martes, 6 de septiembre de 2011

Buenafuente 953 - 5/5 (Joaquín Lorente)

domingo, 4 de septiembre de 2011

Carlos Fuentes y Sergio Ramirez

A criterio de Gerardo Guinea Díez, premio Nacional de Literatura Guatemalteca 2009, es importante apreciar las obras de Carlos Fuentes, Sergio Ramírez, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, para identificar la tendencia literaria actual en Iberoamérica.

“Uno de los principales problemas para conocer las novedades editoriales es que la producción es tan grande que es difícil identificar a los nuevos valores”, expone Guinea.

Talentos reconocidos

España aporta para el enriquecimiento de las Letras a los escritores Arturo Pérez Reverte (1951) y Javier Marías (1951), por sus originales estilos.

Pérez Reverte, también periodista, ha destacado con sus obras La reina del sur, El asedio y Ojos azules, que han acreditado su prolífica carrera.

“Actualmente, los narradores se enfocan en la llamada narcoliteratura, que representa la estética de un fenómeno social determinado”, asevera Gloria Hernández, escritora guatemalteca. “Este nuevo género surge de la violencia en Latinoamérica”, agrega.

En este escenario se encuentra el realismo del colombiano Fernando Vallejo con La virgen de los sicarios, la cual fue llevada al cine, para mostrar la lúgubre vida en la ciudad de Medellín. El autor fue galardonado la semana recién pasada durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), por su carrera literaria.

Hernández destaca en su lista de preferidos al hondureño Horacio Castellanos Moya (1957), a la periodista española Rosa Montero (1951) y a la cubana Zoé Valdés (1959).

Para Guinea Díez, el argentino Ricardo Piglia (1941) “tiene un estilo extraño, pero no deja de ser bueno”.

Según refiere Sebastián Pujol, periodista cultural argentino, Alejandro Dolina (1944), se suma al elenco de emergentes figuras literarias al ser uno de los cuentistas más representativos de Argentina.

Arturo Perez Reverte: A Zapatero

No quiero, señor presidente, que se quite de en medio sin dedicarle un recuerdo con marca de la casa. En esta España desmemoriada e infeliz estamos acostumbrados a que la gente se vaya de rositas después del estropicio. No es su caso, pues llevan tiempo diciéndole de todo menos guapo. Hasta sus más conspicuos sicarios a sueldo o por la cara, esos golfos oportunistas -gentuza vomitada por la política que ejerce ahora de tertuliana o periodista sin haberse duchado- que babeaban haciéndole succiones entusiastas, dicen si te he visto no me acuerdo mientras acuden, como suelen, en auxilio del vencedor, sea quien sea. Esto de hoy también toca esa tecla, aunque ningún lector habitual lo tomará por lanzada a moro muerto. Si me permite cierta chulería retrospectiva, señor presidente, lo mío es de mucho antes. Ya le llamé imbécil en esta misma página el 23 de diciembre de 2007, en un artículo que terminaba: «Más miedo me da un imbécil que un malvado». Pero tampoco hacía falta ser profeta, oiga. Bastaba con observarle la sonrisa, sabiendo que, con dedicación y ejercicio, un imbécil puede convertirse en el peor de los malvados. Precisamente por imbécil.

Agradezco muchos de sus esfuerzos. Casi todas las intenciones y algunos logros me hicieron creer que algo sacaríamos en limpio. Pienso en la ampliación de los derechos sociales, el freno a la mafia conservadora y trincona en materia de educación escolar, los esfuerzos por dignificar el papel social de la mujer y su defensa frente a la violencia machista, la reivindicación de los derechos de los homosexuales o el reconocimiento de la memoria debida a las víctimas de la Guerra Civil. Incluso su campaña para acabar con el terrorismo vasco, señor presidente, merece más elogios de los que dejan oír las protestas de la derecha radical. El problema es que buena parte del trabajo a realizar, que por lo delicado habría correspondido a personas de talla intelectual y solvencia política, lo puso usted, con la ligereza formal que caracterizó sus siete años de gobierno, en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no en sinvergüenzas que, pese a que su competencia los hacía conscientes de lo real y lo justo, secundaron, sumisos, auténticos disparates. Y así, rodeado de esa corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles, hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen cola en las oficinas del paro.

