martes, 23 de junio de 2015

La Relación de Pareja y Sus dificultades Bert Hellinger

"Mi mujer y yo hemos llegado a una etapa de nuestra vida de pareja en la que pensamos que podría haber otras cosas. Sentimos barreras entre nosotros. Hay ciertos conflictos y sabemos muy bien de donde vienen. Respecto a mí, mi comportamiento hacia mi mujer me recuerda a menudo cómo me comportaba hacia mi madre. Pero la mayoría de las veces, me doy cuenta cuando ya es demasiado tarde. Hablo sólo por mi, pero siento como esos mecanismos interfieren en nuestra relación".
Hellinger: "Hay una regla muy sencilla para tratar ese tipo de situación. ¿Quieres que te la diga? Ama a tu mujer junto con tu madre y te imaginas como podría ser: la amas con la fuerza de tu madre.
Al grupo:a veces, cuando un cónyuge reprocha al otro: "Eres como tu madre" yo digo: "Gracias a Dios". Porque, ¿qué podría ser mejor?
Al hombre: lo que acabo de decir va a corregir un poco tu imagen interna. Ahora, tu madre te mira con ternura. Ella ha amado.
Las familias están en resonancia
El amor no se limita al individuo. No es el hombre como individuo el que dice a su mujer: "Te quiero". Es demasiado pequeño para eso. Lo mismo pasa con la mujer por supuesto. Detrás del individuo están los padres y todos los ancestros con sus destinos y todos ellos están presentes en esta frase de una manera muy poderosa. Si ahora el hombre le dice a la mujer "te quiero", algo que viene de muy lejos resuena en esta frase, una sinfonía gigantesca con un poderoso movimiento. En ese momento, la pareja ya no se centra únicamente en si misma, sino en sintonía con sus familias. Ésta es una imagen muy hermosa.
Ejemplo: la fuerza en una separación
Hombre: Mi mujer me ha dicho que quiere separarse de mí.
Hellinger: Si realmente lo hace, ¿evolucionarás con esta experiencia o te destruirás?
Hombre: Temo que me destruya. Porque todavía quiero a mi mujer.
Hellinger: Sí, eso parece.Al grupo: ¿Quién puede hundirse cuando hay una separación? – Un niño.
Al hombre: Acabo de mostrarte un camino: el niño (en ti) debe separarse primero. El niño puede separarse de alguien – y esto es válido para cualquier forma de separación – cuando haya tomado todo, acogido todo lo que el otro ha querido darle. Así, por ejemplo, puedes separarte de tu madre si tomas todo lo que viene de ella, tal como es. Lo mismo sucede si te separas de tu padre.
Al grupo: Aquí vemos lo importante que es "tomar completamente" durante la infancia para, más tarde, poder llevar a cabo su relación de pareja.
Al hombre: Este es el primer paso que hay que hacer. El segundo, consiste en tomar de tu mujer todo lo que ella ha querido darte y honrarlo. Y verás como creces a través de esta experiencia y te vuelves más fuerte. Poco importa lo que pase después: tendrás la fuerza para hacer frente a ello, sea lo que sea.

