viernes, 24 de febrero de 2012

Un poco más de LEY

UN POQUITO MÁS DE LEY
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HERMANN TERTSCH Tiene guasa que la televisión pública sea el foco más activo de agitación y manipulación
contra el Gobierno

TENEMOS algunos gobernantes a los que pierde la cortesía. Uno de ellos es el ministro del Interior, Fernández Díaz, tan empeñado al parecer en contentar a todo el mundo que para cada acontecimiento tiene un par de versiones. A gusto del interlocutor. No hace falta ser Erasmo para comprender que así se acaba sin convencer a nadie y sembrando incertidumbre. También la delegada del Gobierno en Valencia, doña Paula Sánchez de León, parece de ese amplio equipo de incondicionales de la armonía. Tanto les horroriza el conflicto que acaban abrazándose siempre a lo peor. Como los frikis del amor. Así, le debió de parecer una gran conquista de la cultura del diálogo y la civilización invitar a su despacho al ya famosillo portavoz de la Federación Valenciana de Estudiantes, Alberto Ordoñez. Este nuevo caudillito popular con pañuelo palestino es un comunista miembro de la versión valenciana de IU. Parece que con dotes de mando y desde luego con mirada y actitud de talibán. Ordoñez pidió el otro día incendiar las calles y dijo que había que arrasar Valencia «a sangre y fuego» si el Estado no se plegaba a sus condiciones y amenazas. La delegada del Gobierno debía saber que a caudillos autoproclamados que incitan a la violencia no se les recibe hasta que se retractan. Porque si no se colabora en auparlo entre los suyos. Precisamente al peor, responsable primero de la violencia y los daños habidos. Que no son menores. Cada vez son más. Y ya incluyen agresiones contra periodistas más allá de la violencia «habitual». Son lógicos los ataques a la prensa que no colabora en la propagación de las ridículas consignas de los manifestantes. Hay que evitar que haya versiones distintas a la de RTVE, que actúa abiertamente como la «cadena amiga» de las manifestaciones ilegales. Ayuda a difundir y animar las convocatorias, es altavoz permanente de los insultos de los protagonistas al Gobierno y las autoridades y ha convertido el «sarao» izquierdista de Valencia en la noticia más destacada en todos sus informativos. Y ha tenido un considerable éxito, todo hay que decirlo. Que se debe a un esfuerzo ímprobo desde TVE y RNE de competir con la Cadena Ser en la perfecta payasada de querer presentar el Instituto Luis Vives como la plaza Tahrir. Y a toda una suerte de niñatos y agitadores de la ultraizquierda como «el pueblo». En este país estamos curados de espanto y todo es posible. Pero incluso aquí tiene guasa que la televisión pública sea el foco más activo y estridente de agitación, propaganda y manipulación contra el Gobierno, sus reformas y la política nacional.

No pasa nada por el hecho de que la izquierda de este país, especialmente el PSOE, esté tan confundido después de la derrota que esté a punto de perder hábitos y prudencia democrática. Y que en pleno trastorno, tras un congreso malogrado, busque compañía con lo peor de la marginalidad extremista. En la esperanza se supone de una alianza radical con los sindicatos para incendiar las calles de este país y lograr bajo amenazas que se paralice la sociedad española. ¿Están realmente tan convencidos de que no volverán al poder por las urnas en tantísimo tiempo como para cancelar su lealtad constitucional? Los que creemos que hay, pese a la peste del zapaterismo, una izquierda aun democrática, razonable y decente en este país, queremos creer también que el apoyo a la ocupación callejera y la violencia de personajes del fracaso como Alarte no son una declaración de intenciones del partido de Rubalcaba. Pero mientras se deciden, Rajoy, ministro, delegada, por favor, un poco más de firmeza, un poquito más de ley.

Libelo Contra la secta: Hermann Tertsch Del Valle-Lersundi

CUANDO se termina de escribir un libro, al menos a mí me pasa, está uno tan aburrido y harto del libro como de sí mismo. Y sin embargo es cuando se espera que uno empiece a hablar de él. Lo haré hoy y prometo dejarles después en paz aunque vaya por delante que se trata de un compendio de reflexiones que tiene mucho que ver con «Montecassino», ese refugio o bastión de papel desde el que escribo para los lectores de ABC. Mi columna no se llama así por casualidad. En Montecassino, al sur de Roma, estableció Benito de Nursia su primer monasterio en el año 529. Aunque muchos no estemos hoy muy de acuerdo con el arrebato inicial de San Benito de hacer pedazos una estatua de Apolo en el templo a ese dios que se alzaba en la cumbre que eligió para asentarse y fundar su primer monasterio, entendemos que entonces venía a cuento. Y su afán destructor de aquel momento fue compensado infinitamente con la fundación allí de la orden benedictina y la redacción de la Regla de San Benito que se convirtió en el principio fundador de la práctica monástica en Occidente. Desde el siglo VI a nuestros días pasaron allí muchas cosas, interesantes y magníficas. Allí se atesoraron joyas pictóricas y libros que contenían gran parte de la sabiduría de Occidente y desde allí se difundieron en siglos de asaltos, acosos y persecución. La identidad europea tiene una raíz profunda en aquel monte sagrado. Quince siglos después de su fundación volvió a convertirse en símbolo del drama continuo de la historia de Europa. Allí se libró una terrible batalla en el año 1944 que fue fundamental para la liberación semanas más tarde de la ciudad de Roma. Entre los capítulos más gloriosos de la gesta de la toma de Montecassino, una fortaleza del ejército nazi que se antojaba inexpugnable, está sin duda el asalto de las unidades de voluntarios polacos que, con infinitas bajas, protagonizaron un avance insólito bajo el fuego alemán por las empinadas faldas del monte. Los polacos, tras los judíos las
principales víctimas de la brutalidad nazi, despojados de su patria una vez más bajo Hitler y Stalin, se erigieron en los héroes y vengadores de sus desdichas nacionales, firmes en su fe, en su patriotismo y su anhelo de libertad. La columna «Montecassino» pretende por ello ser un homenaje continuo a los valores de Occidente, al pensamiento y la libertad.
Y el libro «Libelo contra la secta» no pretende otra cosa. Tras su título guasón, que reivindica el libelo como escrito de combate o condena de lo intolerable, se encuentra un esfuerzo por explicar parte de los avatares de la sociedad española en estos últimos años y las numerosas tropelías de sus gobernantes actuales. No es un libro periodístico, sino un escrito tan reflexivo como airado que busca explicaciones y denuncia las amenazas a la libertad de pensamiento, las mentiras como instrumento principal de Gobierno, la mediocridad prepotente, la falsificación de la historia, la vocación intimidatoria y los intentos de convertir la sumisión en virtud y la cobardía en prudencia. Es un intento modesto pero abiertamente indignado de poner pie en pared ante tanto desmán. Y de recordar que para recuperar los valores de Occidente, el primero a recuperar es el valor en sí mismo. No ya el coraje heroico de los benedictinos y de los soldados polacos, ni más ni menos que el valor justo para hacer frente a la mentira, al matonismo y a la vileza.

