jueves, 14 de agosto de 2014

La OBRA de PLA un DIARIO "IMTIMO"

La Josep Pla (Palafugell, 1879-Llufríu, 1981) fue un extraordinario escritor y periodista español, en lenguas catalana y castellana. Su importante y extensa obra -que abarca la narrativa, el ensayo, los dietarios, la biografía, los libros de viajes, los reportajes políticos, las crónicas parlamentarias, los artículos de opinión y muchas cosas más-, constituye una magnífica aportación a la historia social del siglo XX y al inmenso placer de leer a un escribidor sencillo, irónico y claro. Es sin duda el escritor más importante de la literatura catalana contemporánea y ha sido esencial en la modernización de esta lengua. Aunque muy leído, no lo es lo suficiente, y todavía hay muchos que solamente conocen su nombre, adobado de tergiversaciones personales, de ahí que algunos, comoAndrés Trapiello, lo hayan catalogado como escritor de minorías que todavía puede ser descubierto. Yo estimo que sería más exacto afirmar que, dados su carácter y singularidad, lo que hacemos sus lectores es redescubrirlo cada vez que volvemos a recorrer una de sus obras, porque siempre, en cada una de las más de 30.000 páginas que ha escrito, se encuentra algún detalle nuevo de los muchos que dejó registrados como observador agudo de la realidad de la sociedad de su tiempo.
Hasta mis manos ha llegado un libro, Josep Pla, sentencias e impresiones-¡nada menos que 1108!- extraídas por el periodista, ensayista y poeta Andrés Gómez-Flores (Albacete, 1953) -y editado por Edhasa en 2006-, cuyo pequeño tamaño me ha permitido llevarlo conmigo durante un viaje reciente y devorarlo mientras dejaba unos días mi vocación y adición de pediatra. En la solapa del libro se lee que en Pla "se da la feliz coincidencia de profundidad de pensamiento y acierto en su expresión" que son los ingredientes necesarios para reducir una observación o un pensamiento a una frase corta, se llame sentencia, aforismo, máxima o como se quiera. Lo que resulta imprescindible, tal como mantiene el prologuista, Valentí Puig (Palma de Mallorca, 1949), es lo que consiguió el autor, luchar y ganar la batalla de la precisión, o si se quiere, considerar que "el gran problema de un escritor es el de hacerse entender utilizando la mínima cantidad posible de palabras", como enuncia Anatole France (París, 1844-Saint Cyr-sur-Loure, 1924). De todos modos, Puig nos advierte de que antes está Michel de Montaigne (Périgueux, 1533-Burdeos, 1592), al que Pla define como "un observador ondulante, como son la realidad y la vida", si bien prefiere la literatura francesa de conversación: "En la literatura en prosa hay que escribir y hacer inteligible la conversación humana, ¡como quien escribe a su familia, vaya!".
Quadern gris es una especie de dietario escrito por Pla entre 1918 y 1919, no obstante lo reelaboró muchas veces y la primera edición no apareció hasta 1966, de mano de su amigo Josep Vergés, el editor de Destino. El libro estaba lleno de erratas, que fueron corregidas en una segunda edición de 1969. Sin embargo, de modo sorprendente, las incorrecciones serían recuperadas en las ediciones siguientes y no apareció la versión definitiva, corregida por el propio Pla y por Narcís Garolera, hasta 2012. La primera traducción al castellano fue realizada por Dionisio Ridruejo en 1975 (Ed. Destino, col. Áncora y Delfín). El libro es un compendio de notas de viaje, juicios políticos, crítica literaria, paisajes, retratos y sobre todo de vivencias cotidianas de todo tipo e instantáneas íntimas y únicas. Y es que tal como afirma Gómez-Flores, Pla es un hombre que sabe vivir. El propio autor lo dice: "Sí, se ha de poner atención en vivir", a lo que suma la observación de cada detalle, espontáneo o calculado, y su descripción precisa, directa, sencilla y natural, de modo que sus frases constituyen, en muchos casos verdaderos aforismos o sentencias, más aún si se leen poco a poco algunas páginas cada día, y se descubre su capacidad para analizar y comprender la realidad intelectual y humana en multitud de temas.
