sábado, 12 de febrero de 2011

Carlos Fuentes en Bogota: 13 de Febrero 2011

El escritor mexicano fue invitado para el cierre del foro por los primeros 100 años de EL TIEMPO.
El cierre del foro que se realizó este viernes por los primeros 100 años de EL TIEMPO estuvo a cargo del escritor Carlos Fuentes. A continuación, algunos apartes de su ponencia:

"La eternidad, cuando se mueve, se convierte en tiempo".

Quisiera que esta bella frase fuese mía.

No lo es.

Es de Platón.

Y creo que Platón la dijo para separar la "duración de las cosas sujetas a mudanza" -el tiempo humano- de la eternidad, "perpetuidad que no tiene principio ni fin".

Lo digo en Bogotá, la "Atenas de América": con Grecia, la historia se mueve de la eternidad al tiempo y el tiempo eterno -atributo de Dios- lo es también de tiranos que se quieren saber inmortales.

El gobierno democrático, en cambio, se sujeta a las reglas del tiempo humano: dura, pero muda. Y muda, aunque dure. O sea, no dura para siempre.

(...) La historia que hicimos y que haremos: en estas palabras se cifra el tiempo humano y también, el tiempo diario, y el diario EL TIEMPO de Bogotá, que me honra invitándome a hablar, en respuesta a la pregunta "¿a dónde vamos?", relacionada con la evolución del pensamiento y el papel de la prensa en una América Latina en proceso de cambio.

¡Menuda tarea!

Para cumplirla, me guío por una relación fundamental entre educación, conocimiento, información y desarrollo.

Sin educación no hay conocimiento, sin conocimiento no hay información y sin información no hay desarrollo.

O dicho en reversa, para que haya desarrollo, hace falta información, la información requiere conocimiento y el conocimiento depende de la educación.

El abismo de la pobreza en los países del llamado Tercer Mundo se traduce en niveles decrecientes de educación. Hay 900 millones de adultos iletrados en el mundo, 130 millones de niños sin escuela y cien millones de niños que abandonan sus estudios en los grados primarios. Las naciones del sur cuentan con 60 por ciento de la población mundial de estudiantes, pero con sólo el 12 por ciento del presupuesto mundial para la educación (...).

La base de la desigualdad en América Latina es la exclusión del sistema nervioso: tenemos sed, queremos respirar. La estabilidad política, los logros democráticos y el bienestar económico no se sostendrán sin un acceso creciente de la población a la educación.
¿Puede haber desarrollo cuando sólo el 50 por ciento de los latinoamericanos que inician la primaria, la terminan? ¿Puede haberlo cuando un maestro de escuela latinoamericano sólo gana 4.000 dólares anuales, en tanto que su equivalente alemán o japonés recibe 50.000 dólares al año?

(...) El desarrollo de nuestros países depende de una coordinación programada de esfuerzos para renovar o crear infraestructuras: puertos, carreteras, represas, urbanismo. Sólo que ningún proyecto de desarrollo nacional prosperará sin la base educativa: sin la escuela, sin el maestro, sin el alumno.

¿Estamos llegando a la aldea más lejana de la montaña, de la selva, del desierto?

¿Cómo, si no, llegamos?

¿Y qué nos pasará, si no llegamos?

Las respuestas, en gran medida, dependen del otro gran tema de este día: la información.

Informar a los educadores.
Informar a los gobernantes.
Informar a los empresarios.
Informar a la sociedad civil.

(...) Entramos al siglo XXI con una evidencia: el crecimiento económico depende de la calidad de la información y esta, de la calidad de la educación (...).

El presidente Clinton nos recuerda que al asumir la presidencia en 1993, sólo había cincuenta websites. Al dejar la Casa Blanca ocho años más tarde, había 350 millones.

Juan Ramón de la Fuente, ex rector de la UNAM, nos recuerda, a su vez, que hoy circulan en Internet cincuenta millones de mensajes diarios.

Primero, en cuarenta años, la radio logró sumar cincuenta millones de oyentes. La televisión, desde 1950, atrapó igual número de televidentes.

Pero en sólo cinco años, Internet alcanzó la suma que a la radio le tomó cuarenta años y a la televisión otro medio siglo.

En el año 2000, había 300 millones de usuarios de Internet. Hoy, hay 800 millones.

Se acusa a los medios más novedosos de aislar (...).
Túnez y Egipto acaban de demostrar que la relación uno a uno no excluye la comunicación del yo con el nosotros a través de múltiples individualidades eslabonadas en una gran colectividad que, al conocerse, se da cuenta de que el mundo oficial la ignora y que, al conocerse, también se da cuenta de su poder colectivo.

Internet, Facebook, Twitter, reúnen a las multitudes que hemos visto en las calles de Túnez, El Cairo y Alejandría. Esas multitudes representan a una clase media y una clase trabajadora ignorada por el estrecho círculo del poder ejercido desde arriba y sólo para los de arriba, con algunos mendrugos arrojados a los de abajo. Sólo que los de abajo son la mayoría.

El efecto de los medios en el mundo árabe debe alertarnos a todos, y la mejor manera es acudiendo a los otros dos factores que aquí he mencionado, al lado de la educación y la información: el desarrollo y el conocimiento (...).

Miro la palabra "cultura" en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. "Resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos".

¿Y cómo se cultivan los conocimientos humanos?

A través de la educación.
A través de la información.
Ambas están en crisis.

La educación, por dos motivos. El primero, por todo lo que aún nos falta por hacer en un continente con un 50 por ciento de iletrados de facto.

