domingo, 27 de mayo de 2012

Marta Elisa de León: Las Ocultas


UNA ENTREVISTA CON MARTA ELISA DE LEON, AUTORA DE ” LAS OCULTAS” EDITORIAL TURNER

UNA ENTREVISTA CON MARTA ELISA DE LEON, AUTORA DE ” LAS OCULTAS” EDITORIAL TURNER

La chica con la que he quedado tiene cuarenta años, o quizá más, y los aparenta. No es guapa, o no es guapa en el sentido de lo que nuestra sociedad consumista entiende como tal. Quiero decir que no es particularmente delgada, no va arreglada, ni maquillada, tiene arrugas, canas en el pelo, una dentadura irregular. Va vestida con extremo recato, peinada con un moño victoriano. Habla con una voz suave y modulada, escogiendo con cuidado las palabras como quien recoge conchas en la playa, sin utilizar una sola expresión malsonante durante una conversación de dos horas. Es la última persona que imaginarías como prostituta. Sin embargo, se dedicó a la prostitución durante más de diez años.
Venía de una familia bien, no particularmente rica, sí de burguesía media alta. De una familia católica, por más señas. Su familia nunca quiso que ella trabajara. Se negaron a que cuidara niños o fuera cajera en un supermercado para pagarse los gastos mientras estudiaba la carrera. Insistían en que ella debía estudiar, y no distraerse en otras cosas. Estudiaba una carrera. Se veía siempre sin dinero para sus gastos porque su familia no se lo proporcionaba. Y un día, hojeando La Vanguardia, se le detuvieron los ojos en un anuncio. “ Buscamos chica para establecimiento de relax”.

Se lo estuvo pensando unos meses. Una lucha íntima, un debate. En esos meses, sufrió un desengaño sentimental y tuvo una crisis seria de conciencia, derivada de un encontronazo con esa Iglesia que para su familia era tan importante y a sus ojos era tremendamente hipócrita. Se encontraba mal, perdida, triste. “ Estaba muy mal y me dije, pues… de perdidas, al río. Si todo es una mierda, ¿ qué pierdo yo por meterme en la mierda?” Marcó el teléfono. “Quiero hacer esto, puedo hacer esto.” Y se dijo a sí misma: “Solo lo voy a hacer dos meses, solo quiero ahorrar dinero.” Estuvo diez años en el ambiente de la prostitución.

“La primera sensación que tienes cuando entras “voluntaria” en la prostitución ( y digo voluntaria entre comillas y con toda la ironía) es una sensación de euforia, como en cualquier droga, porque adquieres poder. Poder sobre tu vida, poder económico, poder sobre los hombres. Y luego es como una droga porque cuando más tienes, más quieres. Siempre necesitas más. Solo con el tiempo te das cuenta de lo que has hecho. Como en una droga, los efectos devastadores se aprecian a largo plazo. Cuando dejas de ser carne fresca la actitud de los clientes hacia ti cambia, y tú misma has cambiado. Entrar en el infierno nunca es de balde, si consigues salir, sales quemada”

“ Cuando trabajas en ello pasas por una fase de Síndrome de Estocolmo. Estás tan imbuida por las ideas dominantes que no eres capaz de ver la verdad. Y tampoco eres capaz de conectar con tu propio dolor, te blindas ante él. Te dices a ti misma que has entrado por dinero, y eres incapaz de ver que la razón real es más grande y más profunda”
Marta (no es su verdadero nombre) empieza en un club de alterne en el que se puede fingir que una no es prostituta, que es una chica a la que le invitan a una copa, que no se dedica a ello profesionalmente. Después, va pasando por todo tipo de casas. Casas en Madrid, en Barcelona. Un macroprostíbulo en Girona en el que descubre que la gran mayoría de sus compañeras no están allí por propia voluntad, y no se pueden ir. Ella sí puede, y se va al segundo día, asustada. Trabaja por temporadas. Ahorra, intenta dejarlo, busca trabajo, no lo encuentra, necesita dinero, vuelve… Una espiral de la que no sabe salir. Ciclos que se repiten. Trabaja unos meses, lo deja, regresa… Envía cientos de curricúlums, pero no tiene experiencia, ni vida laboral “oficial”, siempre le dicen que no. Cada vez está más deprimida, más hastiada, más enferma… Vaginitis constantes, dolores de espalda, de ovarios.. Hemorragias. Migrañas intensas que le taladran la cabeza. Una amiga terapeuta, que nada sabe de su pasado ni de su profesión, se preocupa por ese dolor crónico y le ofrece hacer una terapia.

