lunes, 17 de diciembre de 2012

Ignacio Vidal-Folch, autor de “Lo que cuenta es la ilusión”


Ignacio Vidal-Folch, autor de “Lo que cuenta es la ilusión”, reivindica el dietario: “El humor es un ejercicio de libertad”.

Lo que cuenta es la ilusión: en parte confesión, en parte acusación, en parte relato, y todo divertido. ¡Agitar, no mezclar! Vertiginosa sucesión de notas introspectivas, relatos literarios,  observaciones de la vida cotidiana e impresiones cazadas al vuelo.
Lo que cuenta es la ilusión es ya desde la ambigüedad de su título un libro irónico y contradictorio; dietario insólito, objeto textual aparte de la tradición hispana del género autobiográfico, relativamente reciente pero que en los últimos años ha dado algunos frutos suculentos.
En Lo que cuenta es la ilusión un millar de comentarios, seleccionados del diario personal del autor, cuentan lo que nos pasa y nos proponen una mirada humorística y melancólica: “El humorista es un moralista, y el exilio va por dentro.” 
Hablamos con el periodista y escritor Ignacio Vidal-Folch, autor de esta obra vagamente crepuscular, humanista e inteligente, que explora el territorio impreciso de lo humano y donde el apunte belicoso y destemplado comparte página con la observación más delicada y más sutil.
¿Lo que cuenta realmente es la ilusión? ¿Podemos vivir sin ella? ¿La hemos perdido, como sociedad?
Churchill decía que el éxito es ir de error en error sin perder el entusiasmo. Por supuesto, el título del libro es irónico, y tratándose de un dietario, o sea de un cuaderno sobre la vida del autor, “ilusión” alude a la definición de la vida en el famoso verso de La vida es sueñoy a todo el espíritu del tiempo del barroco, que tiene cierto parecido con el espíritu del tiempo de hoy mismo.
 ¿Se ha autocensurado al elegir las entradas de este dietario? ¿Qué dejó fuera?
Naturalmente el dietario en bruto es mucho más largo, porque escribo en él cada día, y a veces largamente. He llevado al libro sólo cosas que puedan ser interesantes para el lector, o divertidas, o curiosas. Y no me he autocensurado más que para atemperar un poco (por respeto al lector, y también para no presentarme  como un Job,) la melancolía que suelen tener los diarios íntimos, queal fin y al cabo son monólogos. Y rara vez cuando uno está solo se divierte y se siente con ánimo festivo. La risa y el buen humor vienen con la compañía, preferiblemente humana. Además, uno no reseña más que taquigráficamente la felicidad, en el mejor de los casos y en cambio tiende a extenderse interminablemente sobre las cosas que salen mal o hieren. “Sólo de lo perdido canta el hombre, siempre de lo mismo”, dice un verso de García Calvo
Releyendo su propio dietario, ¿se dio cuenta en perspectiva de cuán importante había sido un detalle que ahora ni recordaba o qué nimia entrada gastó para un algo que usted ahora recuerda traumáticamente?
El dietario publicado es un artefacto, lo veo como un objeto más en el mundo, un objeto que aspira a ser objeto literario. Cuando trabajas en él, y lo corriges, y procuras hacerlo inteligible y sugestivo, por lo menos en la medida de tus posibilidades, ya es materia de trabajo, no algo estrictamente íntimo. Y una vez se lo das al lector, todo eso que cuentas ya no es tuyo. Léautaud, que es autor de un dietario fundamental, creía que corregirlo es traicionar al género. Junger, por el contrario corregía una y otra vez sus dietarios, que a cada edición cambiaban. Creo que Léautaud se equivocó y que Junger acertó. Porque precisamente la superioridad de la escritura es que, a diferencia de la vida, acepta corrección
 ¿Qué le aporta el dietario?
Distancia con uno mismo, lo que en algunos casos no es poco beneficio. Ejercicio de estilo. Es unbanco de ensayos para otros textos, del que a veces salen otros textos que publico en otros formatos. También, al releerlo pasados los años, conocimiento de uno mismo, recuerdos de gente y situaciones. Y por supuesto, el placer de recordar, parece demostrado que contar lo vivido libera endorfinas y proporciona placer. Yo desde luego le recomendaría a todo el mundo que llevase un dietario.