El segundo, todo lo que nos falta por hacer para pasar de la plena alfabetización a una política de continuidad de la educación (...).

El tiempo que nos tocó nos niega la comodidad de creer que la educación concluye alguna vez, en algún grado anterior al resto de nuestras vidas.

Esto significa que, por una parte, las escuelas pierden el monopolio de la enseñanza y, por la otra, la prensa pierde el monopolio de la información, pero, también, que mantenerse informado en el largo período posescolar y posuniversitario es un deber y un derecho, inseparables del ejercicio de la ciudadanía, y que este derecho, esta obligación, lo son de nuestra prensa.

La información también está en crisis, pero acaso en una crisis de crecimiento, que expande los medios nuevos pero no sacrifica los anteriores.

Se suponía, en el siglo XIX, que la aparición del periodismo de masas sentenciaría a muerte al libro. Balzac aprovechó el dilema para escribir una gran novela sobre el periodismo, Las ilusiones perdidas.

Se suponía que la radiotelefonía, a su vez, mandaría a la prensa escrita al gran cementerio de las antigüedades.

No fue así. Radio y prensa convivieron y aunque Marshall McLuhan anunció la muerte del libro y la conversión del medio en mensaje, la televisión no enterró ni a la literatura, ni a la prensa, ni a la radio.

¿La nueva edad que se anuncia, la era de la tecnoinformación, matará a las formas de comunicación anteriores?

No lo creo.

La radio, lejos de perecer, está hoy más viva que nunca y mejor adaptada a los horarios, tempraneros o nocturnos, de la vida moderna.

La televisión no hace sino aumentar y diversificar su oferta: los canales televisivos suman varios miles.

¿Es la prensa escrita la víctima propiciatoria de la nueva -o última modernidad? Sí, hay grandes diarios que cierran o se achican, o se ofrecen por Internet.

Acaso, quizás, la prensa escrita, como la literatura, sólo llegue en su forma actual a los menos aunque a los mejores, aunque yo, como escritor, tengo el gusto de mancharme diariamente las manos con la tinta fresca de un periódico y otros ciudadanos, más jóvenes, leen el mismo periódico en una pantalla.

Al cabo, sin embargo, yo no creo que lo nuevo desplace totalmente a lo anterior.

Imagino que las cosas acabarán por equilibrarse, coexistir, al cabo de generar nuevos defectos junto con nuevos valores. El valor mayor, lo he convertido en tema de este discurso, es contribuir a la educación y a la información y en consecuencia al conocimiento y al desarrollo humanos.



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martes, 8 de febrero de 2011

Harv EKER La mente millonaria

Uno de los libros que me marcó más en los últimos tiempos fue “Los Secretos de la mente millonaria” de T. Harv. Eker. Lo leí hace unos 6 meses y desde entonces, todas las decisiones que tomo en relación al dinero y las opiniones que me formo en relación a diferentes aspectos del mundo financiero son basadas en lo que aprendí en el libro.

Básicamente el libro nos enseña a detectar cuál es nuestro “patrón del dinero” (money blueprint). El “patrón del dinero” es básicamente todas aquellas ideas, preconceptos, cosas aprendidas de nuestros padres, amigos, colegio, sociedad, etc. sobre el dinero.

Increíblemente, me di cuenta que tenía dentro de mi muchos preconceptos adquiridos de la sociedad y de mis padres. Aquellas cosas que oímos una y otra vez, como por ejemplo: “Pobre pero feliz”, “Los ricos nunca podrán ir al cielo”, “Los ricos se creen dueños del mundo”, “los ricos hacen lo que les da la gana”, “los ricos son explotadores”, etc., etc., etc.

Todos estos pensamientos nos afectan y hacen con que de una u otra manera cometamos ciertos errores que solo los pobres y personas de clase media cometen. No hay nada de malo con las personas pobres y de clase media, pero su educación financiera es bastante escasa.

En el libro, T. Harv Eker nos habla de lo que él llama “archivos de riqueza”, que son todas aquellas diferencias entre la filosofía de vida de los ricos y por otro lado de los menos adinerados.

En resumen, aquí te dejo los 17 archivos de riqueza escritos por T. Harv Eker:

Archivo # 1

Los ricos piensan: “Yo creo mi vida”

Los pobres piensan “La vida es algo que me sucede”

Archivo # 2

Los ricos juegan el juego del dinero para ganar

Los pobres juegan el juego del dinero para no perder

Archivo # 3

Los ricos se comprometen a ser ricos

Los pobres desearían ser ricos

Archivo # 4

Los ricos piensan en grande

Los pobres piensan en pequeño

Archivo # 5

Los ricos se centran en oportunidades

Los pobres se centran en obstáculos

Archivo # 6

Los ricos admiran a otras personas ricas y prósperas

Los pobres envidian a las personas ricas y prósperas

Archivo # 7

Los ricos se relacionan con personas positivas y prósperas

Los pobres se relacionan con personas negativas y sin éxito

Archivo # 8

Los ricos están dispuestos a promocionarse a ellos mismos

Los pobres piensan de manera negativa en relación a la venta y auto promoción

Archivo # 9

Los ricos son más grandes que sus problemas

Los pobres son más pequeños que sus problemas

Archivo # 10

Los ricos son excelentes receptores

Los pobres son pésimos receptores

Archivo # 11

Los ricos eligen que se les pague según sus resultados

Los pobres eligen que se les pague según el tiempo empleado

Archivo # 12

Los ricos piensan: “las dos cosas”

Los pobres piensan: “o se tiene una cosa, o se tiene la otra”

Archivo # 13

Los ricos se centran en su fortuna neta

Los pobres se centran en lo que ganan con su trabajo

Archivo # 14

Los ricos administran bien su dinero

Los pobres administran mal su dinero

Archivo # 15

Los ricos hacen que su dinero trabaje mucho para ellos

Los pobres trabajan mucho por su dinero

Archivo # 16

Los ricos actúan a pesar del miedo

Los pobres dejan que el miedo los detenga

Archivo # 17

Los ricos aprenden y crecen constantemente

Los pobres piensan que ya lo saben

Obviamente como todo en la vida hay excepciones y no todos los archivos de riqueza se aplican a todos los ricos o a todos los pobres, pero yo estoy de acuerdo en que se aplican a su gran mayoría.