Steve JOBS: 20 claves de la Felicidad

18 lecciones de la mano de Steve Jobs
Publicado el octubre 6, 2011 ¬ 11:17 AMh.Javier Hernandez18 comentarios »


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Hoy es un dia triste, ayer el mundo perdio uno de los innovadores mas importantes de nuestra historia moderna, Steve Jobs. Creo que su legado va mucho mas alla de la tecnologia al demostrar que el diseño, la elegancia y el arte son todavia importantes en nuestra vida agitada.

Quiero compartir con ustedes como un pequeño homenaje varias lecciones que me impactaron y seguro van a lograr un efecto transformador:

VIDA

“Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición.”

RESPONSABILIDAD

“Nuestro ADN es de una empresa de consumo, estamos hechos para un cliente que sabe diferenciar lo bueno de lo malo. Creo que nuestro trabajo es ser responsables por la totalidad de la experiencia del usuario. Y si no cumple sus expectativas, es totalmente nuestra culpa, así de simple.”

INNOVACION

“Cuesta demasiado diseñar productos a partir de grupos cerrados. La mayoría de las veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas.”

DISEÑO

“La mayoría de la gente piensa que el diseño es una chapa, es una simple decoración. Para mí, nada es más importante en el futuro que el diseño. El diseño es el alma de todo lo creado por el hombre.”

ERRORES

“Cuando se innova, se corre el riesgo de cometer errores. Es mejor admitirlo rápidamente y continuar con otra innovación.”

DINERO

“Tenía más de un millón de dólares cuando tenía 23 años y más de diez millones cuando tenía 24 años y más de cien millones de dólares cuando tenía 25 años, y nunca fue importante porque nunca lo hice por dinero.”

VISION

“Muchas compañías han decidido reducir su tamaño, y tal vez eso era lo mejor para ellos. Nosotros hemos elegido un camino diferente. Nuestra creencia es que si seguimos poniendo grandes productos frente a los clientes, estos seguirán a abriendo sus billeteras.”

REVOLUCION

“De vez en cuando aparece un producto revolucionario que lo cambia todo. Uno es muy afortunado si puede trabajar en sólo uno de estos en su carrera. Apple ha sido muy afortunada al ser capaz de introducir algunos de estos en el mundo en varias ocasiones”

PROPOSITO DE VIDA


“Ser el mas rico del cementerio no es lo que más me importa… Acostarme por la noche y pensar que he hecho algo genial. Eso es lo que mas me importa.”

CALIDAD

“Tenga un criterio de calidad. Algunas personas no están acostumbradas a un entorno en el que se espera la excelencia”

TECNOLOGIA

“¿Qué es un ordenador? Es el instrumento más notable. Es el equivalente a una bicicleta para nuestras mentes.”

INSPIRACION

“La innovación no tiene nada que ver con cuantos dólares has invertido en I+D. Cuando Apple apareció con el Mac, Ibm gastaba al menos 100 veces más en I+D. No es un tema de cantidades, sino de la gente que posees, cómo les guías y cuánto obtienes.”

FOCO

“Hay que decir no a mil cosas para estar seguro de que no te estás equivocando o que intentas abarcar demasiado.”

CIELO

“Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar ahí.”

VIDA

“Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Y si la respuesta era no durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.”

EMPRENDER

“Estoy convencido que la mitad de lo que separa a los emprendedores con éxito y los que no tienen éxito es la pura perseverancia. Es tan difícil, pones tanto de tu vida en esto, hay momentos tan duros en que la mayoría se da por vencida, no los culpo, es muy difícil y consume gran parte de tu vida. (…) A menos que tengas mucha pasión en lo que haces no vas a sobrevivir, vas a darte por vencido”

TRABAJO

“Tu trabajo va a llenar gran parte de tu vida, y la única forma de estar realmente satisfecho con él es hacer lo que creas que es un gran trabajo. Y la única manera de hacer un trabajo genial es amar lo que haces. Si no lo has encontrado, sigue buscando. No te detengas. Al igual que con todos los asuntos del corazón, lo sabrás cuando lo encuentres. Y, como cualquier gran relación, sólo se pondrá mejor y mejor, conforme los años pasen. Así que sigue buscando hasta que lo encuentres. No te detengas.”

LEGADO

“Si vives cada día de tu vida como si fuera el último, algún día realmente tendrás razón.”

martes, 21 de febrero de 2012

Helena Cornelius:yo gano y tus ganas

¿Te has marchado alguna vez dando un portazo? ¿Te has sentido ofendido por algo que alguien ha dicho? ¿Has discutido con tu pareja, un familiar o un amigo? ¿Te has enfadado porque te han negado un aumento del sueldo?...
Si es así y deseas resolver de forma fluida y creativa cualquier situación conflictiva en tu vida, esta obra amena e innovadora te enseñará a:
- Reconocer y evitar los modelos negativos de comportamiento que se dan durante un conflicto.
- Entender la dinámica de poder de cualquier relación.
- Optimizar tu comunicación al comprender más profundamente a las personas con quienes tienes el problema, y a su vez ayudarlas a que sea algo recíproco.
- Llegar a una solución satisfactoria para todas las partes.
Con sus lúcidos consejos, expresivas ilustraciones y didácticas técnicas ya comprobadas, Tú ganas/Yo gano es una fuente de inspiración para todos aquellos que, a pesar de las diferencias, deseen lo mejor para ellos mismos y también para los demás.