Pero no sólo eso, señor presidente. El paso de imbécil a malvado lo dio usted en otros aspectos que en su partido conocen de sobra, aunque hasta hace poco silbaran mirando a otro lado. Sin el menor respeto por la verdad ni la lealtad, usted mintió y traicionó a todos. Empecinado en sus errores, terco en ignorar la realidad, trituró a los críticos y a los sensatos, destrozando un partido imprescindible para España. Y ahora, cuando se va usted a hacer puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente, y tal vez en manos de la derecha conservadora para un par de legislaturas. Con monseñor Rouco y la España negra de mantilla, peineta y agua bendita, que tanto nos había costado meter a empujones en el convento, retirando las bolitas de naftalina, radiante, mientras se frota las manos.

Ojalá la peña se lo recuerde durante el resto de su vida, si tiene los santos huevos de entrar en un bar a tomar ese café que, estoy seguro, sigue sin tener ni puta idea de lo que vale. Usted, señor presidente, ha convertido la mentira en deber patriótico, comprado a los sindicatos, sobornado con claudicaciones infames al nacionalismo más desvergonzado, envilecido la Justicia, penalizado como delito el uso correcto de la lengua española, envenenado la convivencia al utilizar, a falta de ideología propia, viejos rencores históricos como factor de coherencia interna y propaganda pública. Ha sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta en lo de irse o no irse mintió también, como en todo. Ha sido el payaso de Europa y la vergüenza del telediario, haciéndonos sonrojar cada vez que aparecía junto a Sarkozy, Merkel y hasta Berlusconi, que ya es el colmo. Con intérprete de por medio, naturalmente. Ni inglés ha sido capaz de aprender, maldita sea su estampa, en estos siete años.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Carlos Fuentes: Cervantes abrió el camino

El escritor mexicano Carlos Fuentes, quien acaba de publicar en España el ensayo La gran novela latinoamericana, considera que Cervantes “abrió el camino” a todos los novelistas actuales.

En una entrevista el autor confesó que lee el Quijote todos los años, “por una cuestión de salud personal”, y tiene siempre la sensación de “leerlo por primera vez”. “Cervantes –continúa– te permite saber lo que no puedes hacer como escritor, porque él ya lo hizo mejor, pero también te da pistas de lo que puedes hacer, porque él abrió el camino”.

El trabajo que publica con editorial Alfaguara, después de que sus editores norteamericanos le pidieron un ensayo sobre sus lecturas latinoamericanas, es una obra que ha salido en inglés y español y que, puntualiza, “no tiene una finalidad académica”. Fuentes propone un recorrido por la evolución de la novela en Latinoamérica, desde el descubrimiento del continente hasta nuestros días.

En ese recorrido tiene una especial importancia Jorge Luis Borges, quien junto a Carpentier y Lezama Lima “abren la brecha para el boom que llegará después”, un boom que dará a conocer la literatura latinoamericana en todo el mundo, hasta el punto de que si hace unas décadas sólo había tres escritores mexicanos editados en Francia (Juan Rulfo, Octavio Paz y el propio Fuentes), en el Salón de París de 2008, dedicado a México, “se presentaron unos 40, de los que 20 ya tenían obra publicada”.

Sobre los efectos del boom, Fuentes opina que su gran aportación fue “escribir un puñado de buenos libros que han aguantado el paso del tiempo y liberar a la novela de la herencia naturalista y realista del siglo XIX”.

La única novela latinoamericana, del siglo XIX que se salva, señala el escritor es Blas Cubas, de Machado de Assís, porque “reconoció el parentesco que tenía con Cervantes”.

Carlos Fuentes: Una Dictadura Perfecta del Pri

En 2004, Carlos Fuentes presentó un libro, recopilación de artículos periodísticos, titulado Contra Bush. Las cosas estaban claras: era el momento álgido de la protesta contra la invasión de Irak, ordenada por el entonces presidente norteamericano, y el escritor mexicano se despachaba a gusto contra el líder del Trío de las Azores. El mundo todavía podía explicarse en función de unos valores, a favor o en contra, y Fuentes tomaba partido.


