martes, 29 de marzo de 2011

Marisa Bosqued: El Stress Femenino y la falta de Reconocimiento

Marisa Bosqued: 'Una de las principales causas de estrés femenino es la falta de reconocimiento social'
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Actualizado lunes 05/10/2009 16:51 (CET)
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ÁLVARO COLOMER

El 31% de las españolas sufre estrés, siendo este desorden tan habitual en las mujeres con una ocupación remunerada (42%) como en las que no obtienen dicha compensación (27%). Tras el éxito de sus anteriores títulos, 'Mobbing' y 'Quemados', la psicóloga clínica Marisa Bosqued publica 'Superwoman. El estrés en la mujer' (Ed. Paidós), donde da las claves para entender, detectar y superar el estrés femenino.

* ¿Cuáles son los factores que estresan más a las españolas?

En términos generales, los mismos factores que a las mujeres del llamado mundo desarrollado: el hecho de tener que ser una 'superwoman' que llega a todo y ha de realizar múltiples tareas para la perfecta trabajadora, esposa, madre y mujer. El sobreesfuerzo para conseguirlo es enorme y constante. Supone un maratón diario de pasar de una actividad a otra como la cosa más natural del mundo. Como resultado de dicho sobreesfuerzo, surge el agotamiento físico y psíquico, una suerte de estrés crónico con el que muchas nos hemos acostumbrado a convivir, como si de un compañero inseparable se tratara.

Pero hay todavía otro factor que, por decirlo así, viene a 'dar la puntilla'. Se trata de la falta de reconocimiento social (por no hablar ya de gratitud) del esfuerzo invertido. Ni la pareja ni los hijos ni la empresa ni el entorno más cercano a la mujer parecen ver nada extraño en esta situación. Para todos ellos es la cosa más natural, de manera que ni lo ven ni lo reconocen ni lo alaban ni agradecen.

También hay otra causa del estrés femenino: la presión social que existe sobre la mujer para que se ajuste a los cánones de belleza. Parámetros que, por cierto, resultan cada vez más rígidos e incluso inalcanzables. Ni una sola arruga, el peso justo, ni un kilogramo de más, fuera el horror de la celulitis y las patas de gallo, los pechos en su justo tamaño..., son factores que vienen a añadir más presión a la presión, más estrés al estrés, porque suponen otro sobreesfuerzo más, esta vez, además, condenado al fracaso porque se trata de perseguir una meta inalcanzable.

Por supuesto, no sólo intervienen factores sociales, sino también personales, que es además en los que yo más incido en 'Superwoman. El estrés de la mujer', puesto que se trata de los más modificables por nosotras mismas. Me estoy refiriendo a determinadas características personales que hacen a la mujer –o al hombre- más vulnerable al estrés. Por ejemplo, un elevado nivel de autoexigencia o un perfeccionismo exacerbado, que producen un mayor esfuerzo para satisfacerlo y un menor nivel de satisfacción con lo conseguido, lo cual tiene como consecuencia inevitable un aumento del riesgo de presentar tasas elevadas de estrés.
* En el libro 'La paradoja sexual' (aparecido en Paidós a la par que el suyo), la psicóloga Susan Pinker afirma que las occidentales están más satisfechas con su vida laboral que los hombres, principalmente porque ellas saben renunciar a trabajos estresantes, mientras que ellos siempre quieren ascender, con la presión psicológica que esto implica. ¿Ocurre lo mismo con las españolas?

Pienso que la cuestión de la menor ambición laboral en la mayoría de las mujeres es algo que ocurre en el nivel internacional, es transcultural, así como el convencimiento en muchas de nosotras de que no merece la pena ser demasiado ambiciosa, porque al fin y al cabo lo tenemos más difícil y tampoco se trata de dejarse la piel en el intento. Efectivamente, eso hace que el estrés laboral sea menor en el sexo femenino que entre los hombres. Pero no es así con el global, el vital, puesto que la mujer, especialmente la que compagina vida laboral con maternidad, se ve obligada a desempeñar tal cantidad de roles (trabajadora, madre, compañera afectiva y sexual, cuidadora de familiares enfermos...) que no puede más que estresarse.
* ¿Son los hombres españoles una causa de estrés para las mujeres?