Los Secretos de la Mente Millonaria es un libro que vale la pena al 100%. En el libro podrás encontrar una explicación completa para cada archivo de riqueza. Te recomiendo que lo lea

sábado, 5 de febrero de 2011

Toomy Final en Santiago

Robredo y el colombiano Giraldo jugarán la final del ATP de Santiago
EFE. Santiago de Chile 06/02/11 - 01:07.


El tenista español Tommy Robredo y el colombiano Santiago Giraldo disputarán este domingo la final del ATP de Santiago tras vencer sus partidos de semifinales.

El español, número 52 del ránking mundial, se impuso al italiano Fabio Fognini por 4-6, 6-2 y 6-3 en algo más de dos horas de partido.

Giraldo, por su parte, derrotó a otro italiano, Potito Starace, por 4-6, 7-6(2) y 6-2 en un disputado encuentro que se le puso cuesta arriba en la primera manga, aunque se llevó el tercer set con relativa comodidad.

Robredo y Giraldo se verán las caras este domingo en las canchas del estadio santiaguino de San Carlos de Apoquindo, en los pies de la cordillera de los Andes.

LOS ROLLOS DEL MAR MUERTO Y LAS RAICES SECRETAS DEL CRISTIANISMO

El atraso en la publicación de los Rollos es el escándalo académico por excelencia del siglo XX, afirmó Geza Vermes, investigador de la Universidad de Oxford, Inglaterra. Encontrados en varias cuevas del desierto de Judea, los Rollos del Mar Muerto son el eslabón perdido entre el judaísmo del primer siglo de nuestra era, que agonizaba bajo la opresión de los romanos, y el cristianismo primitivo que se transformaría en una nueva religión un par de siglos más tarde. En este libro, Jorge Dulitzky analiza los antecedentes históricos de Israel, desde la época de Alejandro Magno hasta la destrucción del Templo de Jerusalén durante el año 70 de nuestra era. Ese análisis permite apreciar el modo como surgieron las diversas sectas judías, en especial la de los esenios, que se establecieron en Qumran, construyeron un monasterio y lograron ocultar sus manuscritos en once cuevas, descubiertas en 1947 por un grupo de beduinos de la tribu taamireh que, según la versión más difundida, buscaban una cabra extraviada. La mayor parte de los Rollos quedó en manos de lÉcole Biblique de Jerusalén, que recibió órdenes de no difundir ninguna información sobre su contenido, emanadas directamente de la Congregación para la Doctrina de la Fe dirigida entonces por Joseph Ratzinger, actual papa Benedicto XVI. Sesenta años después de su descubrimiento, recién ahora están apareciendo algunas traducciones fragmentarias de su explosivo contenido, cuyo análisis permite comprender el carácter militante de Jesús y el clima de violencia que vivía la población de Judea bajo la ocupación romana.


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Jorge Dulitzky "Todos los pueblos quieren un pasado glorioso"

Jorge Dulitzky
"Todos los pueblos quieren un pasado glorioso"
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"Todos los pueblos quieren un pasado glorioso"
Este investigador especializado en Egipto da su versión del éxodo . / Eva Fisher

Siempre le intrigó el éxodo y ciertos hechos que desencadenó, como el mágico cruce del Mar Rojo. "Lo curioso es que en Egipto no figura absolutamente nada sobre la salida de los hebreos conducidos por Moisés. Sin embargo, los egipcios eran cronistas minuciosos, grababan todo lo que ocurría en las paredes de sus templos. ¿Qué pasó?", se pregunta Jorge Dulitzky.

"He recorrido largamente ese fabuloso país, y busqué respuestas en los yacimientos arqueológicos, y así fui reconstruyendo una versión muy distinta del éxodo, pero igualmente sorprendente", sigue.

Jorge Dulitzky es escritor e investigador. Autor de Moisés, el hombre; Mujeres de Egipto y de la Biblia; Akhenatón, el faraón olvidado, y ¿Quién condenó a Jesús?, actualmente está terminando un estudio sobre un personaje ineludible, María Magdalena.

"La historia comienza en el siglo XIV antes de Cristo, cuando el faraón Akhenatón, o Amenofis IV, proclama el monoteísmo y sustituye a Amón Ra, el dios politeísta de la religión oficial, por Atón, un dios representado por un disco. Ya no se trataba del sol, sino de la energía solar, un concepto revolucionario para la época. El monoteísmo era algo que estaba latente y Akhenatón necesitaba desprenderse del clero tradicional, que era poseedor del 30 por ciento de la riqueza del país. Entonces, trasladó la capital a la ciudad de Amarna, pero los sacerdotes reaccionaron y Akhenatón fue asesinado. Otro tanto ocurrió con su sucesor, Tutankamón, hasta que el abuelo político de Tutankamón hizo las paces con el clero politeísta, se restableció el culto a Amón Ra y los rebeldes abandonaron Egipto. Las negociaciones fueron curiosas porque, finalmente, se convino que los responsables de este intento de reforma no eran los monoteístas, sino la propia ciudad de Amarna.