Respuestas a cartas de los lectores

Respecto a las crisis en la relación de pareja
La sinceridad
"La mayoría de las veces, la presunta sinceridad se utiliza como un arma y, por lo tanto, no vale gran cosa. Aparentemente, tú no soportas demasiada intimidad con tu mujer. Ella debería pues permitirte algunas reservas cada vez que le expreses tu afecto. Esto será como una concesión por su parte y podrá pedirte un pequeño regalo".
La simplicidad
"Tu marido y tú discutís y dais argumentos para perder o ganar. Tener o no razón no tiene mayor importancia.
Ríndete a la evidencia: seguir juntos o separarse no es bueno ni malo, no es ni un logro ni un fracaso. Quizá la solución para vosotros se encuentre en algo totalmente modesto, habitual y sencillo".
PS. No des demasiada importancia a tu valor".
Proyectos secretos
"Algunos no acaban de comprender que incluso lo que piensan y elaboran en secreto, ejerce influencia en un sistema, sobre todo si está en contradicción con lo que dicen y hacen".
Mientras tanto…
"Tu cónyuge te muestra claramente que no se decidirá por ti y harías bien tomándotelo en serio. Pero puedes aprovechar plenamente vuestra relación el tiempo que dure".
Relaciones extraconyugales con el pensamiento
"Mi impresión es que estás retirándote de tu relación de pareja. Una parte de tus contactos espirituales con el exterior poseen las características de una relación extraconyugal, incluso si es de una forma más o menos oculta.
Hay tres soluciones posibles:
O sigues siendo fiel a tu marido, con todas las consecuencias, sobre todo la de dar (de ti misma)…
… o te separas de él, también con todas las consecuencias, entre otras la de financiar tú misma tus necesidades…
… o bien estás de acuerdo con la situación actual reconociendo que, en cierta forma, explotas a tu marido y renunciando a los reproches que te gustaría hacerle.
Esta última solución me parece la más adaptada.
Tienes derecho a rechazar lo que acabo de escribirte: sólo es válido si corresponde a lo que percibes de ti misma en tu interior o si ello te ayuda a mirar la realidad más de cerca.
Un saber que va más lejos de lo necesario para poder actuar, paraliza la acción".
Quedarse centrado sin actuar
Se puede confiar en que muchas cosas van a evolucionar si se deja de actuar: si, por ejemplo, dentro de ti, dejas libre a tu marido y también a tu hijo. Si te quedas centrada sin actuar directamente, quizá nazca una fuerza positiva en ellos".
La seriedad
"Tu marido te dice que ya no te quiere. Tómalo en serio e inicia el proceso de divorcio. Él debe encontrar un sitio para vivir y trasladarse. Sólo si no quiere hacerlo, puedes tomar tú la iniciativa".