Eso ya está quedando atrás. En los tiempos actuales, no es así. Hay que reconocer que la mayoría de los españoles, especialmente los más jóvenes, han realizado un cambio en sus actitudes y comportamientos, de tal manera que hoy por hoy podemos decir que no representan más causa de estrés para las mujeres que, por ejemplo, el resto de los europeos. Tampoco quiero decir que todo esté conseguido. Evidentemente, queda camino por recorrer, pero no específicamente en España, sino en el conjunto de países. Sería deseable, por el bien de ambos géneros, una mayor implicación de los hombres en las tareas domésticas y cuidado y educación de los hijos, así como un cambio de actitud en una auténtica y real conciliación de la vida laboral y familiar.
* ¿Podría explicarnos qué es y cómo se detecta el 'síndrome del ama de casa'? ¿Afecta a muchas españolas?

Aunque a simple vista pueda no parecerlo, lo cierto es que la de ama de casa es una profesión bastante arriesgada. Factores como la excesiva carga de trabajo, su monotonía, el alto nivel de dedicación sin horarios ni calendario, la falta de reconocimiento familiar y social, y el hecho de que sean tareas realizadas en su mayor parte en solitario, sin contacto social, producen en una parte de las mujeres sentimientos de vacío, soledad, insatisfacción, frustración, inutilidad e infravaloración, tristeza, baja autoestima y agotamiento tanto físico como psíquico. Este cuadro, que se ha dado en llamar 'síndrome del ama de casa', puede variar desde manifestaciones más leves, de poca importancia, hasta casos graves en los que desemboque en un auténtico trastorno mental, como una depresión, una adicción al alcohol, el juego o las compras (como un manera de obtener una compensación), o un trastorno obsesivo-compulsivo, con ideas repetitivas de orden y limpieza, y el consiguiente desarrollo de conductas que no pueden dejar de realizarse con ese mismo tema de orden y limpieza. Por desgracia, no se ha realizado en nuestro país ninguna investigación sobre el número de mujeres que podrían estar afectadas por este síndrome en sus distintos niveles de gravedad.
* ¿Y el 'síndrome del nido vacío'?

Se produce cuando llega el momento en que los hijos abandonan el hogar para independizarse. Surgen entonces en la pareja –también en el hombre- sentimientos de pérdida, vacío, soledad, e incluso de inutilidad y falta de sentido a la propia vida que, en ocasiones, resultan equiparables a una reacción de duelo. Todo ello, producido por el hecho de que el nido ha quedado vacío, de ahí el nombre. Por lo general, el cuadro suele ser de mayor intensidad en la mujer que en el hombre, y especialmente en aquellas que, de manera más intensa, han centrado su vida en el cuidado y educación de los hijos. Se trata de un estado transitorio cuya duración no suele sobrepasar los dos años y de una experiencia que no es igual para todas las mujeres. Mientras que para algunas se trata de una situación esperada y favorable, pues lo viven como una liberación, para otras resulta angustiosa. Generalmente, estas últimas son mujeres con actitudes más tradicionales en su rol de madre, las más protectoras con los hijos, las que comparten poco con su pareja y las que atraviesan simultáneamente otros cambios de vida, como la pérdida de pareja, jubilación, fallecimiento de los propios padres o menopausia. Finalmente, para un pequeño grupo de mujeres, el 'síndrome del nido vacío' puede adoptar tintes dramáticos: cuando en la mujer existía previamente un desequilibrio psicológico (por ejemplo, una depresión) o cuando los hijos o uno de ellos (sobre todo, si es el último) abandona el hogar de los padres a consecuencia de fricciones entre ambas generaciones.
* ¿Cómo acusó el colectivo femenino su repentino acceso al mundo laboral cuando, hace tres décadas, empezó la auténtica revolución de la mujer?