–¿La ciudad de Amarna?

–Todo eso está escrito: se decía que el ambiente era licencioso. Por ejemplo, se hablaba de que en lugares públicos se exhibían esculturas que mostraban a la reina Nefertiti, esposa de Akhenatón, totalmente desnuda. Que había orgías, bailes extraños, que las mujeres se pintaban de manera provocativa. Algunos estudiosos sospechan que Amarna podría haber sido un nombre común para las míticas Sodoma y Gomorra. Sin embargo, la ciudad no fue destruida. En 1907, debajo de una capa de arena de 30 centímetros se encontró una urbe sin rastros de violencia. En el estudio del mayor escultor de la ciudad se hallaron 130 bustos de Nefertiti sin terminar. Había tumbas sin usar que 60 nobles, cuyos nombres y cargos estaban enumerados en una lista grabada en una pared, habían hecho construir para ellos.

Había esqueletos de animales domésticos con sus collares y correas. Es decir, la ciudad había sido abandonada en perfecto orden. Bien, esos hombres y esas mujeres que dejaron Amarna fueron los que dieron origen al pueblo hebreo. Ese fue el éxodo.

–¿Quiere decir que los hebreos en realidad eran egipcios?

–Efectivamente, nunca hubo judíos en Egipto.

–¿Y Moisés? ¿Y el cruce milagroso del Mar Rojo?

–Moisés es un personaje conceptual, como tantos otros personajes en la historia de la humanidad. Y no he inventado nada, es lo que dice Sigmund Freud en Moisés y el monoteísmo, un libro que publicó en 1937, en Londres, poco antes de morir. Además, Moisés, Moses, es una palabra egipcia, no es un nombre en sí mismo; sería como un sobrenombre o la parte de un nombre; significa hijo de. Por otra parte, ¿qué sentido tenía cruzar el Mar Rojo de esa manera espectacular? ¿Por qué no lo hicieron por tierra como lo hacía todo el mundo? Entonces no existía el Canal de Suez, Fernando de Lesseps lo construyó en 1869. Todo esto fue el tema de mi primer libro, Moisés, el hombre, fruto de 20 años de estudio.

–¿Y la separación de las aguas?

–Esa también es una tradición egipcia. Creían que era un poder que tenían los faraones. Cuentan que un faraón salió a navegar por su lago sagrado, junto con la preferida de sus favoritas. En determinado momento, a ella se le cayó un aro al agua y comenzó a llorar desconsoladamente. El faraón le dijo que no se preocupara, que le regalaría uno mucho más valioso, pero ella siguió llorando. Entonces, el faraón ordenó detener la barca, hizo un gesto con la mano, y las aguas del lago se separaron; en ese momento uno de sus esclavos bajó al fondo del lago, rescató el aro y se lo entregó a la favorita. Esa historia fue escrita 2000 años antes de la era cristiana. Pero hay otro detalle: el famoso becerro de oro. ¿No le suena raro que un pueblo de esclavos, que según la historia tradicional se fue de Egipto poco menos que con lo puesto, pudiera construir un becerro de oro? No es sencillo. ¿Consiguieron donaciones? No, los rebeldes monoteístas que salieron de Egipto eran gente culta y con buenos recursos económicos.

–¿Por qué se creó esa leyenda?

–Todos los pueblos quieren un pasado glorioso. Sabemos que la Biblia se empezó a escribir en el siglo IX antes de Cristo. Toda la primera parte está basada en tradiciones, a veces orales, en relatos de 400 o 600 años. La Biblia está llena de metáforas, de simbolismos; recuerde la creación de Adán como una escultura de barro. O la de Eva, de una de sus costillas. Por otra parte, no soy el único investigador que llegó a estas conclusiones; una versión similar tiene la Sociedad Bíblica de Nueva York.

Jorge Dulitzky para Pilar Rahola sobre el Papa

De Jorge Dulitzky para Pilar Rahola sobre el Papa


Querida Pilar,

Ante todo, gracias por mencionar mi nombre en uno de tus últimos artículos.

Quiero darte mi opinión sobre el tema de la muerte del Papa, pues tengo un enfoque alternativo al tuyo, que leí en el Diario El País hace pocos días.

Aquí va:

Creo que el planeta, salvo raras excepciones, vive un exceso de religiosidad.
No existe ninguna religión que sea mejor que otra, pero la gran pelea está en las religiones llamadas 'monoteístas', la primera creada por el poco recordado Akenatón, en Egipto, cuya idea la llevó quienquiera que haya sido Moisés a Canáan, que luego de varias herejías - la primera de Pablo de Tarso - se instaló como heredera del Imperio Romano en Roma y luego aparecieron los musulmanes, invocando al mismo Abraham que resulta patriarca de todos los monoteísmos vigentes.

Las sucesivas religiones se impusieron por las armas, y pese a decir que invocan al mismo Dios, mataron para demostrar que su versión es mejor que la del vecino.

La religión, que surgió en el rincón de los tiempos como un homenaje a la misteriosa capacidad femenina de traer gente al mundo y por la cual dominaron las diosas durante 25 mil años, pasó a manos de los hombre, que supieron aprovechar el miedo humano a los cataclismos y a la muerte. Zeus, dios del trueno, destronó a Hera, diosa del amor. Así las cosas, las religiones se apoyaron en 'proteger' a sus fieles contra esos miedos, y luego del advenimiento del capitalismo, a la seguridad que en el 'más allá' nos espera una vida mejor, ya que en el 'más acá' las cosas son duras.