México
A FONDO
Capital: Ciudad de México.
Gobierno:República Federal.
Población:109,955,400 (est. 2008)
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En estos siete años el mundo ha cambiado hasta hacerse irreconocible, admite.

"No sé nada, no sé lo que está pasando. Hay una especie de hartazgo con los partidos políticos, se está buscando algo nuevo entre gente muy joven y vamos a llevarnos sorpresas. Estamos frente a uno de esos cambios, como los de 1848 o 1868, en los que el mundo se transforma y nadie sabe en qué dirección. Es otro mundo. Sé que están pasando muchas cosas, pero no se qué está pasando".

Fuentes (Panamá, 1928) ha estado en Barcelona para presentar sus dos últimos libros: el ambicioso ensayo La gran novela latinoamericana y el volumen de relatos Carolina Grau, ambos publicados por Alfaguara. En el primero recorre la historia de la narrativa latinoamericana, de Rubén Darío a Borges, pasando por los escritores del boom, a cuya generación pertenece, "el búmeran, el post-boom y el crack", hasta llegar a la actualidad, que considera imposible de clasificar. "Lo que hay ahora es una diversidad. La variedad es demasiado grande como para agruparla bajo un único nombre", señala. Tal vez por eso no incluye en su ensayo a uno de los más notables escritores -al menos a decir de los críticos- del pasado reciente, el chileno Roberto Bolaño, aunque a esta pregunta prefiere responder con un simple "no está, simplemente porque no lo he leído, y no me gusta opinar de lo que no conozco". Admite, eso sí, que en cuento tenga un poco de tranquilidad, leerá al autor de Los detectives salvajes.

Sigue muy de cerca lo que sucede es su país, México, y especialmente la impresionante erupción de violencia relacionada con el narcotráfico. "Siempre han existido las bandas de narcos en México", asegura, "pero los anteriores Gobiernos las ponían a pelearse entre sí. El actual presidente, Vicente Calderón, decidió enfrentarse a ellas y ha sido una mala política porque han derrotado a la policía, están derrotando al ejército y el presidente se está quedando sin barajas". El autor de Cambio de piel ironiza con la posibilidad de combatir la violencia con mayores dosis de violencia: "Traer a México a policías franceses, israelíes o a los de la antigua RDA que llevan muchos años de vacaciones...".

Pero su apuesta va -como la de muchos otros líderes latinoamericanos- en la dirección de la despenalización de las drogas. "Soy de los que piden que se tomen paulatinamente medidas para la despenalización . Es una solución pacífica, porque el problema de la droga nos viene dado por la existencia de quienes la consumen, los ciudadanos de Estados Unidos, al otro lado de la frontera. Una vez ha cruzado ya no podemos hacer nada". En EE UU, en su opinión, la droga es una cuestión estabilizada que no causa graves problemas ni sociales ni criminales, lo que ya le va bien a las autoridades norteamericanas. El problema es para México; no desde el punto de vista del consumo, sino por el de la criminalidad.

Piensa que México ha dejado de ser "una dictadura perfecta del PRI, como lo llamó Mario Vargas Llosa y se convirtió en una democracia muy imperfecta". Ahora se enfrenta a problemas muy graves, añade, que si no los resuelve el próximo presidente pueden acabar siendo resueltos "por otros, y no quiero pensar en qué y quiénes intervengan para poner el orden en México". Por esta razón considera que es muy importante que las próximas elecciones "sean creíbles, democráticas y con un buen candidato".