Como tantas otras cosas en esta vida, el acceso al mundo laboral por parte de un creciente número de mujeres tiene su cara y su cruz. Por el lado positivo, está el indiscutible hecho de que eso proporcionó a la mujer una independencia económica, con todo lo que conlleva de ponerla en condiciones de igualdad con respecto al hombre, y una apertura hacia otro mundo distinto del doméstico. Pero es innegable que esos logros tuvieron su coste. En mi generación, rondando los 50 años, somos cada vez más las que nos planteamos si no ha habido algo de fraude en esa situación, en el sentido de que lo que ocurrió fue que nos cargamos con más tareas: sin abandonar ni tener una ayuda en las que venían siendo tradicionalmente femeninas, tuvimos que afrontar las inherentes al desarrollo de un puesto de trabajo. Y esto todavía es así en un porcentaje, puesto que no hay un reparto al 50% en las 'labores del hogar' en su más amplio sentido. Esto hace que lo que se dio en llamar liberación de la mujer (sin discutir ni negar su parte positiva) haya que planteárselo también en términos de que en muchos casos conllevó una mayor esclavitud de la mujer en términos de sobreesfuerzo, tiempo de dedicación, estrés... Ocurre a menudo que a veces hay que perder algo para ganar algo, pero eso no quita el hecho de que tengamos que seguir trabajando para corregir esos excesos.
* El 94,73% de las personas que abandonan voluntariamente el mercado laboral son mujeres. ¿Cuáles son las causas?

En mi opinión, fundamentalmente dos: primera, el hecho de que en bastantes parejas el salario de la mujer sea inferior al del hombre, por tratarse de un trabajo menos cualificado. Eso hace que el mantenimiento del puesto laboral no compense los gastos que se derivarían de guarderías y canguro para el cuidado de los hijos. Esto viene confirmado por el hecho de que en mujeres con puestos más cualificados y, por tanto, mejor remunerados, el abandono laboral sea menor, porque entonces sí queda una diferencia monetaria sustanciosa para el mantenimiento de los gastos del hogar. La segunda causa se debe a la creencia, ampliamente extendida todavía en nuestra sociedad incluso en los llamados 'ambientes progresistas', de que el cuidado de los hijos corresponde más a la madre que al padre. La combinación de ambos factores hace que, al tener la pareja un hijo y plantearse su cuidado y educación, sea mayoritariamente la mujer quien opte –o sea designada- ya sea por dejar su trabajo o por soluciones intermedias: excedencia o reducción de la jornada laboral.
* Ha abordado varios temas de actualidad psicológica en otros libros, como 'Mobbing' y 'Quemados'. Y ahora se centra en el estrés femenino. En su opinión, ¿cuáles son los temas que actualmente afectan más a las españolas del siglo XXI?

Debemos conseguir nuestra verdadera liberación y situarnos en plano de igualdad con el hombre, sin renunciar por ello a nuestra distinta forma de ser y de ver las cosas, y sin tener que vivir acosadas por una multitud de tareas que a duras penas conseguimos cubrir. Porque la igualdad de oportunidades se queda en una falacia, en una quimera inalcanzable, si no va acompañada de un reparto equitativo de tareas y en un nivel de exigencia social equiparable; es decir, que para conseguir lo mismo se exijan méritos similares.
* ¿Cree que hay algún tema que afecte especialmente a las españolas y que la sociedad todavía no haya afrontado de un modo directo?

En términos generales, se puede decir que la sociedad española ha afrontado y está afrontando los temas que afectan en mayor medida a las mujeres. Otra cosa es que se les haya dado una solución efectiva. Ya se sabe, es más fácil predicar que dar trigo, y lo cierto es que se ha hablado mucho y se ha hecho bastante menos. Así, nos seguimos encontrando, por poner algún ejemplo, con que faltan plazas de guardería asequibles a la mayoría de economías, que no se ha desarrollado de manera efectiva un programa de atención domiciliaria para nuestros ancianos, que continúan existiendo empresas en que está mal visto el embarazo de una trabajadora y no digamos su petición de reducción de jornada o flexibilización de horario, que el número de chicas anoréxicas sigue aumentando a la par que su edad de inicio en esta enfermedad disminuye o que los hombres siguen colaborando en las tareas del hogar y cuidado de los hijos menos de lo que sería deseable e incluso de justicia.

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