La religión, tal como la predicaba Jesús, era algo íntimo, que cada quien resolvía orando en casa, sin necesidad de iglesias y boato. Pero esa clase de prédica sólo sirve para la gente que tiene mucha capacidad de conocerse y auto-gestionarse. El sociólogo americano Reissman creó la terminología 'inner directed men' y 'outer directed men', estos últimos sujetos, presas de Hitler y cuanto tirano existió en este pobre planeta.

Freud, definió a la religión practicada en público como una neurosis colectiva.
Por lo tanto, una enfermedad (de difícil curación).

Estoy convencido que nuestro mundo, luego del siglo XX caracterizado por guerras de un grado de crueldad inusitado, con industrias de la muerte, con un despliegue de riquezas irritante que coexisten con paises enteros que se mueren de hambre, está entrando en un fanatismo religioso casi medioeval, que permitió que Bush gane las últimas elecciones, pues el electorado piensa que es el único capaz de detener el ataque del otro fanatismo religioso que viene de Oriente. El mundo está envuelto en una guerra religiosa que, detrás del deseo de dominio, el petróleo, el agua, y la mano de obra barata, voy a imponer a mi Dios que es mejor que el tuyo.

Así llegamos a este fenómeno por el que cuatro millones de personas acuden para ver a pocos metros el cuerpo muerto de Juan Pablo II, quien, críticas aparte, pienso que fue un gran hombre, muy coherente con su pensamiento, y que dirigió la iglesia en momentos difíciles. Juan Pablo no puede percibir el homenaje, salvo para los que crean muy seriamente que él observa desde el cielo. (Aristóteles decía que la gente prefiere creer a saber).

Los grandes noticieros de todo el mundo se dedicaron a cubrir este evento hasta el hartazgo, dejando de lado otras noticias. El manipuleo mediático es tan grosero, que pareciera que se terminó la guerra en Irak, en Oriente Medio y ni siquiera supimos de un atentado en Cairo.

No cabe duda, tal como decís. que el Vaticano está haciendo una fastuosa campaña de marketing con este 'parque de atracciones' creado alrededor de la muerte del Papa. Pero ellos piensan que hay que volver a traer a casa a los millones de fieles que se fueron pasando a las veinte mil variantes del cristianismo, buscando una religión más realista y coincidente con la forma de pensar de la gente de esta época.

Los fieles deberían preguntarse qué opinaría Jesús de este despliegue, de esas riquezas acumuladas, de los curas gordos y de los que hacen votos de castidad y se entretienen con los creyentes más jóvenes. Dostoievsky lo intentó en los Hermanos Karamazov y Jesús apenas se salvó de la Inquisición...

El problema es que nuestros mensajes sólo circulan entre la gente que piensa de determinada forma, pero no entre los que necesitarían leerlos.

Te envío un cariñoso saludo

Jorge Dulitzky

mujeres en la biblia

Las mujeres en la Biblia
Profesor Michael F. Hull, Nueva York

NUEVA YORK, 23 de noviembre de 2002 www.ZENIT.org.
- Padre Michael Hull, profesor de Sagrada Escritura en el seminario St Joseph de Yonkers de Nueva York, pronunciada durante la videoconferencia patrocinada por la Congregación vaticana para el Clero el 29 de octubre sobre el tema «Las Mujeres en la Sagrada Escritura».

«Al principio... Dios creó a Adán, le hizo a imagen de Dios. Los creó varón y mujer» (Génesis 1: 1, 27; 5: 1-2). Y desde el principio (de la Biblia) sirven como personajes en la épica revelada por Dios sobre la elección y la redención que se inaugura con la misteriosa mezcla del infinito amor de Dios y de la «felix culpa» de la humanidad.

Desde el principio de la creación se refleja al Creador en unidad. ¿Cómo es posible hablar entonces de «mujeres en la Sagrada Escritura» o de «hombres en la Sagrada Escritura», si Génesis 1-3, por ejemplo, apenas podría admitir tal extrapolación?

Por un lado, parecería que hablar de «mujeres en la Sagrada Escritura» resulta una abstracción demasiado arbitraria de la representación bíblica de las personas humanas. Por otro lado, tal abstracción podría ayudarnos a discernir más claramente la voluntad de Dios al centrarnos en ciertos momentos de su gracia de los que son testigos mujeres particulares en la Biblia.

Llegados a este punto, debemos ser prudentes. Un examen de todas las mujeres de la Biblia, al igual que un examen de todos los hombres de la Biblia, se presentaría amorfo y desarticulado. Pero un examen de una pocas mujeres clave, con papeles sobresalientes en la elección y redención, presentaría ventajas de cara a la comprensión del tema.

Comenzaremos por el principio del Antiguo Testamento, continuaremos con el Nuevo Testamento, y concluiremos con un escenario final.

El elegido
El Antiguo Testamento es la historia de la elección. Es la historia de la elección de un pueblo --hombres y mujeres-- por Dios. Adán y Eva gozaban conjuntamente de los dones preternaturales. Esto se hace especialmente conmovedor en que cada uno come individualmente de la fruta prohibida. El pecado de desobediencia no le viene a uno por culpa del otro: ambos son culpables y ambos son castigados.