¿Cuál es el buen candidato?, le pregunta el periodista. "Marcelo Ebrard", responde sin dudarlo.

jueves, 1 de septiembre de 2011

The Happiness Challenge Week Two

Miguel Servet

Miguel Servet, llamado también Miguel de Villanueva, Michel de Villeneuve o, en latín, Michael Servetus (su nombre auténtico era Miguel Serveto y Conesa, alias «Revés») (Villanueva de Sigena, Huesca, 29 de septiembre de 15111 – Ginebra, 27 de octubre de 1553) fue un teólogo y científico español.
Sus intereses abarcaron muchas ciencias: astronomía, meteorología, geografía, jurisprudencia, teología y el estudio de la Biblia, matemáticas, anatomía y medicina. Parte de su fama posterior se debe a su trabajo sobre la circulación pulmonar descrita en su obra Christianismi Restitutio.
Participó en la Reforma Protestante y desarrolló una cristología contraria a la Trinidad. Repudiado tanto por los católicos como por los protestantes fue arrestado en Ginebra, sometido a juicio y condenado a morir en la hoguera por orden del Consejo de la ciudad, cuando en ella predominaba la influencia de Juan Calvino.
Contenido [ocultar]
1 Nacimiento y años de formación
2 Primeras obras teológicas
2.1 De los errores acerca de la Trinidad: estructura y contenido
2.2 Diálogos sobre la Trinidad y De la Justicia: estructura y contenido
3 Tiempo de ocultación
4 La Restitución del Cristianismo
5 Juicio en Ginebra y muerte
6 Consecuencias de la ejecución de Servet
7 Monumentos e instituciones a la memoria de Miguel Servet
8 Adaptaciones
9 Referencias
10 Enlaces externos
10.1 Ediciones en la red
[editar]Nacimiento y años de formación



Fachada de la casa natal de Miguel Servet en Villanueva de Sigena, sede del Instituto de Estudios Sijenenses "Miguel Servet"/Michael Servetus Institute y centro de investigación de su vida y obra.
Actualmente existe un consenso casi general en situar el lugar de nacimiento de Servet en Villanueva de Sigena, aunque hay investigadores que mantienen la opinión de que nació en Tudela de Navarra, basándose en los documentos en que Servet se atribuía dicho origen mientras mantenía en Francia la falsa identidad de Michel de Villeneuve, que haría alusión a su localidad natal, Villanueva de Sigena, donde se conserva la casa familiar, hoy convertida en centro de interpretación.2
Fue hijo de Antón Serveto, noble infanzón3 y notario del Monasterio de Sigena, y de Catalina Conesa, que por línea materna descendía de la familia judeoconversa de los Zaporta. Tenía dos hermanos menores: Pedro, quien continuó con la notaría paterna, y Juan, que fue ordenado sacerdote.
Joven con dotes sobresalientes para las letras y gran conocedor del latín, griego y hebreo, Miguel abandonó su población de origen para ampliar estudios, quizá en el castillo de Montearagón.4 Es aceptado como pupilo por fray Juan de Quintana, quien llegaría a ser confesor de Carlos I. Tras una estancia en Tolosa (Francia) para realizar estudios de Derecho, donde entra por primera vez en contacto con círculos próximos a la Reforma, viaja con Quintana por Italia y Alemania como parte del séquito imperial y presencia la coronación de Carlos V como emperador en Bolonia (1530).
[editar]Primeras obras teológicas

Posteriormente abandona a su mentor e inicia un periplo por varias ciudades de Centroeuropa afines al naciente protestantismo. Establece una relación cada vez más difícil y polémica con algunos líderes reformadores, como Ecolampadio de Basilea, y se dirige más tarde a Estrasburgo, donde se relaciona con Bucer, y a Hagenau (ciudad alsaciana entonces perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico).
En 1531 publica De Trinitatis Erroribus (De los errores acerca de la Trinidad), que produjo gran escándalo entre los reformadores alemanes.4 Tampoco caló bien en su patria, ya que Servet tuvo la osadía de enviar una copia al obispo de Zaragoza, quien no tardó en solicitar la intervención de la Inquisición. El año siguiente publicó Dialogorum de Trinitate (Diálogos sobre la Trinidad), acompañado de una obra suplementaria, De Iustitia Regni Christi (Sobre la Justicia del Reino de Dios). Otro opúsculo atribuido a Servet, aunque de datación imprecisa, es Declarationis Iesu Christi Filii Dei (Declaración de Jesucristo Hijo de Dios), también conocido como «Manuscrito de Stuttgart».5
[editar]De los errores acerca de la Trinidad: estructura y contenido