Aristoteles Ética para Nicómaco

Ética nicomáquea


Pintura que representa a Aristóteles. Se le suele representar con un libro debido a que siempre habla de la felicidad como la contemplación intelectiva.
Ética nicomáquea o Ética a Nicómaco (griego Ἠθικὰ Νικομάχεια, transliterado Ethika Nikomacheia; gen.: Ἠθικῶν Νικομαχείων, Ethikōn Nikomacheiōn; latín Ethica Nicomachea) es una obra de Aristóteles escrita en el siglo IV a. C. se trata de uno de los primeros tratados conservados sobre ética y moral de la filosofía occidental y sin duda el más completo de la ética aristotélica. Está compuesto por diez libros que se consideran basados en notas sobre sus ponencias magistrales en el Liceo. La obra abarca un análisis de la relación del carácter y la inteligencia con la felicidad. Junto con el mensaje bíblico judeocristiano, constituye uno de los pilares fundamentales sobre los que posteriormente se erigió la ética occidental.
Contenido [ocultar]
1 Antecedentes y colocación de la obra
2 Sobre el título de la obra
3 Contenidos
3.1 Libro I: Sobre la felicidad
3.2 Libro II: Naturaleza de la virtud ética
3.3 Libro III: Acciones voluntarias e involuntarias
3.3.1 La voluntariedad
3.3.2 La fortaleza
3.3.3 Templanza
3.4 Libro IV: Examen de las virtudes éticas
3.5 Libro V: Examen de las virtudes éticas (cont.). La justicia
3.6 Libro VI: Examen de las virtudes intelectuales
3.7 Libro VII: Apéndice sobre las virtudes éticas: continencia e incontinencia
3.8 Libro VIII: Sobre la amistad
3.9 Libro IX: Sobre la amistad (cont.). La amistad relativa a sus causas y a la felicidad
3.10 Libro X: Naturaleza del placer y de la felicidad
4 Recepción
5 Notas
6 Bibliografía
7 Enlaces externos
[editar]Antecedentes y colocación de la obra

La Ética nicomáquea (conocida también como Ética a Nicómaco) es el primer tratado sistemático sobre la ética. Platón había escrito el Protágoras, un diálogo sobre la virtud, y otras obras suyas también tratan sobre la felicidad y la ética, pero ninguna sistemáticamente. Otros filósofos contemporáneos a Aristóteles se mencionan en la presente obra, como por ejemplo Espeusipo y Eudoxio, de quien Aristóteles toma su definición de bien.
Como Platón y Sócrates, Aristóteles sostiene que la virtud nos ayuda a buscar la felicidad y esa es la base de la ética. A diferencia de Platón y Sócrates, Aristóteles enseña que la virtud no viene directamente del conocimiento, sino que requiere el hábito, que la felicidad no es un estado sino una actividad, y que el placer no es la felicidad sino una consecuencia de la virtud, y especialmente que el hombre tiene un fin en sí que no es absorbido totalmente por los fines del Estado. Aquí está la clave de lectura de la ética de Aristóteles: la finalidad del acto humano. Todo acto tiene un fin, que es la felicidad, pero se puede buscar este fin en diversas cosas. Aristóteles muestra que el fin ha de ser específico del hombre, y esto es la contemplación, a la cual ayuda la virtud necesariamente, pues la virtud busca el medio que le da la recta razón del individuo. La contemplación es el acto más autosuficiente y estable y para la plena felicidad requiere también el placer.1 Un aspecto que entra en juego y que no se resuelve del todo directamente en el capítulo 7 del libro X es la inmortalidad, a la que Aristóteles alude varias veces en otras partes también.2
El método de Aristóteles también difiere del de Platón, pues define claramente desde el inicio qué quiere hacer, propone argumentos en contra, muestra algunas dificultades y luego las resuelve. Es importante recordar que las obras de Aristóteles no eran libros destinados a la publicación sino más bien manuales, apuntes destinados a la enseñanza, o recordatorios para la enseñanza en el Liceo.
Dentro de las obras de Aristóteles, la Ética nicomáquea es de las últimas. Como Platón, había escrito en su juventud muchos diálogos y todos se han perdido. Ciertamente viene después de los tratados de lógica, pues menciona los Analíticos en VI, 3. Asimismo, Sobre el alma muestra un pensamiento menos preciso del alma que la presente obra, por lo que se cree que había sido elaborada con anterioridad. La Política viene después, pues X,9 la prepara directamente, en base VIII-IX, que versan sobre la amistad. Hay otra obra espuria sobre la ética, la Magna Moralia y una obra semejante pero probablemente previa, la Ética eudemia.
[editar]Sobre el título de la obra

Queda desfasada la consideración de que fuera el mismo Aristóteles quien diera nombre a sus obras. Nótese que Aristóteles se refiere a la temática de la que está tratando como Política y el estudio de la misma, nunca de Ética. Por lo que se refiere al nombre a Nicómaco, durante mucho tiempo ha sido interpretado como posesivo, indicando ya sea el destinatario, ya sea el autor o el editor. Hoy en día estas hipótesis están completamente descartadas y en lo que respecta a Nicómaco es impensable hoy por hoy que Nicómaco sea el hijo de Aristóteles, siquiera un supuesto destinatario o conocido al que dedicar la obra. Actualmente, la apuesta más destacada es la que nos indica que tanto el nombre de Ética como los adjetivos se dieron gracias a un tercero, probablemente Andrónico de Rodas o quizás alguien posterior, en todo caso es probable que no tenga más valor que el de meras etiquetas cuya finalidad no parece que fuera otra que distinguir escritos pertenecientes a épocas y concepciones diferentes.
[editar]Contenidos