Sin embargo, la pérdida de los dones preternaturales y el destierro del Jardín del Edén no causa la aniquilación de la «imagen de Dios» o la dependencia de la humanidad de Dios. Adán y Eva son los procreadores, y es Eva la que reconoce que su primer hijo, Caín, es un don de Dios – «He tenido un varón con el favor de Yahvé» (Génesis 4:1). Asimismo, Eva vio la mano de Dios en el nacimiento de Set para restaurar la pérdida de Abel; es con el nacimiento del primer hijo de Set cuando los hombres empezaron a invocar el nombre del Señor (Génesis 4:25-26). Y de esta manera los hombres y las mujeres invocaron al Señor, con frecuencia con resultados mezclados de confusión, destrucción y restauración, hasta que el Señor escogió a un antepasado y a una antepasada en las personas de Abraham y Sara.

La llamada inicial a Abraham (Génesis 12:1-3) no es hecha a un individuo solamente sino también a un hombre casado (Génesis 11:29). Así, Sara es depositaria integral de la promesa del Señor de bendecir a Abraham, su progenie y su tierra. A pesar de la cobardía de Abraham al ofrecer a Sara al Faraón de Egipto (Génesis 12:10-20) y a Abimelek de Gerar (Génesis 20:1-7), el Señor la protege.

Sin embargo, la falta de confianza de Abraham en la fuerza de Dios es paralela a la falta de confianza de Sara en la promesa de Dios. Es Sara quien envía a Hagar (la egipcia) a su marido para forzar la promesa de Dios (Génesis 16:1-6); es Sara quien duda de Dios y se ríe de la perspectiva de un hijo a su avanzada edad (Génesis 18:9-15).

El intento de dar la vuelta al plan de Dios a través de la fecundidad vicarial de Hagar con Ismael es tanto una falta de Abraham como de Sara, y es rechazada por Dios. Aunque Dios muestra compasión por Hagar e Ismael, permitiéndoles participar parcialmente en las promesas hechas a Abraham (Génesis 16:7-14; 21:13-21), no habrá heredero sin la intervención directa de Dios y su reconocimiento.

Con la intervención divina (Génesis 21:1-2), Sara concibe y da a luz a Isaac. Así también, Génesis 22 cuenta el reconocimiento de Isaac por Abraham como un don de Dios en una de las más conmovedoras perícopas del Antiguo Testamento. Las bendiciones sobre Abraham y Sara son abundantes. La progenie es completa en Abraham y Sara. Sólo queda la tierra. Sara se convierte en el signo por el cual Canaán será reclamada para siempre por los descendientes de Abraham y Sara. A la muerte de Sara, Abraham compra una cueva a Efrón el Hitita en Canaán y la entierra allí (Génesis 23:1-20), puesto que resulta inverosímil que la madre y antepasada sea enterrada en suelo extranjero.

Rebeca
De igual manera, no es plausible que su hijo, Isaac, pueda casarse entre gente extranjera. Abraham lo despacha a sus parientes y a los de su mujer para encontrar una compañera aceptable, Rebeca. Isaac presenta la cobardía de su padre; como actuó el padre, actúa el hijo, Isaac está dispuesto a arriesgar la integridad de Rebeca por su propia seguridad (Génesis 26:1-11).

El papel de Isaac, a parte de engendrar a Esaú y Jacob, es pequeño en comparación con el de Rebeca. Es a Rebeca, no a Isaac, a quien Dios revela la naturaleza que lucha en su vientre, que el menor usurpará al mayor (Génesis 25:23). La preferencia de Isaac por Esaú no favorece el plan de Dios, pero el amor de Rebeca por Jacob es recompensado por la venta de la primogenitura por Esaú.

Además, gracias a sus maquinaciones, es Rebeca quien sirve de instrumento a la voluntad de Dios al obtener la bendición para Jacob en vez de para Esaú, y es Isaac quien se queda en la oscuridad ante los planes de Dios. Esaú se casa entre extranjeros, los Hititas (Génesis 26:34-35). La enemistad entre los dos hermanos, que comenzó en el vientre de Rebeca, continúa como un motivo que se repite y que causa que Jacob se refugie con los parientes de Rebeca para encontrar una esposa aceptable, Raquel.

Jacob y Raquel se convierten en los padres de las tribus que forman el pueblo hebreo. Es a través del primer hijo de Raquel, José, que la bendición, la progenie y la tierra alcanzarán un cumplimiento intermedio en Egipto. Raquel es la verdadera esposa de Jacob, aquella que él desea y ama más, y la madre de José y Benjamín. Raquel es aquella de quien Dios se acuerda al abrir su vientre con José y accediendo a su deseo por segunda vez con Benjamín antes de su muerte en el parto (Génesis 30:23-24; 35:16-18).

Además, su cuerpo se convierte en otra marca para reclamar Canaán, cuando Jacob la entierra en Belén (Génesis 35:19; 48:7). Y aunque cada tribu no está ligada a Raquel directamente, los progenitores de la prosperidad en Egipto son sus dos hijos, José y Benjamín. Sin Raquel, es imposible concebir la fortuna y fertilidad de los hebreos como la descubrimos al inicio del Éxodo.

A partir de Eva, Sara, Rebeca y Raquel se constituye y prospera todo un pueblo. Cuando es oprimido y esclavizado aquel pueblo, son las mujeres –Sifrá y Puá, las parteras, la hermana no nombrada del Faraón y la madre no nombrada de Moisés- quienes protegen al futuro líder de los hebreos, Moisés, a quien Dios escoge para guiar a su pueblo al cumplimiento de la elección en la tierra prometida, porque Dios ha oído el grito de sus súplicas (Éxodo 3:7). La elección del pueblo hebreo es precursora de la redención de todos los pueblos en Jesucristo. Y al igual que las mujeres juegan un papel vital en la elección, también juegan un papel vital en la redención.

