domingo, 10 de abril de 2011

Cristobal Colon un Noble Catalan: Subdito leal de los Reyes

Cristóbal Colón tiene quien le quiera, aunque cada uno a su manera, por supuesto. Este viernes, se estrenó el documental Colón y la Casa Real Catalana que pretende arrojar luz sobre una de las figuras más controvertidas de la historia, ya que sus orígenes continúan envueltos en el misterio. Y, por cuestiones puramente políticas, algunos prefieren que continúen así y otros están dispuestos a utilizar cualquier atisbo de documentación para asignarle un nuevo lugar en la Historia.

El documental, producido por Pilar Montoliu y el Instituto Nova Història, y dirigido por Dani de la Orden con guión de David Grau, parte de la base de que Colón era en realidad un noble catalán, diputado, militar, almirante y embajador (casado con una dama descendiente de la realeza de Cataluña y Portugal y del conde Jaume d’Urgell) y no era un genovés joven e ignorante. Son las tesis basadas en los estudios del filólogo e historiador Jordi Bilbeny, que las últimas dos décadas se ha dedicado a desmenuzar el papel de los catalanes en el Descubrimiento de América. “Llegué a ello casi por casualidad hace 22 años. Quería hacer una novela histórica, no estrictamente sobre Colón. No tenía ni idea de lo que me iba a encontrar y fui hallando documentos que apuntaban hacia la certeza de que Colón podía ser un noble catalán”, señala a El Confidencial. Ahora, ya lleva cinco libros sobre el tema.

Bilbeny le puso al Almirante cara y ojos, domicilio y familia. Su nombre era Joan Colom i Bertran, con casa en el centro de la entonces pequeña villa de Barcelona, nacido en 1414 y de una familia noble, con antecedentes nada despreciables: su abuelo, Guillem Colom, era consejero de la ciudad y había sido fundador de la Mesa de Cambios (el banco más antiguo de Europa). Entre sus familiares se encuentra incluso el 26 presidente de la Generalitat (Artur Mas, el actual, es el número 129).

Cierto que las crónicas nombran, en ocasiones, a un Cristóbal Colombo de Génova, nacido en 1451 y poco menos que analfabeto. “Tiene sentido que el noble catalán pudiese acceder al círculo de los Reyes Católicos -subraya Bilbeny-, en lugar del genovés que no tenía estudios, armas, ni condición social. ¿Cómo le iba a dar un Rey todos los honores y nombrarlo incluso virrey? Sin embargo, la posición del catalán le coloca en una buena posición para ser tenido en cuenta en la Corte. El catalán es noble; el genovés es plebeyo. Además, el Rey se refiere a él como venerable anciano. Hablan las crónicas de su ‘presencia autorizada y de Estado’ y lo definen como ‘de cabellos blancos’. En aquellos tiempos, no había jubilación y está demostrada la participación de almirantes en guerras cuando tenían 80 o 90 años de edad. Ser almirante no implicaba un gran desgaste físico. Por tanto, Colón pudo haber emprendido el primer viaje con 78 años”.

En Portugal, muchas crónicas se refieren a él como Joao Colón y en algunos documentos que se conservan, firma con una J entrelazada con una S, lo que significaba Johannes en abreviatura. O Joan, en catalán. Y más indicios: su propio hijo Fernando, reputado bibliógrafo, dejó anotado que a la vuelta de su viaje escribió la original de su carta de anunciación en catalán, considerada el primer noticiario del mundo. Y el historiador Charles J. Merrill, profesor de la Universidad Saint Mary de Maryland, descubridor de mucha de la documentación original del Almirante y de sus cartas -todas en catalán-, mantiene que el apellido original es Colom y que no fue castellanizado hasta más tarde.

El catedrático de Teoría Económica de Esade Miquel Coma Juncosa, que participó en el coloquio de presentación del documental Cristóbal Colón y la Casa Real Catalana, se abona a la tesis del origen catalán del descubridor: a principios del siglo XVI, Cataluña tenía una buena situación económica y no estaba en decadencia, como cuentan los historiadores ortodoxos. Su participación en la empresa transatlántica, dijo Coma Juncosa, ayudaría a “cuadrar cosas que no se explican” y que quedan justificadas con las tesis de Bilbeny.