Edición de los Errores acerca de la Trinidad.
En esta obra, dividida en siete libros o capítulos, Servet argumenta que el dogma de la Trinidad carece de base bíblica, ya que no se halla en las Escrituras, sino que es fruto posterior de elucubraciones de «filósofos». Basándose en abundantes citas de la Biblia, Servet concluye que Jesús es hombre en tanto que nacido de mujer, por más que su nacimiento fuese milagroso. A su vez, Jesús es también hijo de Dios, en tanto que su nacimiento es el fruto de la fecundación por el Logos divino de la Virgen María.
Niega así Servet, por tanto, que el Hijo sea eterno, ya que fue engendrado como tal en la encarnación, aunque es divino por gracia de Dios, su Padre. Tampoco es, pues, una Persona de la Trinidad, cuya existencia niega vehementemente definiéndola como «tres fantasmas» o «Perro Cerbero de tres cabezas». Asimismo califica a los que creen en tal doctrina como «ateos, es decir, sin Dios» y «triteístas». A su vez, el Espíritu Santo no sería una tercera Persona trinitaria, sino la fuerza o manifestación del espíritu de Dios tal como actúa en el mundo a través de los hombres.
[editar]Diálogos sobre la Trinidad y De la Justicia: estructura y contenido
Obra de tamaño y ambición inferiores a Errores..., Diálogos está estructurada en dos libros como una conversación ficticia entre dos personajes: Miguel (el propio autor) y un tal Petrucho. Según Servet, la escribe para despejar las dudas e inquietudes sembradas por su obra anterior, que a su juicio se deben «a mi propia impericia y a la negligencia del tipógrafo». A diferencia de lo afirmado en Errores..., Servet dice que Jesús no es sólo divino por gracia, sino también por naturaleza, aunque aclara que sólo en tanto que participa de la sustancia divina de su Padre.
A su vez, en el opúsculo De la Justicia del Reino de Dios incluido al final, explica entre otras cosas la complementariedad entre fe y caridad, pues, aunque la justificación del creyente es sólo por la fe, la caridad y las buenas obras son encomiables y complacen a Dios, aspecto en el que se diferencia claramente de Lutero y otros reformadores protestantes. Al final se encuentra uno de los textos por los que Servet es considerado como adalid de la tolerancia y la libertad de conciencia, ya que afirma que «ni con estos ni con aquellos estoy de acuerdo en todos los puntos, ni tampoco en desacuerdo. Me parece que todos tienen parte de verdad y parte de error y que cada uno ve el error del otro, mas nadie el suyo... Fácil sería decidir todas las cuestiones si a todos les estuviera permitido hablar pacíficamente en la iglesia contendiendo en deseo de profetizar».6
[editar]Tiempo de ocultación

Miguel Servet se dirige a Lyon. Había estado brevemente en París, donde un encuentro previsto, pero finalmente no efectuado, con Calvino se transforma en el inicio de una relación epistolar entre ambos. Servet llega a Lyon con una nueva identidad, Michel de Villeneuve, supuestamente originario de Tudela de Navarra, para evitar las persecuciones de la Inquisición española. Estuvo empleado en una imprenta, primero como corrector de pruebas. En 1535 le encargaron la publicación y anotación de la Geografía de Claudio Ptolomeo, lo que llevó a cabo dando pruebas de su gran erudición. En Lyon fue la etapa más feliz de su vida. Conoció al médico Symphorien Champier, quien le anima a estudiar Medicina y fue a París.
En 1537 se matricula en la Universidad de París para estudiar Medicina. Allí estudia junto a los grandes médicos de la época, enseñando Matemáticas y Medicina en la Universidad. Sin embargo, pronto se encuentra en dificultades, puesto que dicta un curso de Astrología, en el que defendía la influencia de las estrellas en los eventos futuros (astrología judiciaria), lo cual, junto con un opúsculo en el que describe el uso de jarabes para administrar los remedios de la época, le enfrenta con la comunidad universitaria.
Deja de nuevo París y reside en diversas localidades de Francia, hasta que en Lyon se encuentra con el arzobispo de Viena del Delfinado, Pedro Palmier, al que había conocido previamente en París. De esta forma entra a su servicio como médico personal en 1541.4
[editar]La Restitución del Cristianismo