Aristóteles pintado por Rafael. Nótese que en la mano lleva el libro de la Ética.
Aristóteles empieza su obra definiendo lo esencial de la ética: el bien. Con su habitual método inductivo, hace acopio de las opiniones hasta entonces dichas, que lo relacionan con la felicidad, pues tal cosa es "lo que todos buscan". En un paralelismo con las artes y los conocimientos prácticos, Aristóteles dirá que el bien para el hombre, la felicidad, consiste en el ejercicio de su función como hombre. Así, basándose en las tres disposiciones del alma aristotélica, establece que dicha función tendrá que estar relacionada con el alma racional, en tanto que es la que caracteriza al hombre. Para ello introducirá el concepto de virtud, que será identificado con la costumbre del buen obrar. El estagirita establece que las virtudes han de ser de dos clases: las virtudes llamadas éticas, morales o de carácter; especialmente la justicia, que vienen del alma desiderativa en tanto que esta obedece a la razón; y las virtudes denominadas dianoéticas, intelectuales o racionales, que son las que permiten alcanzar la felicidad y vienen del alma racional misma. Después muestra cómo el placer tiene que ver también con la felicidad, y por lo mismo con la ética. Como el hombre es social, necesita amigos para alcanzar la felicidad completa. Esto le lleva a una descripción final de la felicidad que será la que se alcance por una actividad acorde con la virtud más excelsa.
[editar]Libro I: Sobre la felicidad
(Este Libro comprende trece capítulos) Al inicio Aristóteles se pregunta ¿Qué bien es el objeto de todos los fines? Toda actividad apunta hacia un bien, entonces la felicidad debe de ser también un bien. No sólo debe ser un bien, sino el bien al cual todos los demás bienes se dirigen. Se puede buscar este bien en diversas cosas, pero al final la verdad es el único bien delante del cual los demás bienes parecen incompletos.
Si no hay un bien final y alcanzable, entonces es irracional la naturaleza del hombre, que busca por naturaleza un bien. El no tener un bien final que se llama felicidad negaría la naturaleza, llevando al absurdo. Ahora bien, esta felicidad se compone de la vivencia de las virtudes y de una vida completa; la felicidad es una actividad del alma de acuerdo con la virtud ("excelencia") completa.3
El filósofo termina el primer libro hablando de la virtud a partir de las partes del alma, preparando así el segundo libro. Este pasaje es relevante, pues da la estructura para el resto de la obra. Como la virtud está en la parte racional del alma y también en la parte no racional que obedece a la racional, las virtudes se dividen en dos grandes tipos a partir de su fuente: las intelectuales (dianoéticas) y las morales (éticas). Pero como las más conocidas al hombre son las virtudes morales, las estudia antes.
Declara en él cómo la conservación de las amistades consiste en entender cada uno lo que está obligado y debe hacer en ley de aquella amistad que trata y ponerlo tal por obra, y que el dejarlo de hacer es deshacer la amistad, y que finalmente la disolución de la amistad sucede cuando en ella no se alcanza lo que se pretendia, y esto en cualquier diferencia de amistad.
[editar]Libro II: Naturaleza de la virtud ética
(Este libro comprende nueve capítulos) En este segundo libro el autor se propone abordar la definición de la virtud. Aristóteles afirma que la virtud no nace en la naturaleza del individuo, aunque reconoce que es natural la capacidad de entender estas virtudes y perfeccionarlas con la costumbre. Es por ello que la virtud es el hábito por el que el hombre se hace bueno y realiza bien la obra que le es confiada».4 Aventura tres posibilidades al respecto: «actuar en sometimiento a [la razón]», «cualidad de obrar de la mejor manera en relación con el placer y el dolor» y, finalmente, «la disposición o hábito de elegir el medio relativo a nosotros en acciones y emociones, determinado por la razón y tal como lo determinaría un hombre prudente».5 Aristóteles distingue entre la virtud moral (ethos), o de carácter, y la virtud intelectual (que se desdobla en Sabiduría en la teoría y en Prudencia en la práctica). En tanto que busca un medio entre vicios y una clase de estado para realizar las mejores acciones que mantenga la relación con el placer y el dolor, la virtud moral hace bueno al ser humano. El arte sólo requiere conocimiento, pero la virtud requiere elección racional y ejercicio constante de la misma. Es difícil ser bueno porque es difícil encontrar el medio y la función de la educación es precisamente ayudar a alcanzarlo. Entre el exceso y el defecto el punto medio es la virtud o magnificencia y Aristóteles llama a los dos extremos más distantes como contrarios.
[editar]Libro III: Acciones voluntarias e involuntarias
Este libro se divide en tres partes, la primera (capítulos 1-5) trata de la voluntariedad, la segunda (capítulos 6-9) sobre la fortaleza, y la tercera (capítulos 10-12) sobre la templanza.
[editar]La voluntariedad
Aristóteles divide los actos del hombre en voluntarios e involuntarios. El acto involuntario se debe a un primer principio extrínseco al hombre, como la fuerza o la ignorancia. El acto no voluntario es un acto involuntario que no se lamenta. El acto involuntario surge cuando el individuo obra en estado de ignorancia y en estos casos se puede hacer una excepción para recurrir a la compasión e indulgencia sobre las consecuencias de estos actos. El acto voluntario se hace por el deseo. Ahora bien, la elección racional es más restringida que el acto voluntario, en el sentido que el acto está dentro de nuestro poder y no necesariamente según el apetito, sino que es fruto de una deliberación. Se delibera algo que se puede hacer, no sobre verdades ni sobre las acciones de otros; además, se deliberan los medios y no el fin, pues el fin no se escoge como fin sino que es natural y es el bien deseado según lo que se conoce (lo que el entendimiento presenta a la voluntad). Entendido así el acto voluntario, la virtud se aplica a cuanto conduce al fin e implica la responsabilidad del sujeto.
[editar]La fortaleza
La fortaleza es el medio entre el temor y la confianza respecto a la muerte. La persona valiente actúa a pesar del temor pero no sin temor. El exceso de temor se llama cobardía, Y actúa con confianza pero sin exceso de confianza, que se llama precipitación. Sin embargo, la fortaleza se aplica más al temor que a la confianza, por ser este último más difícil de controlar, y busca el bien honesto cuando es difícil ver este bien superior. La característica fundamental de la verdadera fortaleza es que se basa en el carácter y no en el cálculo o en la preparación.
[editar]Templanza
La templanza es el medio respecto a los placeres, especialmente los del tacto, la comida y el sexo, que tenemos en común con los animales no racionales. Hay placeres naturales y placeres del individuo: por ello, errar en los placeres naturales es siempre un exceso, mientras que errar en los placeres individuales no siempre es excesivo. El dolor viene cuando el que no tiene esta virtud tampoco obtiene sus placeres. La intemperancia es más voluntaria que la cobardía, pues siempre viene con una elección positiva, haciéndola más censurable. El apetito debe siempre seguir lo que es noble como propuesto por la razón.
[editar]Libro IV: Examen de las virtudes éticas
(Este libro comprende nueve capítulos) El tema que afronta en este libro es el de las demás virtudes menos universales que la fortaleza y la templanza y muestra diversas situaciones en las que se puede encontrar un hombre. Entre estas virtudes están la generosidad y la magnificencia (que es la generosidad en niveles superiores por parte de quien la actúa, de las circunstancias y del objeto), la magnanimidad y la virtud que aplica la magnanimidad para con los inferiores, la ecuanimidad. También habla de algunas virtudes sobre la vida: el decir la verdad, el humor. Al final menciona la vergüenza, un sentimiento virtuoso que ayuda a los jóvenes a encontrar el medio en sus sentimientos.
[editar]Libro V: Examen de las virtudes éticas (cont.). La justicia
(Este libro comprende once capítulos) Aristóteles dedica este libro a analizar la virtud de la justicia. Empieza induciendo la definición justicia a partir de la definición nominal y de cuanto se piensa cuando se oye la expresión "justicia". Afirma que la justicia es la virtud completa por cuanto refiere a otras personas, pues es más difícil ejercer la virtud con los demás que solamente consigo mismo. Así la virtud en general es justicia vista en relación con los demás.
Esta justicia es la justicia general. Existe también la justicia particular, que se divide asimismo en distributiva y transaccional, la distributiva que aplica una proporción geométrica entre varias cosas o personas; la transaccional que aplica una proporción aritmética. Luego, Aristóteles aplica esta distinción a la economía, y dice que la justicia es el medio entre cometer injusticia y sufrirla y consiste en la reciprocidad. Sin embargo, descubre que en este caso su fórmula de encontrar el medio no funciona igual que en las pasiones: el medio es la igualdad de la proporción.
Trata luego de la relación entre la justicia y la ley, una relación necesaria para que el bien del otro se consiga, pues el hombre por sí mismo siempre busca el propio bien. Por ello, se necesita una ley. Aquí entra la política, pues existe una justicia natural que nadie puede transgredir y otra legal, que depende de las reglas adoptadas. La justicia legal se debe seguir una vez que se han aprobado las leyes. Esta justicia legal es variable porque los casos particulares se relacionan con las normas universales de manera distinta en cada ocasión.