Las bases

Lo que en las familias lleva a la enfermedad
"No hay lugar para ti"
La historia:
Emma: "Tres años antes de que naciera, mis padres tuvieron un hijo completamente minusválido. Tenía diez malformaciones. Mi madre lo vio inmediatamente después del parto. Al día siguiente, los ojos del niño se licuaron. Después, pasó nueve meses en un hospital infantil.
Cuando hace cuatro años un médico me dijo que tenía un linfoma, le pregunté: "Qué es eso?, ¿es un cáncer?" Al contestarme que sí, lo primero que pensé fue: "No quiero que me entierren al lado de mi marido". Fue lo único que pensé.
Tres meses después – sin pelo ya en la cabeza – vino a visitarme mi madre. Pasó la noche en mi casa y se acostó a mi lado en el sofá. Entonces le conté lo que había pasado cuando me habían dicho que tenía cáncer: que había pensado que no quería de ninguna manera que me enterraran al lado de mi marido. Mi madre me preguntó: "¿Entonces, dónde quieres que te entierren?"
Lo que quiero decir es que no me daba ningún miedo el cáncer ni tampoco el hecho de morir. Lo que realmente me preocupaba era: "¿Dónde quiero que me entierren?" Aquí no tengo a nadie y no me vino nadie a la cabeza en ese momento.
Una amiga, cuya madre acababa de morir, tenía que prolongar el arrendamiento de la tumba pero no tenía suficiente dinero. Yo quería hablar con ella y decirle: "Por favor, acepta mi dinero para que cuando muera sepa dónde enterrarme". Se lo conté a mi madre cuando me preguntó dónde quería que me enterraran y le dije: "Quizá me gustaría que me enterraran en la tumba familiar, en nuestro pueblo, porque allí los campesinos van por la noche al cementerio con sus regaderas y entonces dirán: "Mira, la tumba de Emma. Vamos a regarla".
Yo creo que buscaba un poco de humanidad y ayer (el primer día del seminario) sentí que quizá no la había encontrado todavía. Esta hermana disminuida y muerta nunca ha contado en la familia y yo no puedo decir ahora que quiero morir sin alguien a mi lado. No puedo".
Hellinger:"Tú quieres que te entierren al lado de tu hermana muerta".
Emma: "Cuando le dije a mi madre que quería que me enterraran con mis padres, me dijo: "Pero no hay sitio para ti (para tu nombre) en la cruz". Hay una historia sobre eso: hace diez años, mi padre pidió a un herrero artesano una enorme…"
Hellinger:"Esto desvía la atención".
Emma: "Pero mi madre dijo que no había sitio para mí en la cruz".
Hellinger:"¿Quién no tiene sitio realmente para poner su nombre en la cruz?"
Emma: "Yo".
Hellinger:"No, no hay sitio para tu hermana".
El cáncer
Además de los orígenes médicos del cáncer, están los orígenes psíquicos y los directamente relacionados con la historia familiar. A veces, la persona aquejada de cáncer, representa a un miembro de la familia que ha sido excluido. A través de la enfermedad, de manera inconsciente, la persona afectada desea seguir a este excluido o quiere expiar la injusticia que ha sufrido esta persona excluida.
En el caso de Emma, un breve ejercicio reveló el origen de su cáncer y el vínculo profundo que unía a Emma y a su hermana muerta.
Hellinger: "¿Cómo se llamaba tu hermana muerta?"
Emma: "Irmingard."
Hellinger: "Dile"Querida Irmingard".
Emma: "Querida Irmingard".
Hellinger: "Ahora, mírala, solamente…"Tras un momento: "Dile"Yo vengo también".
Emma: "Yo vengo también".
Hellinger:después de un momento:"Lo dejo así".
Al día siguiente:
Emma: A los cinco años, tuve un grave accidente en la carretera. Estaba inconsciente y me madre me cogió en sus brazos. Al volver en mi, le pregunté:"Mamá, ¿debo morir?".Más tarde, hasta mis 18 años, tuve uno o varios accidentes graves por año y a los 18 estrellé mi coche en el mismo lugar en el que había tenido el primer accidente. El coche volcó y las únicas palabras que me venían a la cabeza eran:"Dios mío, perdóname todo lo que he hecho".
Hellinger:Es tu hermana muerta la que puede salvarte. Mírala y di:"Mi querida hermana".
Emma: Mi querida hermana.
Hellinger:"Estoy a tu lado".
Emma: Estoy a tu lado.
Hellinger:"Y me tumbo a tu lado".
Emma: Y me tumbo a tu lado.
Hellinger pasa los brazos sobre sus hombros. Emma apoya su cabeza en el hombro de Hellinger y solloza durante un buen rato.
Hellinger:tras un cierto tiempo:Dile a tu hermana muerta:"Me quedo un poco más".
Emma: Me quedo un poco más.
Hellinger:"Después también vendré".
Emma: Después también vendré.
Hellinger:Bien.
Al grupo:en este trabajo se trata siempre de lo mismo: hay que buscar dónde se encuentra el amor de la persona. Cuando encontramos este amor, tenemos la clave para curarla.