El redimido
El Nuevo Testamento es la historia de la redención. Es la historia de la redención de todos –hombres y mujeres- por Dios. En el centro de la redención, por supuesto, está el Redentor, Jesucristo, uno con el Creador, el Padre, y el Santificador, el Espíritu Santo. Los santos evangelios tienen como objetivo describir las palabras y hechos inmediatos del Redentor, así como otros libros cuentan las palabras y hechos de sus apóstoles y discípulos.

Hablar de cualquier persona, hombre o mujer, después de la venida del Verbo encarnado, es hablar de él o de ella en relación con dicho Verbo. Específicamente, los evangelios hablan de una serie de hombres y mujeres en la vida y obra de Jesús, en donde la elección del Padre es transubstanciada en la Redención por el Hijo a través del Espíritu Santo.

No hay mayor exaltación de la raza humana que el hecho de que el Hijo de Dios se haga hombre y nazca de mujer. No hay ser humano más cercano a Dios que su madre, María, quien como Theotokos lo lleva en su seno con un amor más allá de las palabras. María es la mujer más importante en el orden creado y por fuerza la más importante mujer de la Biblia.

María es la «nueva Eva», con cuyo fiat el plan de Dios para la redención se pone en marcha para que las faltas que comenzaron con la primera Eva puedan ser expiadas en su Hijo. Es en el momento de su obediencia sacrificial en la Cruz cuando Jesús confía la Iglesia a su madre y su madre a la Iglesia (Juan 19:25-27). Esta exaltación de su madre manifiesta la importancia de las mujeres en su vida y provee el paradigma de su relación de respeto y compasión con las mujeres.

Hay mujeres en los momentos más significativos de la vida de Jesús. Isabel, con Juan Bautista todavía en su vientre, es la primera mujer (además de María) en adorarlo y en reconocer el cumplimiento de la promesa de Gabriel a María (Lucas 1:42-45).

Y es la voz de Raquel la que entona el luto por los Santos Inocentes (Mateo 2:16-18; ver Jeremías 31:15; 40:1), cuya matanza por Herodes es la prefiguración del rechazo de Israel y del asesinato del Mesías en la Cruz. Hay más mujeres que hombres a los pies de la cruz (Mateo 27:55-56; Marcos 15:40-41; Lucas 23:49; Juan 19:25-27).

Se recuerdan más las actividades de las mujeres ocurridas inmediatamente después que las de los hombres (Mateo 27:61; Marcos 15:47; Lucas 23:55-56; ver Juan 19:40-42). Las mujeres están entre los primeros testigos de la Resurrección (Mateo 28:1-6; Marcos 16:1-12; Lucas 24:1-12; Juan 20:1-2, 11-18). Por lo tanto, las mujeres están presentes de manera substancial en la Encarnación y en la Redención.

Hay también mujeres que son muy significativas en el ministerio terrenal de Jesús como beneficiarias de su respeto y compasión. Según Lucas (8:1-3), había muchas mujeres discípulas de Jesús, que viajaban junto con Él.

De hecho, el recuerdo de la presencia de Jesús en la casa de Marta y María, donde Jesús tendría más mujeres escuchando sus enseñanzas que ocupándose de otras cosas, ilustra el respeto de Jesús por las mujeres (Lucas 10:38-42; ver Juan 11:1); puesto que deben cooperar en su propia salvación, las mujeres necesitan aprender de Jesús tanto como cualquier otra persona.

De igual manera, las mujeres necesitan reformar sus vidas. Juan (4:7-42) recuerda el respetuoso encuentro de Jesús con una mujer samaritana. Queda claro que Jesús sabe que ella es una samaritana, y muy pecadora, pero él no la regaña. Por el contrario, le explica quién es Él y lo que significa su venida. Los discípulos de Jesús no lo entienden, pero el Señor sabe exactamente con quién está tratando y a través de esta mujer muchos samaritanos llegaron a creer (Juan 4:39).

Jesús pone también de relieve la generosidad y ejemplo de una pobre viuda como una lección para sus discípulos (Marcos 12:41-44; Lucas 21:14). Quizás el retrato más llamativo del respeto de Jesús por las mujeres (y amor por las pecadoras) se dibuja cuando pone a una prostituta como un ejemplo para Pedro (Lucas 7:36-50). En la cena en la casa de un fariseo, una prostituta limpia los pies de Jesús con sus cabellos y lágrimas y los unge con aceite. Lucas indica que es el fariseo el que cuestiona a Jesús en su interior, pero es a Pedro a quien se dirige la lección sobre el pecado y el perdón.

De esta manera, la compasión de Jesús por las mujeres es ilimitada. Él levanta a la hija de Jairo de la muerte (Mateo 9:18-19, 23-26; Marcos 5:21-24, 35-43; Lucas 8:40-42, 49-56) y al hijo de la viuda de Naín (Lucas 7:11-17). Al ver a una mujer doblada por la enfermedad, no puede dejarla sin curar, aunque ella no pidió su compasión e incluso auque el hecho pueda levantar la ira de algunos al realizarse en Sábado (Lucas 13:10-13; ver Mateo 12:11-12; Juan 5:1-18). La compasión de Jesús por las mujeres no se limita a las hijas de Israel, puesto que Jesús arranca un demonio de la hija de una mujer sirofenicia (Mateo 15:21-28; Marcos 7:24-30).