Aristóteles explica a continuación los diversos agravios en relación con la justicia, y luego afirma que quien sufre alguna injusticia no lo puede hacer de modo voluntario. Asimismo, nadie puede hacer injusticia a sí mismo, por ejemplo, por medio del suicidio. La equidad supera la justicia en el sentido de corregir la ley en ciertos casos particulares, pues la regla universal no contempla cada situación particular.
[editar]Libro VI: Examen de las virtudes intelectuales
El libro sexto es quizás el más importante para entender la ética de Aristóteles, porque, como él mismo dijo al inicio de la obra, la verdad es el bien superior, y este capítulo trata de la facultad del hombre que consigue este bien, el entendimiento. Además, es el intelecto el que nos dice dónde está el medio debido para realizar los actos virtuosos.
La primera cosa que hace es parafrasear lo que había dicho en I, 13: hay dos partes del alma. Y distingue esta vez las sub-partes de la razón, que serían el intelecto especulativo y el intelecto práctico, a los cuales corresponden la sabiduría y la sabiduría práctica (llamada prudencia) respectivamente. Tres cosas controlan el acto y la verdad en el alma: la percepción, el intelecto y el deseo. Pero los animales no racionales tienen percepción, así que no es el primer principio en el hombre. El intelecto práctico afirma y niega para que el deseo busque el bien y huya del mal. El bien del intelecto especulativo es la verdad. El bien del intelecto práctico es la verdad de acuerdo con el deseo recto. Así el primer principio de la acción como causa eficiente es la elección racional, es decir, de acuerdo con el fin; el principio de esto es el deseo, y así la elección racional requiere carácter. En otras palabras, el intelecto y el deseo se influyen mutuamente en el campo práctico, y la virtud depende del pensar y del carácter.
En el intelecto hay cinco virtudes: el arte, el conocimiento científico, la prudencia, la sabiduría, y el entendimiento. Ahora bien, el entendimiento, el conocimiento científico y la sabiduría se refieren a lo necesario, no a lo contingente, ni a lo que puede hacer el hombre. Por otro lado, el arte y la prudencia se refieren a lo que hace el hombre.
La prudencia es una virtud que permite descubrir el bien presente en una acción a realizar. Es la virtud intelectual del obrar humano, no solo en el sentido de obrar bien, sino de llegar a ser bueno por medio del obrar, pues ayudará a encontrar los mejores bienes humanos en relación con la acción. Las virtudes inferiores a la prudencia son: el deliberar bien, el juzgar bien, y el discernimiento.
Como la sabiduría concierne cosas más elevadas y universales, mientras que la prudencia concierne la verdad en relación a los actos humanos, la sabiduría está por encima de la prudencia, pues su objeto pertenece exclusivamente a la parte superior del alma.
[editar]Libro VII: Apéndice sobre las virtudes éticas: continencia e incontinencia
En este libro Aristóteles va un paso más adelante de Sócrates al distinguir entre, por un lado, el saber qué sería bueno hacer y, por otro, el estar dispuesta a hacerlo. La persona prudente no solamente sabe qué sería bueno hacer, sino que también está dispuesto, mientras que la persona incontinente sabe qué sería bueno hacer, pero no lo logra por indisposición. Así la incontinencia no es un vicio (ni tampoco la continencia una virtud), pues el incontinente se da cuenta de su condición como tal y quiere cambiar. En cambio, quien padece un vicio no se da cuenta de él.
Esta falta de continencia se relaciona con el placer. El hombre busca el placer necesario y el placer que es fin en sí. La incontinencia se refiere más a la falta de control en los placeres necesarios, como la comida y el sexo. La continencia se guía por la elección racional del placer, mientras que la incontinencia piensa lo opuesto y sin embargo, hace lo mismo que haría quien no tiene templanza.
A continuación, Aristóteles analiza la definición que otros autores han dado del placer. Algunos, como Espeusipo, mantenían que no era un bien, mientras que muchos han dicho que sí es un bien, y Eudoxo llegó a decir que era el bien supremo. Aristóteles muestra varios ejemplos para probar que el placer tiene que ser bueno y a la vez que puede conducir al vicio. Esto se debe a que el hombre no tiene una naturaleza simple, sino compleja. Por esto hay varias dificultades, pero al final se puede decir con Espeusipo que el placer no es el bien supremo, y con Eudoxo que sí es un bien.
[editar]Libro VIII: Sobre la amistad
El libro VIII está dedicado al tema de la amistad que define como un fenómeno universal y necesario a todo humano. Es más excelsa que la justicia porque puede existir sin ella. Pero no todos están de acuerdo sobre su naturaleza. Según Aristóteles, la amistad es virtud o algo acompañada de virtud. Su principio consiste en una benevolencia recíproca. Se ama algo porque es bueno en sí, bueno para mí, o agradable y lo respete tal y como es,lo acompaña en las buenas y en las malas. La amistad requiere ser el uno para el otro, requiere reciprocidad. Por tanto, el amor de amistad necesita que el amigo quiera al otro. Sin embargo, resultar agradable o ser útil son situaciones más pasajeras que el ser honesto. La verdadera amistad -de la cual los otros dos tipos participan analógicamente es la amistad honesta, que busca al otro por lo que el otro es y no porque sea bueno para mí o porque me dé algún placer. Esta amistad es un estado superior a una actividad o a una emoción, pues perdura en el tiempo entre dos personas con la elección racional de ambas.
Después de considerar la amistad en general, Aristóteles explica diversos tipos de amistad a partir de la igualdad y de la reciprocidad que son sus elementos propios.
[editar]Libro IX: Sobre la amistad (cont.). La amistad relativa a sus causas y a la felicidad
Tras analizar la definición de la amistad, Aristóteles quiere mostrar sus características y el modo en que se relaciona con la ética. La amistad es recíproca, y lo que uno da el otro lo debe de pagar de alguna manera. La desigualdad y la decepción rompen las amistades y este efecto sirve para mostrar la raíz de la amistad.
El fundamento de la amistad es el amor verdadero a sí mismo. Cada hombre bueno es amigo de sí porque disfruta de su pasado y de su futuro, mientras que el malvado está en guerra constante dentro de sí, y entonces la amistad es difícil. Si alguien se ama a sí mismo, sabrá amar a los demás, y por eso puede comenzar una amistad. El primer principio es la buena voluntad, pero no es suficiente, ya que requiere también el afecto y la intimidad. Otro principio es el sufrimiento, ligado al afecto, y estriba en que uno ama más lo que más le ha costado, de tal manera que en una relación de bienhechor con beneficiado, es el bienhechor quien ama más, pues ha empleado lo que le pertenecía para el bien del otro.
Este amor a sí mismo tiene que ser verdadero. El falso amor de sí se llama egoísmo. El amor verdadero se encuentra en buscar el fin verdadero para el hombre, que es el intelecto, lo noble. Así se podrá sacrificar por sus amigos. Pero como busca el verdadero fin, también sus amigos buscarán el mismo fin, pues el hombre busca lo que le asemeja, y si tuvieran diversos fines, la convivencia no sería posible.
Los amigos virtuosos son necesarios para la felicidad, pues el hombre es un "animal social", necesitado de otros seres humanos de quienes depende y con quienes puede compartir. Los amigos son el bien externo más grande para el hombre.
[editar]Libro X: Naturaleza del placer y de la felicidad
Aristóteles comienza el último libro retomando el tema del placer del libro siete, debido a la importancia que esta tiene en relación con la felicidad y su correcta definición. El placer es lo que completa una actividad como consecuencia, y no como si la actividad fuera el placer. Para obrar éticamente, para llegar a la verdadera felicidad, el placer tiene que regirse por la actividad característica del ser humano. Así, el hombre perverso encontrará placer en lo que no es un bien, mientras que el hombre bueno lo encontrará en el bien.
Entonces, la felicidad es una actividad que tiene fin en sí y no en otra actividad, y además es autosuficiente y se actúa de acuerdo con la virtud. La felicidad no es la actividad en consonancia con cualquier virtud, sino con la más excelsa virtud, y ésta dependerá de la facultad más excelsa: en el caso del hombre el intelecto. Por tanto, la felicidad es la vida de acuerdo con el intelecto, o la contemplación acompañada por los demás aspectos propiamente humanos (amistad, bienestar, etc.).
Pero Aristóteles había dicho que se requiere la virtud, y no deja de lado este aspecto esencial, sino que muestra que la felicidad misma se encuentra también, pero de modo análogo, en la virtud del carácter, de modo que los hábitos de virtud que se han logrado conllevan el placer. Además, la contemplación se logra en esta vida solamente con las virtudes.
Para llegar a formar el hábito necesario a esta felicidad, se necesita la educación, y esto requiere una legislación. Pero para formular leyes buenas, se requiere la experiencia. Por ello, hace falta estudiar la política y con esta invitación, Aristóteles concluye su obra.
[editar]Recepción



