domingo, 30 de enero de 2011

Juan Arias: María Tergiversada por Machismo

ENTREVISTA: JUAN ARIAS Autor de 'María, esa gran desconocida'
"María es la gran traición de la Iglesia marcada por el machismo"


"La Iglesia afianza con la Virgen la idea de que la virginidad es superior al matrimonio"

" María fue una mujer fuerte, preocupada por los más pobres y que se enfrentó a su hijo"

Pregunta. ¿No tiene la impresión de que la Iglesia romana habla más de la Virgen que de María, y, sobre todo, que habla de la Virgen María para tapar la figura incómoda de su hijo Jesús?

Respuesta. Si la Iglesia oficial tuvo siempre miedo de aquel profeta galileo rebelde, del Jesús antes de ser dulcificado y amaestrado por el poder, de María lo tuvo doblemente. Por eso convirtió a la mujer judía, madre de un condenado a muerte, en figura dulzona, inofensiva, resignada, light, sólo virgen, anunciadora de castigos y muy preocupada del pecado.

P. Este último siglo se conoce como el siglo de las mujeres. Han conquistado el derecho al voto, la igualdad laboral, la liberación sexual. Sin embargo, la Iglesia de Roma no ha cambiado su visión de la mujer, ni siquiera en el Concilio Vaticano II. ¿Por qué?

R. María es la gran traición de la Iglesia católica, que tuvo miedo hasta de aprobar un documento sobre ella en el Vaticano II. Para evitar que fuera aquella mujer fuerte, implacable contra la injusticia del canto del Magnificat, o la mujer capaz de fiesta y alegría de las bodas de Caná, la Iglesia hizo hasta un milagro gramatical: convirtió un adjetivo, el de virgen, en un sustantivo. María sería la Virgen, en vez del elemento femenino revolucionario del cristianismo.

P. ¿Cómo es la verdadera figura de María, según sus datos?

R. Según los pocos datos históricos que tenemos y de lo que de ella se deduce de los evangelios, María fue una mujer fuerte, capaz de enfrentarse a su mismo hijo, preocupada siempre por los más desheredados y dura con el poder.

P. ¿Por qué se difuminó la mujer en el catolicismo, siendo tan relevante en la vida de Jesús?

R. Un cierto catolicismo fue desde el inicio marcado por el machismo que impuso Pablo de Tarso. Tras haber eliminado de la nueva secta cristiana todo lo que olía a femenino, y tras haber traicionado la idea original de Jesús, que había colocado a la mujer en el centro de su misión, se sirvió de la figura de María, de la Virgen, para afianzar la idea de que, en la práctica, la virginidad es superior al matrimonio y para colocar el pecado del sexo en el centro de los males.

P. ¿Qué queda, entonces, de mujer en la figura de María?

R. Muchas veces me he preguntado cómo podía la Virgen, tal como ha sido presentada por la oficialidad católica, servir de modelo, y ni siquiera de inspiración, para las mujeres. Una mujer que no conoció el sexo, que no tuvo relaciones con su marido, que tuvo un hijo que no se sabía cómo había venido al mundo, y que había sido pasiva e indiferente, resignada, ante la aventura de un hijo crucificado por rebelde político, y que al final ni conoce la muerte. ¿Qué puede decir a la mujer de la calle, enfrentada con todos los problemas de la existencia?

P. Respóndase usted. Por ejemplo, ¿por qué insistir tanto en la virginidad de la madre de Jesús y de la esposa de José? Es como si la Iglesia quisiera probar cada día la credulidad de sus fieles y poner imposible la fe a todos los demás.

R. La virginidad de María, antes, durante y después del parto, tal como la defiende la Iglesia católica, ha sido el parapeto para detener algo que a la Iglesia le preocupa más: el probable matrimonio de Jesús y hasta la posibilidad de que tuviera algún hijo, ya que lo contrario era casi inconcebible en la cultura judía de su tiempo. Si María fue el prototipo de la virginidad, cuyo himen quedó intacto incluso después del parto, que no tuvo relaciones con su marido José ni después de haber nacido Jesús, ¿cómo podría ser ni siquiera imaginable, que aquel hijo nacido de la esencia misma de la virginidad pudiera haber tenido relaciones sexuales?

P. Diga cómo.

R. Un día la Iglesia tendrá que aceptar que lo más seguro es que María concibió a su hijo extraordinario como todas las mujeres, y que el dogma de la Inmaculada Concepción no es otra cosa, como dice Enrique Miret Magdalena, que el haber sido librada "del pecado del mundo", es decir, que fue una mujer contra los verdaderos pecados de la humanidad: injusticia, violencia y atropello de los humildes. Sólo entonces se podrá comenzar a revisar el último tabú del cristianismo: el de un Jesús que no se privó de una relación amorosa con una compañera.

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