Posiblemente el momento en que más se mueve a compasión Jesús tiene lugar en Juan 8:1-11. Jesús está enseñando en el templo cuando los escribas y fariseos le llevan a una mujer que había sido sorprendida en adulterio; su intención es apedrearla, porque su culpabilidad está clara y la ley de Moisés así lo prescribe.

Pocas son las palabras de Jesús: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». A sus palabras, ellos se marchan, pero la mujer se queda de pie frente a él. Y Jesús dice a la mujer adúltera palabras que resumen su compasión hacia la raza humana que Él redime – «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».

El testimonio bíblico de las mujeres
El escenario del testimonio bíblico de las mujeres muestra cómo comparten íntimamente con los hombres los momentos bíblicos más significativos. En todos, por lo que resulta vano intentar separar el testimonio de las mujeres del de los hombres o viceversa. Los acontecimientos bíblicos transcendentales de la elección y de la redención no tienen diferencias de sexo; son momentos de una identificación entre Dios y la humanidad que como mejor se entienden es de acuerdo a una experiencia humana unificada, más que de acuerdo a alguna posible forma de tensión entre el hombre y la mujer.

Sin embargo, en el momento en que podemos distinguir las figuras bíblicas para aprender de los éxitos o errores de nuestros predecesores en la fe, nos damos cuenta que tenemos mucho que aprender del testimonio de las mujeres bíblicas. Tres temas generales resultan evidentes: el lugar de la humanidad en la elección de Dios, el lugar de la humanidad en la redención del Señor; y la fundamental dignidad de la humanidad.

Primero, los hombres y las mujeres son instrumentos en la elección de Dios desde los inicios. La historia del acto creativo de Dios es tanto una historia sobre Eva como sobre Adán. La preparación del pueblo elegido por Dios es tanto una historia sobre Sara, Rebeca y Raquel como sobre Abraham, Isaac y Jacob. Todo lo que comienza con la teofanía de Dios a Moisés en Éxodo 3 se ha preparado en concierto con los hombres y las mujeres de su elección, para que Israel pueda convertirse en «un reino de sacerdotes, una nación santa» (Éxodo 19:6; ver Isaías 61:6).

El Antiguo Testamento proclama un principio divino sobre la preocupación de Dios por su creación. Es una preocupación que coloca a los seres humanos –tanto hombres como mujeres- en una relación con Él, gracias a la cual pueden participar en una asociación con Él, a pesar del pecado original y anticipar su redención por Él en la persona de su Hijo.

Los hombres y las mujeres participan en igualdad en su promesa de bendición, de progenie y de tierra hecha a Abraham. También son herederos en su significado más profundo de la promesa inicial, una realidad velada en el Antiguo Testamento y revelada en el Nuevo: que obtendrán no sólo bendición sino también la redención, no sólo progenie sino también vida eterna, y no sólo tierra aquí sino también un hogar en el cielo.

Segundo, los hombres y las mujeres son instrumentos en la redención del Señor. Al igual que Dios permitió su participación en el Antiguo Testamento, también permite su participación en la vida y la labor terrenal del Redentor. Dado el carácter único de la persona y naturalezas –divina y humana- de Jesús, no existe analogía alguna con cualquier hombre o mujer que resulte ilustrativa, ni hay hombre o mujer que se le pueda comparar.

No importa lo digno que se vuelva un hombre o una mujer por su imitación de Cristo, no importa cuánto merezca un ser humano la dulía, la latría sólo se debe a Dios –Padre, Hijo y Espíritu. Sin embargo, con relación a esto, la Bienaventurada Virgen María se queda sola en medio de los seres humanos. Su papel clave en la elección y en la redención es singular. Por la divina providencia, María merece nuestra hiperdulía. Como Eva era «la madre de todos los vivientes» (Génesis 3:20) en un sentido natural, María es la madre del Redentor y madre de los redimidos, es decir, «la madre de todos los vivientes» en un sentido sobrenatural.

La elección llega a su plenitud de manera maravillosa en la redención. Por eso, Pedro puede reinterpretar correctamente la comprensión de Éxodo 19:6 por la que Israel se constituye en el nuevo Israel, la Iglesia, «linaje elegido, sacerdocio real, nación santa» (1 Pedro 2:9). En la nueva situación, como apunta Pablo, «ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos según la Promesa» (Gálatas 3:28-29).

Finalmente, la bondad del Señor para su pueblo, hombres y mujeres, ejemplifica la realidad de la dignidad humana en el orden creado. Desde el principio, hombres y mujeres fueron hechos a «imago Dei», y gracias a la Encarnación todos los hombres y mujeres están invitados a participar de los frutos de la Pasión y la Resurrección. La imagen que nos presenta el Antiguo Testamento de las mujeres hace obvia el respeto y compasión de Dios por ellas.

Con respecto a nuestra edad contemporánea, al comenzar el tercer milenio del cristianismo, las mujeres deben ver su papel en la historia de la salvación como algo crítico para la revelación y redención de Dios. Las mujeres necesitan centrarse en los beneficios de Dios para con ellas, especialmente en su elección de una mujer como la madre de su Hijo. La cima de la gratuidad de Dios y el testimonio colectivo de la Biblia demuestran la importancia de las mujeres en la voluntad salvífica de Dios.

Desde el principio, hombres y mujeres han sido llamados a la unión con Dios. De hecho, es una mujer, hablando a otras mujeres, quien resume todo el testimonio bíblico presentado a la humanidad, cuando Isabel dice a María: «¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lucas 1:45).