Meditación

Inclinar la cabeza
En las constelaciones familiares, el hecho de inclinar la cabeza ante algo o ante alguien juega un papel importante porque cambia algo en el alma.
Podemos sentirlo en nosotros mismos, por ejemplo, si nos imaginamos bajando ligeramente la cabeza. ¿Qué movimiento nace entonces en el alma? Surge algo desde lo más profundo, sube hasta la cabeza y de ahí fluye hacia la otra persona. Es un movimiento de respeto, de deferencia y, a través de este movimiento, se crea un lazo con alguien.
En apariencia, el hecho de inclinarnos nos empequeñece. Pero en realidad, hace que nos relacionemos con otra persona al mismo nivel humano.
Por el contrario, una reverencia tiene un efecto completamente distinto. Inclinándome así, me vuelvo pequeño ante la otra persona. Le expreso mi respeto y le digo:"Tú eres grande y yo soy pequeño".
Mediante este gesto, nos abrimos a lo que es grande y a lo que nos ofrece esta persona o concepto espiritual. Una reverencia es apropiada frente a nuestros padres y ancestros. Es apropiada también frente al misterio de la vida. Así, podemos abrir de par en par nuestro corazón para acoger lo que se nos ofrece.
Después, podemos enderezarnos, darnos la vuelta y transmitir lo que hemos recibido. Tras haber sido pequeños al recibir, nos volvemos grandes al dar. Hacer una reverencia es pues un requisito indispensable para poder, a nuestra vez, transmitir algo grande. Lo que transmitimos no nos pertenece sino que nos ha sido dado. Así, formamos parte del flujo vital. ¿Qué significa flujo vital? Recibir (acoger) y transmitir. En esto, todos los seres humanos son iguales.
Después podemos inclinarnos todavía más: cuando nos arrodillamos hasta tocar el suelo con la frente, extendiendo los brazos hacia adelante con las palmas de las manos hacia arriba. Inclinarse así es prolongar el movimiento anterior dándole más fuerza y profundidad. Esto es apropiado si nos sentimos culpables. Es como una intensa súplica: "Por favor, mírame de nuevo".Normalmente esto es apropiado frente a nuestros padres cuando, de alguna manera, hemos sido injustos con ellos, tal como hace el hijo pródigo que se pone de rodillas ante su padre, se inclina profundamente y dice:"No merezco que me llames tu hijo. Por favor, considérame como uno de tus criados".
¿Cuál es el efecto de este profundo gesto de deferencia (honra y respeto) y de este ruego que surge en lo más profundo de nuestro corazón? El padre se inclina hacia el hijo y le atrae hacia él, haciendo que se levante, que se eleve.
Arrodillarse de esta forma sería también el movimiento apropiado de un culpable frente a su víctima. Esto lleva a la reconciliación. Aquí, reconciliación significa: ahora el sufrimiento puede terminar. Este movimiento de reconciliación – según lo que he observado – se lleva a cabo sobre todo en el reino de los muertos, cuando las víctimas muertas y sus perpetradores yacen juntos. Entonces, reina la paz.
Podemos realizar este gesto con mayor profundidad aún, tumbándonos boca abajo y extendiendo los brazos hacia delante. Es la reverencia más humilde. A veces, puede ser apropiada ante alguien con el que hemos sido totalmente injustos y también ante Dios o ante el misterio que nombramos así sin conocerlo.
Ante este misterio también podemos hacer una reverencia abriendo totalmente los brazos. Aquí no se trata de un gesto o una reverencia individual sino de algo más amplio y colectivo que nos hace estar al unísono con otras personas. Si llevamos a cabo este gesto, nos invade la serenidad y nos sentimos integrados en la comunidad humana, e incluso más allá de ella.
¿Qué hacer con nuestro libre albedrío? Asentir a él humildemente.

Frases para pensar

La intuición es inmediata,
el pensamiento toma mucho más tiempo.
*
Lo que se puede pensar, es falso la mayoría de las veces.
*
El concepto es a lo real
lo que la tangente a la esfera:
Puede tocar la esfera,
pero no puede abarcarla...
Pero la palabra "tierra" tiene mucho peso
*
El orden es un río que fluye.
*
La evolución nos desvía siempre un poco.
*
En el mejor de los casos, la teoría muestra la dirección
pero no es ni el camino ni el fin.
*
La práctica contraría a la teoría.
*
Lo esencial es ligero;
lo auténtico también.
*
Comprendemos cuando alcanzamos nuestros límites.
*
Todas las decisiones son provisionales.
*
El momento es mi límite.
*
El camino directo a veces es el más largo...
*
A veces, una imagen interior nace sólo de oídas,
y crea un orden basado en la imaginación.
La observación se reemplaza entonces por lo que se oye, el saber por la fe,
y la verdad por lo arbitrario.