Tomás de Aquino es uno de los más importantes comentadores de la Ética a Nicómaco.
La filosofía ética surgida de estos tratados de Aristóteles es conocida como eudemonismo debido al lugar que ocupa la noción de felicidad como finalidad del acto moral. Sin embargo, hay que aclarar que la felicidad de la que se habla aquí es la contemplación, una virtud sólo parcial, porque en sí no comporta el ser bueno, sino el actuar bien con el intelecto. Por otro lado y a modo de complemento está la necesidad de llegar a la virtud de carácter, que implica vivir la prudencia y la justicia.
Para los filósofos posteriores, la Ética a Nicómaco ha sido siempre una obra fundamental, estén o no de acuerdo con sus postulados. La ética de Aristóteles ha llevado a diversas conclusiones. Al inicio llevó a sus seguidores al materialismo. Los filósofos árabes Avicena y Averroes la usaron y por medio de ellos llegó al escolasticismo del siglo XIII con autores como Alberto Magno y Tomás de Aquino, quienes la transformaron en uno de los fundamentos naturales de la ética. Otros han rechazado esta ética explícitamente, como los estoicos y los epicúreos.
Su éxito se puede ejemplificar con la sentencia tan repetida: "en el medio está la virtud" y la concepción de la felicidad como fin y consecuencia de virtud. También se expone la idea de placer y felicidad que van ligados.