Portada de su obra Christianismi restitutio (1553).
En Vienne de Isère, Servet se dedica a proseguir sus estudios y publicaciones y prepara en secreto la que será su obra cumbre. Prosigue su correspondencia con Calvino, a quien envía una primera versión de su libro, Christianismi Restitutio (Restitución del Cristianismo), de carácter fundamentalmente teológico, en espera de sus comentarios (1546). El concepto de cristianismo ahí expuesto es cercano al panteísmo. Cristo está en todas las cosas. El mundo está lleno con él. Se mostraba también contrario al bautismo de los niños, puesto que el bautismo debe ser un acto maduro y consciente de discipulado cristiano, lo que le acerca a las posiciones anabaptistas. Sobre la edad adecuada para recibir el bautismo, sugirió seguir el ejemplo de Jesús: Jesucristo fue él mismo bautizado cerca de los treinta años.
Curiosamente el libro pasaría a la posteridad por contener en su «Libro V» la primera exposición en el Occidente cristiano de la función de la circulación pulmonar o menor: según Servet, la sangre es transmitida por la arteria pulmonar a la vena pulmonar por un paso prolongado a través de los pulmones, en cuyo curso se torna de color rojo y se libera de los vapores fuliginosos por el acto de la espiración. Servet sostenía que el alma era una emanación de la Divinidad y que tenía como sede a la sangre. Gracias a la sangre, el alma podía estar diseminada por todo el cuerpo, pudiendo asumir así el hombre su condición divina. Por tanto, los descubrimientos relativos a la circulación de la sangre tenían un impulso más religioso que científico. De ahí que la descripción de la circulación pulmonar esté dentro de una obra de teología y no de una de fisiología. Para Servet no había diferencia entre ambos ámbitos, dado que todo obedecía a un mismo gran designio divino.7
En respuesta, Calvino le conmina a leer su propio libro Institutio religionis Christianae (Institución de la Religión Cristiana), publicado en 1536. Servet leyó el libro de Calvino e hizo anotaciones muy críticas en los márgenes del libro, devolviéndole la copia corregida, lo que desagradó enormemente al reformador, quien avisó que si Servet ponía los pies en Ginebra «no saldría vivo de ella».8
Finalmente, Christianismi Restitutio es publicado anónimamente a principios de 1553, de nuevo con gran escándalo. Un calvinista de Ginebra escribe a un amigo católico revelándole que el autor del libro es el hereje Miguel Servet, oculto bajo la falsa identidad de Villeneuve.9 Se sospecha que detrás de esta denuncia podría estar el propio Calvino, quien había tenido acceso al texto gracias al mismo Servet. La Inquisición de Lyon recibe parte de la correspondencia intercambiada entre ellos, tras lo cual Servet es detenido, interrogado y encarcelado en Vienne. El 7 de abril, sin embargo, logra evadirse y el 17 de junio es sentenciado a muerte in absentia, siendo quemado en efigie.
[editar]Juicio en Ginebra y muerte