Un debate histórico... y político

El tema de la catalanidad del Almirante aviva el debate no sólo histórico, sino político. El debate sobre el desarrollo del Estado español actúa como altavoz de la controversia. Eva Sans, investigadora del Círculo Catalán de Historia, rechaza cualquier connotación política de las investigaciones. “El tema de la catalanidad de Colón no tiene nada que ver con la política. Nosotros sólo investigamos hechos históricos. Los estudios han de desvincularse totalmente de cualquier connotación política. Y quien diga lo contrario, miente”, señala Sans a El Confidencial. Bilbeny es más drástico: “La mayoría de los historiadores quisieron hacer una historia de Europa y de América sin Cataluña y el resultado es un cómic. Después de 22 años de investigación, puedo asegurar que se ha manipulado la gesta catalana del Descubrimiento”.

Pero la política ya está en el inicio del misterio: si Colón era noble catalán, su familia luchó contra Juan II, padre de Fernando el Católico, apoyando al rey Pedro IV de Portugal. Tras la guerra, los catalanes quedaron casi proscritos y, además, los Reyes Católicos excluyeron a los no castellanos de los beneficios del comercio con las Indias, según señala Charles J. Merrill. De ahí, el interés de ocultar el origen del Almirante. Estelle Irizarry, profesora de la Universidad de Georgetown, que estudió los diarios y las cartas de Colón, determina que su lengua materna era el catalán, que aprendió antes que el castellano. Para llegar a esta conclusión, se basa en los giros y el empleo de determinados signos de puntuación.

Indicios, en fin, que chocan con los argumentos de los historiadores ortodoxos. El presidente del Círculo Catalán de Historia, Joaquim Ullán, subraya a El Confidencial que “la documentación marítima es ínfima comparada con todo lo que debería haber y con la tradición marítima de la época”. Hay pocos documentos y sin catalogar. El Archivo de la Corona de Aragón puede contener otros papeles importantes. “Pero al no estar debidamente archivados, hemos de ir investigando poco a poco”. Ahí hay una labor, todavía, para años de trabajo.

Una nueva pista

Es precisamente en esos archivos, que contienen la documentación medieval más importante del mundo, donde Eva Sans encontró hace poco un nuevo documento que demuestra que en el siglo XV el puerto gerundense de Pals estaba plenamente operativo. El documento está fechado en 1406 y lleva el sello real. Firmado por el alcalde Joan Abril, es el permiso para el embarque de un saco de harina en un llaüt (falucho) de Palamós. “Estamos haciendo la reconstrucción histórica de la villa, porque sabemos que tenía procuradores, notarios, corte jurídica... Y esto quiere decir que registraban seguros, podían cobrar impuestos, había taula de canvis (banco) y control de aduanas”, señala Sans. Por si fuera poco, en la localidad de Torroella de Montgrí, a poca distancia, tenía una residencia el rey. La vinculación de Colón con este puerto era, hasta ahora, fruto de la tradición oral, que decía que de allí habían salido las tres carabelas del Descubrimiento.

Y es que algunos historiadores defienden que la salida de las carabelas no se produjo del puerto de Palos de Moguer, en Huelva, sino de Pals, en Gerona. Para ello, echan mano también de una anotación en el libro de a bordo de las carabelas, que hace referencia a que la flotilla “ha vuelto a situarse a 42 grados de latitud”. O sea, justamente a la altura de Pals. Y otro dato: en los grabados de la época, se dibuja a la villa de partida con una muralla y una torre. “Pero en Palos no se han encontrado restos de ninguna muralla. No hay constancia alguna”, señala Eva Sans. Además, en este puerto ya habían embarcado las tropas de Jaime I El Conquistador que tomaron Ibiza y Menorca en el siglo XIII, lo que da una idea de su importancia.

La historia oficial había negado hasta ahora la operatividad de Pals para descartarlo como el punto de partida de las carabelas. Por si fuera poco, a principios del siglo XX, tres familias descubrieron determinados documentos en latín. El capellán que los tradujo les confirmó que eran de antepasados suyos que habían ido a América con Colón. No es ninguna prueba, pero sí un indicio más.

La idea de un Cristóbal Colón hablando catalán horripila a unos y encanta a otros. Pero la historia siempre se puede revisar a la luz de nuevos documentos. Y puede que el descubridor, en lugar de presentarse como ‘Colón, Cristóbal Colón’, tuviese que haberse presentado como ‘Colom, Joan Colom’. Toda una novela de misterio cuyo final está aún sin desvelar, pero que contiene indicios sorprendentes.

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