La sabiduría del caminante

¿Amas a Dios?
¿Dónde está Dios para que pueda conocerle de tal forma que pueda decirle: "Te amo"?, ¿puedo decírselo como se lo diría a un ser humano?, ¿no exige de mí un abandono que, frente a un ser humano, no es posible ni está autorizado? O incluso, ¿lo Divino es tan diferente que está prohibido incluso decirle "Te amo"? Esta es una parte de la cuestión.
Por otra parte, la manera en que vivimos la vida – tal como lo hacemos – quiere decir que estamos vinculados a algo Infinito e inimaginable para nosotros, formando un Todo unificado, de la manera más íntima. Si nos abandonamos a este Infinito tal como vive en nosotros: ¿puede existir un amor más íntimo?, ¿sería más íntimo el amor con un ser humano? Ningún amor humano se apodera de nosotros de una manera tan completa, penetrando hasta lo más profundo de nosotros mismos. ¿Podríamos concebir este Infinito que nos llena de vida como separado de nosotros, o nosotros de él? Si tal como vive en mí esta vida le digo "Te amo": ¿no significa que la siento vibrar en mí hasta en la última fibra de mi ser y que me abandono totalmente a ella? En ese momento sí, tengo derecho a decirle: "Te amo".
Puede que sea eso lo que sintamos o tengamos la gracia de sentir como amor por Dios en lo más profundo de nosotros mismos. ¿Amas a Dios? Yo lo amo así.
El Milagro
Los milagros vienen del alma, pues es el alma la que abre el acceso a horizontes insospechados, que superan nuestras experiencias pasadas y los límites que éstas nos han impuesto. Aquí lo predeterminado se disuelve y afloran realidades que al principio quizá nos asusten. Dejamos de mirar y de escuchar y preferimos sentarnos a dar los primeros pasos hacia esa oscuridad y esa luz. La luz nos atrae, la oscuridad nos hace temblar.
Y luego sucede el milagro. Decimos palabras que no hemos pensado, damos pasos que no estaban planificados y emprendemos cosas que antes no nos atrevíamos a considerar. Alrededor de nosotros va cambiando algo que antes nos parecía impenetrable y sin perspectiva. Porque, en ese momento, el alma no sólo nos ha conmovido a nosotros sino también a las personas de nuestro entorno. Cada uno experimenta lo sucedido como un milagro que alcanza a todo y a todos. Un ejemplo de esto es la caída del muro de Berlín: después, todo se transformó.
Tomar consciencia de la relación oculta que existe entre las cosas también puede vivirse como un milagro. A menudo, esta toma de consciencia aparece súbitamente tras haber luchado en vano por ella. La percibimos como un regalo que recibimos de una fuerza que viene de lejos y nos auxilia. Pero esa fuerza no nos es desconocida; nos sabemos unidos a ella. Es más, nos sentimos dentro de ella como si le perteneciésemos y ella nos perteneciera, como si nos envolviera y guiara, serena y pacientemente. Nuestra alma conecta con esa fuerza. La sentimos como un alma grande y amplia que contiene en si misma lo que percibimos como nuestra alma y la preserva cuidadosamente.
De esa gran Alma proviene lo que percibimos como extraordinario, todos esos pequeños y grandes milagros. Y el hecho de conocer a personas que nos han permitido superarnos también forma parte de esos milagros. Con frecuencia, salvarse de un peligro o de una situación sin salida y curarse de una enfermedad grave, se vive como un milagro. Solemos decir entonces que "nos ha protegido el Ángel de la Guarda". Al decir esto, estamos expresando en realidad que algo exterior ha intervenido prestándonos ayuda.
Pero a veces se nos olvida darle las gracias a esa fuerza. Así perdemos contacto con ella y quizá decimos: "Hemos tenido suerte". O nos sentimos privilegiados por el destino y nos volvemos arrogantes enalteciendo nuestro ego en lugar de reconocer que aquí han operado fuerzas más benévolas. Al hacer esto, nos alejamos de nuestra alma, perdiendo el acceso y la confianza en ella.
Si estamos en sintonía con lo que nos guía en lo más íntimo de nosotros, podemos vivir cada día esos milagros del alma. Y ellos hacen que nuestra vida sea maravillosa, colmada y rica.

