miércoles, 15 de agosto de 2012

THOMAS Buergenthal


Thomas Buergenthal: Un niño afortunado


Hace un par de años El niño con el pijama de rayas (John Boyne) se convirtió en un best-seller. Este libro, ante cuya lectura uno deduce que debe estar escrito para niños a pesar de haber "arrasado" entre el público adulto, es una fábula en la cual un nazi de las SS acaba probando una amarga dosis de su propia medicina.

Personalmente no me interesan en exceso las fábulas sobre el holocausto y hago una única excepción con el film La vida es bella de Roberto Benigni, que no considero una fábula SOBRE el holocausto sino ambientada EN el holocausto, en la cual no se entra a juzgar la consabida maldad de los nazis sino a realizar, como su propio título indica, un canto a la vida y al amor de un padre por su hijo.

El niño con el pijama de rayas comienza a ser recomendado como lectura para alumnos de 12 y 13 años, en algunos casos, sustituyendo alDiario de Anna Frank. Craso error. Frente a un relato real y un relato edulcorado es preferible que los niños (que ya no son tan niños, somos los adultos los que, para ciertas cosas, queremos conservarlos perennemente en la crisálida) entiendan que la vida no es un camino de rosas, que a menudo es injusta y que el "happy end" es una patente americana.

Para aquellos que quieran diversificar y dejar descansar las memorias de la niña judía de Amsterdam, me gustaría recomendar un libro que recientemente me salió al paso. Se trata de Un niño afortunado, el relato autobiográfico de Thomas Buergenthal, juez del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. En él, el autor relata los acontecimientos vividos durante sus primeros años de vida: desde su nacimiento en Checoslovaquia a su vida en Polonia, el ghetto de Kielce, Auschwitz, la "marcha de la muerte" de Auschwitz, el campo de Sachsenhausen, y todo cuanto vivió desde el final de la guerra hasta su marcha definitiva a los Estados Unidos.

A pesar de los acontemientos narrados, el libro carece de morbo y sensacionalismo, incluso cuando el autor reconoce que, a pesar del tiempo transcurrido, todavía hubo pasajes en los que se emocionó y que le resultó duro escribir. Se trata de otro canto a la vida, pero ahora alejado de la ficción. Lo que lo convierte en un relato peculiar son las reflexiones que en él vierte Buergenthal: cuando reconoce la aleatoriedad de su supervivencia o cuando explica como del sufrimiento pasado sacó la energía para dedicar su vida a luchar por los derechos humanos. Su historia es un ejemplo sorprendente de superación y coraje y ésta sí merece ser leída por niños y adultos. Cuando no sepais qué leer dedicad un par de días a esta pequeña joya.

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