lunes, 20 de febrero de 2012

Aprende del Fracaso y de La Dificultad: Jesús Marmol

Esta obra es para Ti, tanto si te sientes fracasad@, como si sientes que tu vida no te llena -ya seas una persona de la calle, un educador, un emprendedor, un directivo o un empresario que debe hacer frente a los retos de la vida.

Si te encuentras perdid@, pero no puedes volverte hacia atrás, y al mirar hacia los lados y hacia delante sientes vértigo, no eres un fracasado ni estás enferm@, es tan solo que te encuentras en medio del puente de tu transición. Detrás de ti dejaste la naturaleza que ya no eres, y frente a ti, una vez que atravieses el puente, se encuentra tu nueva naturaleza. Tal vez te sientas perdid@, porque aún estás en un punto indefinido del puente. Quizá te sientas inquiet@ y con ciertos temores, porque ese puente es colgante.

Este libro no quiere solo alumbrar la naturaleza de tus experiencias, sino que te da pautas para atravesar exitosamente tu transformación personal y te muestra ciertos secretos del universo con el fin de que puedas alcanzar tus sueños, reencontrarte con tu poder interior y generar tu propia realidad.

Jesús A. Mármol (Tarragona, 1971) es autor del método "El Poder Transformador del Fracaso". Escritor, training coaching seminars, consultor en comunicación y marketing, ex directivo empresarial y ex redactor y director de diversos periódicos económicos.
Autor de diversos libros. De ensayo filosófico: Introducción a Nietzsche. Período Romántico (1993) y La velocidad, señora del espacio-tiempo (1988). De poesía: Asceta Urbà (1995) y Ya te dije que estaba enfermo -con Nani Blasco- (1996). De novela: La reliquia musulmana del Císter (2011). El Poder Transformador del Fracaso (Silva Editorial, 2011) es su primera obra de autoayuda.

El Poder Transformador del Fracaso Jesús A. Mármol
Silva Editorial, 2011

Arturo Eduardo Agüero: Las Emociones que nos enferman

TÍTULO: LA EMOCIONES QUE ENFERMAN
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AUTOR: EDUARDO AGUERO, ARTURO
ISBN/EAN: 9788492981335
PRECIO: 16,00 € - 5% = 15,20 € (TODOS NUESTROS PRECIOS INCLUYEN EL IVA)
(Los precios son orientativos. Pueden ser cambiados sin previo aviso por los fabricantes, importadores o editores.)
(No todos los libros y productos están disponibles en la librería. Antes de venir, confirme su existencia previamente por teléfono -91 578 4433- o por correo electrónico )


Trastornos psicosomáticos y autodestrucción

¿Por qué sufrimos?
¿Qué males provoca el estrés?
¿Cómo decodificar el lenguaje del cuerpo?
¿Cuáles son las emociones que nos enferman?
La ira, el odio, la sobreadaptación y el conflicto son factores de producción de muchas dolencias.
Las enfermedades autoinmunes como el cancer y el Alzheimer también manifiestan en su historial previo una gran carga emocional.
El Dr. Agüero explica, en un lenguaje simple y preciso, cómo se gestan las enfermedades psicosomáticas, describe sus componentes emocionales y define estrategias eficaces para prevenirlas y tratarlas.
El libro incluye una lista de síntomas psicosomáticos y otra de enfermedades por autodestrucción.
Dr. Arturo Eduardo Agüero
Médico egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Egresado de la Residencia para Médicos Psiquiatras del Instituto Nacional de Salud Mental. Especialista en Psiquiatría, título otorgado por el Ministerio de Salud Pública en 1983. Docente de la Cátedra de Psicopatología, Facultad de Psicología, U.B.A. Médico de la Sala de Admisión y Consultorios Externos del Hospital Nacional José T. Borda. Director del Hospital
Nacional Neuropsiquiátrico Diego Alcorta en Santiago del Estero. Jefe de Equipo de Psicopatología del Centro Integral de Nefrología y Trasplantes (CINT DAOMI). Como investigador presentó numerosos estudios dentro del campo de la Psiquiatría General y de la Psicosomática, de esos trabajos surge su primer libro.

***

Escala
Escalera
Escuela
Esqueleto

Escala y escalera, para el aprendizaje.
Escuela de una implacable sabiduría.
O tan sólo estructura y soporte de un brevísimo tiempo de vida.
A través de estos cuatro tiempos, el hombre advierte que lo que no pueda resolver desde la autoconciencia, el cuerpo lo hablará primero con síntomas que son gestos y luego con enfermedades.
La enfermedad es un profundo, enorme discurso de nuestro cuerpo, que -entre el silencio de la concepción y el silencio de la muerte- no cesa de hablar incansablemente buscando el equilibrio.
La palabra, que es sonido, que es sistema, que es signo, es también información acústica que nos trae con ella el desde dónde nace y el qué la hace nacer.
Las palabras traen remanencias de los sentimientos que las han engendrado y siempre revelan, nos revelan. Y a veces se rebelan contra nosotros que las pronunciamos.
Sin la palabra no hay fundación del ser.
Al llegar a la vida, al mundo, está el grito-palabra. Y al morir, la muerte es lo que es porque, al robarnos de pronto todas las palabras, nos torna invisibles.
Rocío DOMÍNGUEZ MORILLO
PALABRAS INICIALES

Hace unos cuantos años, con un amigo y compañero de guardias al que apodábamos humorísticamente «el Cura», recorríamos los viejos pabellones de un hospital psiquiátrico con una consigna un tanto singular: encontrar, en las historias clínicas de los pacientes interna-dos, el cáncer. Al menos algún cáncer.
Ahora que vuelvo mi mirada hacia esos años, nos veo como no-veles detectives que buscaban la pista para descifrar un enigma. In-tentábamos confirmar una premisa un tanto desafiante que el propio «Cura», una lluviosa tarde de mayo, me había revelado: «El cáncer es un suicidio a nivel celular». «¿Y eso? -le pregunté-. ¿Qué quieres decir con eso?» «Muy simple. Aquí los enfermos, en cierto modo, están suicidados mentalmente... entonces en ellos no existe el cáncer.»
De golpe me vi asediado por esta frase, que todavía tengo frente a mí. Después, nuestros caminos se separaron y seguí solo con la ta-rea y la inquietud que en un comienzo compartimos.
Empecé por enfocar las enfermedades mentales más serias -esquizofrenia, demencia, psicosis maníaco-depresiva, trastornos bipolares- y comprobé que, en su mayoría, quienes las sufrían no padecían cáncer ni otras enfermedades orgánicas graves; cuando lo hacían era porque habían mejorado notablemente de su enfermedad mental. Más tarde entendí que esto no es una regla fija y terminante. Es sólo una tendencia que tienen los enfermos mentales a no padecer cáncer. Una llamativa y persistente tendencia.
Después pasé de aquellas enfermedades psicológicamente destructivas a las más leves, como las neurosis, que son las que en una u otra medida aquejan a casi todos los seres «normales». Enseguida me topé con las enfermedades que la medicina llama psicosomáticas y con otras que deja fuera de ese rótulo porque no las considera de origen psíquico, sino puramente orgánicas: la diabetes, la hipertensión, la artritis reumatoidea y el propio cáncer, por nombrar sólo algunas.
En las salas de varios hospitales y del antiguo sanatorio Güemes mantuve contacto con pacientes afectados por enfermedades clínicas (no mentales) de todo tipo. Les hice preguntas sobre su enferme-dad orgánica y me interesé por su vida, sus proyectos, sus esperan-zas, sus sueños... Así fui construyendo y recopilando historias.
Además, leí con cierta avidez lo que reconocidos investigadores en esta rama de la medicina y de la psiquiatría han publicado sobre las enfermedades psicosomáticas. Procuré -como seguramente antes lo hicieron ellos- desmenuzar sus teorías, comprobarlas y dar, con este libro, un paso más allá.
SUICIDIO Y AUTODESTRUCCIÓN