Relato

El retorno
Cada ser humano nace en una familia, un país y una cultura, y desde su más tierna infancia aprende quien debe ser su modelo a seguir, su guía y su maestro, sintiendo un profundo deseo de ser como él.
Entonces, busca la compañía de aquellos que comparten sus valores y, durante largos años, se somete a una continua disciplina para seguir a su modelo hasta volverse, pensar, hablar, sentir y desear como él.
Pero cree que todavía le falta algo. Entonces se va lejos, buscando una última frontera que franquear. Pasa ante viejos jardines, abandonados desde hace mucho tiempo, donde no hay más que rosas silvestres y viejos árboles que continúan dando fruto, año tras año, sin que nadie lo recoja. Tras esto, comienza el desierto.
El hombre se siente envuelto en un vacío desconocido. No hay nada que le indique la dirección a tomar y las imágenes internas que surgen de vez en cuando, parecen sin sentido. Continúa dejándose llevar y cuando ya no se atreve a fiarse de sus sentidos, ve ante él una fuente. El agua brota con fuerza infiltrándose de nuevo rápidamente en la tierra. Pero por donde pasa, el desierto se transforma en paraíso.
Cuando el hombre mira a su alrededor, ve llegar a dos extranjeros que habían hecho como él: siguieron a su modelo hasta que se volvieron exactamente como éste y también fueron a buscar, en la soledad del desierto, una última frontera que franquear. Así habían encontrado la misma fuente.
Una vez juntos, los tres hombres se inclinan hacia la fuente, beben de la misma agua y están casi convencidos de haber llegado a su objetivo. Después se presentan: "Yo me llamo Gautama, el Buda". "Yo me llamo Jesús, el Cristo". "Yo me llamo Mahoma, el profeta".
Al caer la noche, las estrellas, eternas, silenciosas, distantes e inalcanzables comienzan a brillar por encima de ellos. Los tres hombres enmudecen. Uno de ellos está seguro de no haber estado nunca tan cerca de su gran modelo y, durante un instante, le parece intuir lo que su modelo sintió cuando comprendió todo: el sentimiento de impotencia, que todo lo que había hecho era en vano, la humildad. Y como sería si conociera la culpabilidad.
Al día siguiente, el hombre se da la vuelta y logra alejarse del desierto. Una vez más pasa al lado de los jardines abandonados y, por fin, llega a uno que reconoce como suyo. En la entrada, como si le esperara, ve a un anciano de pie que le dice: "Alguien como tú que vuelve después de haber ido tan lejos, debe amar realmente la tierra húmeda porque sabe que todo lo que crece morirá algún día y al morir se convertirá en alimento". "Sí" dice el otro; "estoy de acuerdo con la ley de la tierra".
Y empieza a cultivarla.

La ayuda frente a las dificultades de la vida

Ejemplo: el miedo a volverse loco
Hellingera un hombre: ¿De qué se trata?
Hombre: últimamente tengo cada vez más miedo de desvariar o volverme loco. A menudo entro en un estado muy especial que no tiene nada que ver con mi vida cotidiana. Las personas que me rodean ya me han dicho que en esos momentos no parezco yo.
Hellinger: sí, OK. O sea, que tienes una capacidad particular para entrar en esos estados especiales.
El hombre se ríe.
Hombre: Sí.
Los dos se miran riéndose.
Hellinger: sí, claro, se trata de una capacidad y proviene de una predisposición para ayudar. A veces, puede venir también de un don especial. Una vez conocí a una joven rusa que nos acompañó a visitar San Petersburgo. Hablaba un alemán maravilloso y le pregunté dónde lo había aprendido. Ella respondió: "Un día estaba en un bosque y tuve una visión. A partir de ese momento, comencé a hablar alemán". ¿Ves, hay "estados especiales"?
El hombre se ríe.
Hellinger: muy bien. ¿Qué tendría que hacer yo ahora? Bueno, pongámonos en un "estado especial".
Meditación
Cierra los ojos. Visualiza ahora la última situación en la que tuviste miedo de volverte loco. Y di: "Ayudadme, por favor". Y ahora vas, más allá de ese estado, a otro donde te espera la ayuda que has pedido – Y dejas que esta ayuda te rodee con sus brazos, te abandonas a ella – Luego, vuelves otra vez al estado en el que temías volverte loco. Miras alrededor de ti hasta que veas a alguien. Puede que no sea más que una sombra. Y le dices: "Haría todo por ti" – Después buscas una salida para salir de ese estado. Puede ser una puerta. O un camino. Y dices: "Durante algún tiempo voy a ir a otra parte para curarme. Pero volveré".
Después de cierto tiempo, el hombre abre los ojos y sonríe a Hellinger.
Hellinger: ¿Cómo vas?
Hombre: Mejor.
Hellinger: OK. Te deseo lo mejor.
Hombre: Gracias.