Monumento a Servet en la plaza del Ayuntamiento de Annemasse (Francia), villa situada a 4 km de Ginebra, al otro lado de la frontera franco-suiza. La inscripción bajo la escultura dice: a Miguel Servet, apóstol de las libres creencias, nacido en Villanueva de Aragón el 20 de septiembre de 1511, quemado simbólicamente en Viena por la Inquisición Católica el 17 de junio de 1553 y quemado vivo en Ginebra el 27 de octubre de 1553 a instigación de Calvino
Posiblemente mientras iba rumbo a Italia, por alguna razón Servet acaba haciendo una estancia en Ginebra, donde fue reconocido en la iglesia donde predicaba el propio Calvino (13 de agosto). La ciudad se regía por los principios de la Reforma tal como Calvino los había definido en sus Ordenanzas eclesiásticas, basadas en su obra magna, Institución de la religión cristiana.10 Servet fue detenido y juzgado por herejía (por su negación de la Trinidad y por su defensa del bautismo a la edad adulta).
Servet sufrió grandes penalidades durante su cautiverio, como atestigua su carta al Consejo de Ginebra de 15 de septiembre de 1553.11 Durante el juicio, sostuvo diversos debates de carácter teológico. El 22 de septiembre, Servet escribe una última alegación en la que culpa a Calvino de hacer acusaciones falsas de herejía contra él y solicita que también sea detenido e interrogado como él, y concluye: "Estaré contento de morir si no le convenzo tanto de esto como de otras cosas de que le acuso más abajo. Os pido Justicia, Señores, Justicia, Justicia, Justicia."12 Finalizado el proceso, fueron consultadas las iglesias reformadas de los cantones de Zúrich, Schaffhausen, Berna y Basilea, tras lo cual el acusado fue condenado y sentenciado a morir en la hoguera el 27 de octubre de 1553. En una carta fechada el día anterior, Calvino comentaba a Farel que Servet iba a ser condenado sin discusión y conducido al suplicio, y aseguraba que él había intentado cambiar la forma de su ejecución, aunque inútilmente.13
La sentencia dictada en su contra por el Consejo (Petit Counseil) de Ginebra dice:14
Contra Miguel Servet del Reino de Aragón, en España: Porque su libro llama a la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los pequeños infantes es una obra de la brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes.
Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo.
[editar]Consecuencias de la ejecución de Servet

Independientemente de la importancia de sus descubrimientos fisiológicos o de su labor como polemista religioso, los sucesos que acarrearon el juicio y muerte de Miguel Servet se han considerado como punto de arranque de la discusión que condujo al reconocimiento de la libertad de pensamiento y de expresión de las ideas.15 Asimismo, las Iglesias Unitarias, surgidas de los movimientos antitrinitarios del siglo XVI y posteriores, consideran a Servet su pionero y primer mártir.
La ejecución de Servet escandalizó a muchos pensadores de toda Europa, principalmente en el ámbito protestante, que se oponían a que se matara a las personas por razones de fe. Destaca particularmente la defensa de Servet que realizó Sebastián Castellion: «Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet, no defendieron una doctrina, mataron a un hombre.»16
Por otro lado, desde mediados del siglo XIX y principios del XX, Servet comenzó a ser reivindicado por partidarios del librepensamiento, que veían en su ejecución una prueba de los peligros que conlleva el fanatismo religioso, aunque a menudo como resultado de un análisis superficial y sin tener en cuenta la obra y conceptos teológicos del propio Servet.17
Marian Hillar, estudioso polaco-norteamericano de la obra de Servet, hizo la siguiente evaluación sobre el impacto perdurable que tuvo la ejecución del erudito español: «Fue el punto de inflexión en la ideología y mentalidad dominantes desde el siglo IV. [...] Históricamente hablando, Servet murió para que la libertad de conciencia se convirtiera en un derecho civil en la sociedad moderna».18


Estatua de Miguel Servet maniatado a la estaca de la hoguera, en la plaza Aspirant Dunand de París.
[editar]Monumentos e instituciones a la memoria de Miguel Servet

En España:
En su villa natal Villanueva de Sigena en Aragón hay una estatua que le representa, situada al lado de la iglesia de la villa y un centro de estudios dedicado a Miguel Servet.
El Hospital Universitario de Zaragoza lleva el nombre de Miguel Servet.
En numerosas ciudades españolas hay calles dedicadas a Miguel Servet.
En Suiza:
En Ginebra existe una calle con su nombre, Michel Servet, y un monumento conmemorativo cercano al lugar donde fue quemado, erigido en 1903.
En Francia:
En Vienne en el departamento de Isère, donde Servet vivió después de 1540, hay una escuela pública de primaria que lleva su nombre, y en donde se encuentra también un monumento en su honor, realizado por el escultor Joseph Bernard.
En París, en la Plaza del aspirante Dunand, en el distrito 14, hay una estatua de mármol que le representa encadenado a la hoguera. Esta estatua fue erigida en 1908 y es obra del escultor Jean Baffier.
En Annemasse hay una estatua de Michel Servet en la plaza de la alcaldía, réplica de una obra anterior, destruida por el ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial, y originalmente realizada por la escultora Clothilde Roch.
En Lille hay un liceo profesional que lleva su nombre.
En Venezuela:
En la ciudad de Maracaibo existe un colegio con su nombre.
[editar]Adaptaciones