Mientras transitaba por ese paisaje hospitalario-sanatorial poblado de enfermedades y de enfermos -y de muertos por esas enfermedades-, siempre tuve presentes las palabras de mi amigo «el Cura». Y, al estudiar los caminos que llevan a la muerte física y a la parálisis y destrucción de órganos y procesos vitales, estudié, asimismo, las similitudes y diferencias entre el suicidio y la autodestrucción.
Si con el propósito de distinguirlos hubiese que poner de relieve una sola particularidad de cada uno, habría que ubicar el suicidio -el hecho de darse muerte por mano propia- en el campo de una modalidad predominantemente consciente. Esto no significa dejar de lado el gran componente de lo inconsciente que subyace en todoactuar consciente. Pero sí que en el suicidio «típico» prevalece la ver-tiente consciente.
De la autodestrucción, en cambio, podríamos decir que es un proceso que se desarrolla en la vertiente inconsciente y que, además, afecta al cuerpo humano de diversas formas, desde alteraciones leves en la piel y algunos tejidos, hasta tumores graves en ciertos órganos.
Esta cuestión de lo inconsciente como causa llevó a que se diera la denominación de «psicosomáticas» a aquellas enfermedades del cuerpo en que se presumía que lo psíquico contribuía principalmente a su producción. Por las razones antedichas y por otras que ex-pondré más adelante, sostengo que es más acertado llamarlas enfermedades «por autodestrucción».
Esas afecciones se han conocido desde sus comienzos como psicosomáticas. No pretendo cambiar ahora ese nombre por este nuevo de enfermedades por autodestrucción. Esto será, sin duda, motivo de un largo debate en el tiempo, y está lejos de mi intención abrir desde estas páginas una polémica en torno a estos conceptos. Ya lo he he-cho en otro contexto. Aquí tan sólo quiero presentar lo que he explorado desde aquella tarde otoñal. No obstante, señalo que el clásico nombre de «psicosomáticas» lleva a pensar que la enfermedad se inicia en lo psíquico y luego se traslada a lo somático, lo que no es exacto, ya que el organismo humano es esencialmente uno; algo que, aunque parezca obvio, no está de más reiterar.
Para mayor claridad diré que el término «autodestrucción» define la tendencia de un proceso -pocas veces claro y casi siempre inconsciente- general de todo el organismo, que produce en células, tejidos, órganos y cuerpo un cambio por el que se va destruyen-do su propia organización.
No sé si alguien podría suscribir hoy lo que declaraba mi amigo «el Cura»: «El cáncer es un suicidio a nivel celular». No estoy afirmando que el cáncer tenga un origen determinado y que este origen sea necesariamente psicológico o anímico. El cáncer es una reacción celular y orgánica frente a diversos factores. Y un grupo de esos fac-
tores tiene que ver con el tema de este libro. Las historias de pacientes que han padecido esa pesada y seria enfermedad me han inclina-do a pensar que, en un buen número de casos, detrás de ella se esconde un grueso componente psicológico.
El mismo componente se encuentra en enfermedades crónicas como la artritis reumatoidea, la tiroiditis, el lupus eritematoso, algunas diabetes mellitus y otras afecciones tanto inflamatorias como degenerativas. A éstas la medicina les ha puesto el nombre de enfermedades por autoinmunidad. Cada vez hay más enfermedades por autoinmunidad, y cada vez estoy más convencido de que esta auto-inmunidad tiene un alto ingrediente psicológico o emocional.
MOSTRAR EL CAMINO

Desde mi ventana me parece ver la misma lluvia de ese otoño. Sólo que antes esa lluvia me traía, junto con aquella frase sobre el cáncer, un raudal de preguntas. Hoy me acerca algunas respuestas que son las que quiero expresar, y no a los entendidos, porque los entendidos no entienden.
Hay enfermedades distintas, diferentes. Están en los hospitales, en los sanatorios y, también, en muchos hogares. Este libro es un intento de explicar, de un modo comprensible incluso para los que no poseen conocimientos específicos, cómo se produce una enfermedad orgánica.
No es un tema fácil de exponer. Sin embargo, trataré de hacerlo porque existe en mí una honda convicción, casi una certeza: la enfermedad enturbia y apaga la vida de los seres humanos; la salud nos aproxima a la luz. La enfermedad es un camino perdido, desviado... Entonces, este libro aspira a mostrar el camino hacia el manantial dorado de la salud.
Desde allí, otro camino conduce a la profundidad del ser, a la íntima morada del hombre. Es más recóndito, más dificil de descubrir. Corresponde a un sonido nuevo, a una «música» que el ser humano no ha desarrollado del todo y que todavía no ha podido escuchar con claridad: la música del habla, la residencia de nuestro ser.
¿Podremos llegar a escuchar esa música? Mi esperanza es que alguien pueda hacerlo. Oírla.
Ahora debo concluir estas líneas porque, desde mi ventana, la lluvia me trae el eco de unas palabras: «El cáncer es un suicidio a nivel celular».
ARTURO EDUARDO AGÜERO
Buenos Aires, noviembre de 2009
ÍNDICE

Agradecimientos 13
Palabras iniciales 17
CAPÍTULO 1
El campo psicosomático 23
CAPÍTULO 2
Las características del enfermar 33
CAPÍTULO 3
El factor psíquico 47
CAPÍTULO 4
El factor genético 61
CAPÍTULO 5
Las enfermedades autoinmunes 73
CAPÍTULO 6
El potencial enfermante del estrés 81
CAPÍTULO 7
Los agentes productores 101
CAPÍTULO 8
El lenguaje de los órganos 133
CAPÍTULO 9
Tratamiento de las enfermedades psicosomáticas 153
ANEXO
Listado de síntomas y enfermedades por autodestrucción .. 161
BIBLIOGRAFÍA 191