El telón de fondo

Caminar con el alma, caminar con el Espíritu
Cuando tomo distancia para ver el desarrollo y la evolución de las constelaciones familiares, siento que detrás de este movimiento actúa una gran fuerza y que ésta nos toma a su servicio, a mí y a muchos otros. La fuerza que impulsa este movimiento nos arrastra y persiste a pesar de cualquier obstáculo.
Las Constelaciones Familiares
Al principio, las Constelaciones Familiares eran, en el fondo, una forma de psicoterapia y como tal se proponían a las personas que la necesitaban. La mayoría de las veces, estas personas padecían en cuerpo y alma y las Constelaciones Familiares les ayudaban. Los psicoterapeutas le añadían el enfoque que tenían según su formación, utilizándolo como referencia. Todo ello marcó considerablemente las Constelaciones Familiares al principio.
¿Cuál era este enfoque? Se basaba en la idea de que alguien necesitaba ayuda y de que un terapeuta podía proporcionársela. Los terapeutas, formados en determinados métodos, conocieron en un momento dado las Constelaciones Familiares y las utilizaron en psicoterapia en el marco de la terapia familiar porque los que practicaban las Constelaciones Familiares habían sobrepasado ya la terapia individual. Por lo tanto, el terapeuta se inmiscuía directamente ya que se había formado para proceder de manera activa.
Pedía al cliente que eligiera y configurara a los representantes e intervenía según los conceptos anteriores y según lo que había aprendido sobre los órdenes y vínculos en las relaciones, buscando una solución. Primero miraba el problema y después buscaba la solución. Bajo este punto de vista, las Constelaciones Familiares fueron una bendición ya que ayudaron a muchas personas.
Caminar con el alma, seguir los movimientos del alma
Más tarde, se hizo evidente que los representantes eran mucho más importantes de lo que se había pensado en un principio. Se puso de manifiesto que se hallaban directamente en contacto con un campo más amplio. Simplemente por el hecho de abandonarse al movimiento que les impulsaba, sacaban a la luz algo que iba mucho más allá de lo que hubiéramos podido descubrir mediante las constelaciones familiares y determinados órdenes del amor.
De pronto, nos encontramos confrontados a situaciones completamente diferentes y a otros movimientos. Confiamos pues cada vez más en estos movimientos y entramos en contacto con las fuerzas del destino, fuerzas frente a las cuales nuestra manera habitual de “intervenir” no daba resultado.
De repente vimos, por ejemplo, a alguien que se sentía atraído por la muerte de manera irremediable. ¿Qué hacer en ese caso? Aquí la ayuda era limitada; y sólo dejando de intervenir podíamos comenzar a ayudar realmente.
Otra fuerza empezaba a tomar las riendas. Nos abandonamos a esta fuerza y, de pronto, supimos si teníamos o no permiso para hacer algo, si debíamos hacer algo y lo que debíamos hacer incluso si, al principio, nos resultaba extraño.
Seguimos y acompañamos este movimiento y obtuvimos un resultado que no podíamos prever de ninguna manera.
Por lo tanto, lo que había comenzado con las Constelaciones Familiares se transformó en un acompañamiento de los movimientos del alma, en un caminar con el alma. ¿De qué alma? No de la propia, no de la del cliente, no de la del representante, sino de un alma que actúa en todos de la misma manera.
Cuando entramos en sintonía con esta alma, algo imperceptible se vuelve visible, evidente.
Caminar con el Espíritu, seguir el movimiento del Espíritu