Para conocer a Pla hay que leerlo. Él lo ha dicho de forma clara: "Mi obra no es perentoriamente más que una suma de hojas de un diario íntimo... [?] una sucesión de reflejos de mi insignificante pero auténtica existencia?". Un experto del autor y su obra, Josep María Castellet Diaz de Cossio(Barcelona 1926- 2014), lo definió como conservador, liberal, escéptico y pesimista. Ciertamente Pla era un individualista sustancial, enemigo de cualquier forma de fanatismo. Él mismo escribió algo que en la actualidad puede ser válido -júzguenlo mis lectores-: "La política en este país no va muy bien? [?] La confusión es muy oscura; la verbosidad, inextricable; los puntos de vista, de una irrisoriedad minúscula. Hace el efecto de que no hay nadie que tenga el país en la cabeza". Pero al tiempo, tiene sentido de la transitoriedad y transcendencia de la vida: "Aunque la presión del paso del tiempo es dolorosa y a veces insoportable, soy partidario de no eludirla, porque mi experiencia me lleva a creer que solo quienes sienten ese dolor sordo -o agudo- aprovechan la vida, en el sentido más general del término, y aprovechan para tener alguna idea de sus maravillas". Por eso es triste que muchos se limiten: "Nadie cree ya en la felicidad de futuro. Es el pasado el que se ha convertido de utopía, en ilusión, en deseo?". O, asimismo, nos aconseja escapar de localismos absorbentes y excluyentes: "No hay nada como alejarse un poco para curarse de la psicosis de proximidad, de la deformación de la proximidad, de la que todos estamos atacados?"
Bien, pues salvando enormes distancias -en mi detracción- pero epatado hasta el asombro y la sorpresa permanente por Pla, me atrevo a construir mis propias Simplezas.
Los voraces se dejan bigote para volver a saborear las viandas.
El bigote del hipocondríaco asegura la toma de muestras en caso de intoxicación alimenticia.
Solo los inmensamente mediocres no se equivocan nunca.
La intimidad absoluta ni se expresa ni se comparte.
El "yo ya me entiendo" es el paradigma de la ofuscación y la impasibilidad.
El descanso y la inactividad realzan mi apariencia, pero el trabajo y la actividad engrandecen mi realidad.
¡Vaya paradoja!: vivir para morir y rehuir pensar en la muerte.
El llanto y la alegría más sinceros se expresan en soledad.
No es justo pero es: la lejanía se premia y la cercanía se castiga.
En política me siento despreciado por el que dice que tiene la solución y no explica cómo.
A la hora de votar me inclino por lo previsible. Los genios están demasiado ocupados en resolver los misterios y no se dedican a la política.
Prefiero ir tirando que abandonarme en brazo del que dice saberlo todo y no acredita nada.
El triunfo del ofendido es tener memoria sin resentimiento.
El escritor con lectores tiene interlocutores asegurados.
Al llegar a una edad nos gusta todo menos marcharnos.
Tratar de no molestar es magna contribución a la buena marcha de la vida.
Educar no es uniformar al gusto del educador, es cultivar lo mejor y lo más personal de cada hombre.
El riesgo de las frases hechas es convertirlas en falsos dogmas.
Los libros son evasión, la vida es servicio.
Nada abruma ni obliga tanto como pensar que otros creen en ti.
Si el obstáculo lo pone un envidioso, allanarlo es su problema, no el tuyo.
El sabio disimula su conocimiento, el ignorante exalta su ineptitud.
La palabra debería ser borrada en el diccionario porque todo se acaba, por muerte o por olvido.
Nuevo rico es el que cambia de casa, de mujer y de traje, pero se queda con su mediocridad y estupidez.
El ideal familiar es ser muchos y unidos, la realidad cotidiana es ser pocos y desavenidos.
Una verdad absoluta, aunque sea de Perogrullo, es que en la vida eres lo que te propones, lo que puedes y lo que te dejan.
Es mentira que mañana será otro día y el tiempo lo soluciona todo. Después de calcular hay que encontrar la respuesta.
El mejor olor de un hombre o de una mujer es no oler a nada.
Demagogia es falta intencionada de memoria.
Triste realidad: no le hacemos daño al indiferente y herimos al que queremos.
Las pompas fúnebres y los cementerios son sorprendentes, incluso bellos, pero huelen demasiado a remordimientos postreros.
El mejor futuro del viejo es cuidar su presente.
A los muy pobres y a los nuevos ricos les une la vulgaridad y les separan las joyas.
Mala compañía es que te corresponda a tu lado un hombre que no ha nacido para hablar y no sabes nunca lo que dice.
Para algunos comer es el arte de llenar vacíos. No requieren paladar ni cubiertos y, por su modo masivo de ingerir, precisarían una hormigonera.
La acritud del carácter de algunos lleva a pensar que el principal condimento de sus comidas es el vinagre.

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