaga la vida de los seres humanos; la salud nos aproxima a la luz. La enfermedad es un camino perdido, desviado... Entonces, este libro aspira a mostrar el camino hacia el manantial dorado de la salud.
Desde allí, otro camino conduce a la profundidad del ser, a la íntima morada del hombre. Es más recóndito, más dificil de descubrir. Corresponde a un sonido nuevo, a una «música» que el ser humano no ha desarrollado del todo y que todavía no ha podido escuchar con claridad: la música del habla, la residencia de nuestro ser.
¿Podremos llegar a escuchar esa música? Mi esperanza es que alguien pueda hacerlo. Oírla.
Ahora debo concluir estas líneas porque, desde mi ventana, la lluvia me trae el eco de unas palabras: «El cáncer es un suicidio a nivel celular».
ARTURO EDUARDO AGÜERO
Buenos Aires, noviembre de 2009
ÍNDICE

Agradecimientos 13
Palabras iniciales 17
CAPÍTULO 1
El campo psicosomático 23
CAPÍTULO 2
Las características del enfermar 33
CAPÍTULO 3
El factor psíquico 47
CAPÍTULO 4
El factor genético 61
CAPÍTULO 5
Las enfermedades autoinmunes 73
CAPÍTULO 6
El potencial enfermante del estrés 81
CAPÍTULO 7
Los agentes productores 101
CAPÍTULO 8
El lenguaje de los órganos 133
CAPÍTULO 9
Tratamiento de las enfermedades psicosomáticas 153
ANEXO
Listado de síntomas y enfermedades por autodestrucción .. 161
BIBLIOGRAFÍA 191

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