Pero en la vida todo fluye, nada se estanca. En un primer momento, había pensado que se trataba quizá de acompañar los movimientos del alma (caminar con el alma). Pero tampoco es esto. De repente, observé que las experiencias hechas con las constelaciones familiares y los movimientos del alma llevaban a una comprensión de un orden totalmente diferente. Y esta toma de consciencia exigía que actuáramos de una manera que supera ampliamente lo que había considerado hasta ahora como bueno y justo.
¿Qué es lo nuevo? Si voy más allá de las constelaciones familiares y de seguir y acompañar los movimientos el alma, lo que ahora sigo y acompaño son los movimientos del espíritu, camino con el espíritu; en vez de observar las sensaciones y lo que percibimos mediante estas sensaciones, ahora el espíritu interviene y exige maneras de proceder completamente diferentes del acompañamiento de los movimientos del alma, del caminar con el alma.
Voy a explicároslo con un ejemplo: alguien se queja de sus padres, o de las dificultades que ha tenido en su infancia. Al principio, sentíamos compasión por este cliente, y pensábamos: “bueno, vamos a ayudarle”. Pero, si me sitúo al nivel del espíritu, no hay nada malo. Si detrás de todo actúa una fuerza creadora, no hay nada que pueda oponerse a ella. Por lo tanto, ahora miro la misma situación y me pongo en sintonía con esta fuerza creadora que no podemos imaginar más que como una fuerza espiritual que se dirige a todo y a todos de la misma manera. Así que me uno a esta fuerza. Esto es seguir y acompañar al espíritu, caminar con el espíritu. Caminando con el espíritu, puedo ver una situación grave de una manera totalmente diferente, y por eso mismo, ayudo al otro a que la mire también de otra manera. Entonces puede, por ejemplo, asentir a las dificultades del pasado, tomarlas como una fuerza. Puede tomar a sus padres tal como son, cualquiera que haya sido su comportamiento y asentir a la vida tal como ha llegado a él a través de sus padres. De repente, mira el pasado con otros ojos y comienza a apreciar todo en su justo valor.
Desde el punto de vista del espíritu, todos los padres son perfectos. El simple hecho de observar nos muestra, sin excepción, que han hecho perfectamente todo lo necesario para ser nuestros padres. Y puesto que han servido a la vida de esta manera, merecen nuestro más profundo respeto.
Esto también es seguir y acompañar los movimientos del espíritu, caminar con el espíritu. De pronto, evoluciono a otro nivel totalmente diferente, a un nivel espiritual, y ese nivel no tiene límites.
Así, está claro que no se trata de curar o de solucionar problemas, se trata de la vida en toda su plenitud.
Algo más sobre el espíritu. El espíritu es ligero. El que camina con el espíritu es ágil. No constituye un peso ni para la tierra ni para los demás. Y es feliz frente a cualquier cosa, tal como es.
La benevolencia que cura
Nuestra benevolencia proviene de lo más recóndito, del fondo de nuestra alma; nace donde ésta se siente acorde con su origen. Este origen es la fuente de toda fuerza creadora y de su aspiración a evolucionar. Esta benevolencia abarca pues a todos los seres y todas las cosas. Es universal. En el momento que queremos excluir algo de nuestra benevolencia, perdemos nuestro vínculo con ella y corremos el riesgo de volvernos presuntuosos y condescendientes.
La benevolencia universal no tiene intención. Mantiene una distancia, como el sol que brilla a lo lejos y al mismo tiempo da calor a todo lo que existe.
¿Dónde podemos experimentar primero esta benevolencia? En nuestro cuerpo.
¿De qué manera podemos ayudar al cuerpo cuando está enfermo o siente dolor? Mostramos todo lo que nos duele a nuestra benevolencia y dejamos que su sol brille sobre todo lo que sufre, hasta que nos sintamos bien de nuevo. Nuestra benevolencia nos acoge y ama tal como somos.

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