Teatro: La sangre y la ceniza (1967), de Alfonso Sastre.
Cine: Passion et mort de Michel Servet (Pasión y muerte de Miguel Servet). Dirigida por Claude Goretta, 1975. Con Michel Cassagne en el papel de Miguel Servet.
Televisión: Miguel Servet, la sangre y la ceniza. Serie para Televisión Española. Dirigida por José María Forqué, 1988. Con Juanjo Puigcorbé en el papel de Miguel Servet.
[editar]Referencias

↑ Aunque la fecha exacta del nacimiento es incierta.
↑ Centro de Interpretación Miguel Servet, Villanueva de Sigena
↑ José Barón, Miguel Servet: Su vida y su obra, Austral, 1989, pág. 37.
↑ a b c Biografía Centro de Interpretación Miguel Servet
↑ Ángel Alcalá considera que Declarationis... es un borrador de lo que será posteriormente Errores y, por tanto, unos meses anterior a esta obra, véase Servet, Obras completas, Vol. II-1: Primeros escritos teológicos. Larumbe, 2004, pág. XXVIII. Por su parte, el Dr. Peter Hughes presentó recientemente (2008) un trabajo de investigación en el que niega que el autor de Declarationis... fuese Servet, sino seguramente un admirador o simpatizante. Véase la reseña de la presentación del Dr. Hughes en el Instituto "Miguel Servet" de Villanueva de Sigena.
↑ Servet, De la Justicia..., en Obras completas, Vol. II-1, pág. 481).
↑ Véase el artículo de Diego Gracia, "Servet, médico", publicado en la revista Turia, Nº 63-64, marzo de 2003, Teruel, págs. 265-278, para una explicación del carácter inseparable de la investigación médica y teológica en la obra de Miguel Servet.
↑ "Nam si venerit, modo valeat mea auctoritas vivum exire numquam patiar..." Carta de Calvino a Farel, 1546, citada en Barón, op.cit., pág. 221.
↑ Carta de Guillermo de Trie a A. Arneys, febrero de 1553. Citada íntegramente en Barón, Ibid., págs. 305-7.
↑ J. Delumeau, La Reforma, Ed. Nueva Clio, 2ª ed., Barcelona, 1973, págs. 58-60.
↑ Citada íntegramente por Barón, Ibid., pág. 378.
↑ Carta de Servet al Consejo de Ginebra, 22 de septiembre de 1553, citada por Barón, Ibid., págs. 381-2.
↑ Barón, Ibid., pág. 394.
↑ Véase la sentencia completa en Barón, Ibid., págs. 395-8.
↑ Véase A. Alcalá, "Los dos grandes legados de Servet: el radicalismo como método intelectual y el derecho a la libertad de conciencia", en Turia, Nº 63-64, págs. 233-39.
↑ Castellion, Contra libellum Calvini, publicado en 1612. Existe traducción española de Joaquín Fernández Cacho y Ana Gómez Rabal, Contra el libelo de Calvino, Instituto de Estudios Sijenenses "Miguel Servet", Villanueva de Sigena, 2009.
↑ Para una descripción de la evolución de los estudios e interpretaciones sobre Miguel Servet, véase la introducción de Ángel Alcalá a la primera traducción española de Restitución del Cristianismo, Fundación Universitaria Española, Madrid, 1980, págs. 35-48; específicamente sobre la influencia de la figura de Servet entre los librepensadores, véanse las págs. 39-43.
↑ Véase Marian Hillar y Claire S. Allen, Michael Servetus: Intellectual Giant, Humanist, and Martyr, Lanham, MD y Nueva York: University Press of America, Inc., 2002.
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