¿Cuáles son sus dietarios preferidos?
Mi preferido es el de Renard, del que traduje una buena selección con Josep Massot. Su modelo, equilibrado entre lo público y lo privado, es perfecto, no vale la pena intentar imitare. Josep Pla me gusta mucho, y algo de él que me gusta mucho es precisamente que no es permanentemente brillante. Junger, por supuesto. Tienen su interés los de Ionesco, y el de los últimos años de Sándor Márai es una maravilla.
Usted, en esta obra, navega entre la ficción y la no ficción, entre la realidad y la creación literaria. ¿Cómo se trabaja esta fina línea de verosimilitud?
Hay poca ficción, todo lo que cuento es aproximadamente lo que ha sucedido, salvo los comentarios sobre literatura. Aunque en verdad todo lo que se escribe es ficción y mentira, aunque involuntaria, en primer lugar porque e lenguaje no replica la realidad como el guante la mano, es sólo una aproximación. Y en segundo lugar porque todos nos hacemos un relato de nuestra propia vida, para darle sentido y dirección, y ese relato suele ser favorecedor. (¡Qué curioso! ¿Verdad?) También los narradores orales, cuando cuentan sus propias peripecias, se reinventan a mayor gloria propia. ¿No ha escuchado en un bar a los empleados de una empresa, o a un grupo de obreros, cuando explican a sus compañeros cómo ha ido la reunión que acaban de tener con el jefe? Según cuentan, le han cantado las cuarenta, le han dicho verdades como puños, y el jefe se ha quedado mudo, atónito, impresionado. Le han dejado con la palabra en la boca, humillado, ridiculizado. ¡Le han dado una buena lección, y si le pica, que se rasque! Es maravilloso. Pero cabe la sospecha de que no fueron así las cosas.
Hay numerosísimas entradas con gran sentido del humor. Brillante surrealismo e ingeniosa ironía. ¿Cuán importante es para usted el sentido del humor en la vida y la literatura?
Hay algún autor que adoro, como Julien Gracq, que no tiene, por lo menos que yo recuerde, una página festiva, humorística. Pero e una excepción. En general el humor es un  ejercicio de libertad, es la ruptura, o la contestación, aunque sea momentánea, de la sintaxis del mundo, y en este sentido un ejercicio libertador. También un signo de humanidad. Los animales en cambio no ríen, sólo buscan comida, se aparean, duermen, pasan miedo y mueren.
La crisis económica, el asesinato de un empresario, la burbuja inmobiliaria, la prohibición catalana de las corridas de toros. La realidad está muy presente en este dietario, aunque tamizada por los ojos de un escritor…
El libro cubre los años 2007 a 2010, empieza dando fe de las primeras señales o rumores de la crisis que se avecina (la crisis en la que estamos todavía) mientras vamos a los conciertos y salimos de viaje. Claro, comenta muchos fenómenos y anécdotas, breves relatos de cosas que se dicen o que se observan, porque el autor es un anecdótico más que un filósofo. He sido periodista muchos años y me ha quedado el gusto por los hechos, por los acontecimientos, propio de la profesión.
Sus encuentros con amigos, la muerte y los recuerdos, sus viajes. ¿Cómo es eso de desnudarse ante el público lector?
Cuando uno se va haciendo mayor, pierde un poco el pudor. De todas maneras me he dejado puesta alguna prenda. Naturalmente estoy muy satisfecho del resultado, del libro como objeto, y espero que a algún lector también le guste y le sea útil de alguna forma, cuando comprueben que le desnudo a él también, y que al hablar de mí hablo de él.
¿Repetirá experiencia con los dietarios?
Estoy escribiendo otras cosas, pero quién sabe… El dietario tal como lo concibo por lo menos, es un género muy agradecido, pues cabe en él casi  toda clase de textos y con la extensión que convenga en cada entrada. Acoge textos que no le cuadran ni a una novela ni a un ensayo…  Versos de otros, versos propios, chistes, anécdotas, lecturas, ideas, aforismos…  Cambios súbitos de tono, de voz… Por su naturaleza fragmentaria y un poco tartamuda parece un género especialmente adecuado a los tiempos que corren.

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