“ Esta amiga me ofreció seguir una terapia gratuita porque en aquel momento yo no quería ni podía volver a trabajar y no tenía dinero. Yo no le había contado nada de mi vida, y ella, aunque notaba que mi problema no era simplemente físico, también advirtió que mi blindaje emocional era tal que no habría manera de que hablara de mis sentimientos o mis vivencias, así que se ofreció a curarme el dolor de cabeza. Empezamos con una terapia de focusing. El focusing es un proceso que trabaja con las sensaciones corporales, los síntomas físicos, para llegar desde ahí a las emociones que a veces no son conscientes. Mi amiga intentó eliminar aquella censura interior que me impedía escuchar mis propias sensaciones, y darles voz. Mediante un proceso de relajación nos concentrábamos en mi dolor físico, para ver de dónde venía, y poco a poco fueron surgiendo imágenes, sensaciones. Símbolos, sueños. La emoción y la esencia de todas estas imágenes se referían al hecho de estar programada para ser una servidora sexual. Me di cuenta de que yo había decidido trabajar como prostituta no porque me hiciera falta el dinero sino porque era el subproducto de un maltrato, el único camino que había encontrado en un entorno de hostilidad, agresión, limitación. Y cuando iba expresando eso en voz alta, poco a poco mis dolores físicos desaparecían. Acababa todas las sesiones temblando, llorando.
Yo ya sabía que debía dejar la ciudad, irme fuera, a vivir a un sitio donde no existiera la mínima posibilidad de trabajar en el ambiente. Y se produjo una sincronicidad. Un amigo, con el que yo no tenía ninguna relación sexual ni sentimental, y que nada sabía de mi pasado, estaba alquilando una casa en el campo, y necesitaba alguien para compartir gastos. Yo tenía un problema muy grande. No tenía nómina, nunca la había tenido, no podía alquilar un piso. Y cuando él me ofreció este acuerdo yo le dije la verdad. Tenía ahorrado para sobrevivir dos meses y después no sabría si podría pagarle. De la misma manera que mi terapeuta me ofreció su ayuda sin pensar en el dinero, él me ofreció la casa. Y luego empecé a buscar trabajos de subsistencia, sin contratos, pero completamente segura de que no quería volver a ejercer la prostitución.
Tras acabar la terapia yo continuaba dedicándole un tiempo diario al focusing para asegurarme de seguir sana, de ir sacando toda esa mierda acumulada. Y de pronto, a los dos años de acabada la terapia, emergió un recuerdo. Fue tan brutal que se me puso el cuerpo rígido, en posición fetal. Al principio negaba lo que había visto. Me lo habré inventado, pensaba, me lo habrán contado. Pero era la clave, y de repente todo encajaba. Lo que había visto era una escena de abuso sexual infantil. Me costó mucho reconocer que era real, que no me lo inventaba, y no me atrevía a contarlo, para que no me tomaran por mentirosa. Pero ahí estaba la razón última por la que yo pensaba que valía para aquello, por la que siempre volvía, la programación. “

Final feliz de la historia. Marta consigue salir, malvive, no tiene un duro, vive en un pueblo perdido, trabaja en negro, en hostelería, como asistenta, se conecta a Internet, conoce a su pareja. Inicia una relación. Se arma de valor y le cuenta toda la verdad. Verdad que él acepta. Se casan , tienen un hijo. Marta va escribiendo sobre sus experiencias, abre un blog en internet. Una editora le contacta. Parte de esas experiencias se condensan en un libro: Las Ocultas, publicado en la editorial Turner. Un libro que debes leer si esta historia te interesa.

Hace poco leí una entrevista a Esperança Padilla Richard, periodista, tiene 33 años, que trabaja para Diari de Girona y ella sí que se infiltró de “prostituta” en un prostíbulo llamado Paradise (La Jonquera). Esperança reproducía en aquella entrevista sobre la prostitución muchos mitos que tanta gente repite y que el libro de Marta Elisa de León se carga de un plumazo.

Por ejemplo, a Esperança le preguntaban :
- En España sigue existiendo el mito que ser prostituta por un tiempo puede sacarte de deudas. ¿Cuál es el motivo por el que tantas chicas siguen “cayendo”? (en caso de que lo hagan por voluntad propia, claro).

Y Esperança respondía:

- Yo creo que sí es rentable. Servir en el burdel te cuesta dinero y a eso tienes que sumar ropa, peluquería y cuidados corporales –a pocos metros del Paradise hay una perfumería que cada día da gracias al cielo por esa clientela fija, y en la Jonquera hay un número anormalmente alto de estéticas y peluquerías. Pero cinco clientes cada noche a, por ejemplo, 60 euros la media hora, y muchas cobran más, son 300 euros diarios, y te aseguro que se dan mucha maña para hacer cuantos más servicios mejor. Además el Paradise tiene un espacio VIP donde las chicas más agraciadas cobran más por sus servicios. Tema aparte son las que ejercen por su cuenta. Una escort en Barcelona puede cobrar 1.500 euros la noche. Todo, además, está libre de impuestos. Efectivamente se puede ganar bastante dinero ejerciendo de puta. Lo de la voluntad propia es otro cantar. Mi opinión es que es imposible que un burdel que precisa centenares de tías para funcionar se pueda abastecer sin tener detrás redes de trata y extorsión de mujeres, aunque ésta sea de baja intensidad. Pero sí creo en la escort que dedica libremente sus mejores años de físico a hacerse un patrimonio. Puedo opinar sobre si yo lo haría o no, pero no voy a juzgarlo. ¿Es peor eso que trabajar para una marca deportiva que basa su negocio en pelotas o bambas cosidas por niños, por ejemplo? No sabría decir.

Marta Elisa de León, que sabe bastante más que esta periodista sobre prostitución, destroza este mito. “Prostituirse no sale rentable. Puede que al principio. Pero el precio que se paga en salud mental y física no compensa. El mundo de la prostitución está saturado, hay muchísima competencia y de mujeres muy bellas. Los precios han bajado. Luego ten en cuenta que la prostituta debe invertir mucho en su físico ( peluquería, depilación, ropa, manicura), más que una mujer que no trabaja en el ambiente. Y que divide sus ganancias con su empleador o empleadora” En cuanto al mito de la escort, lo podéis ir olvidando. No se paga tanto y ninguna chica trabaja sola “ Yo intenté trabajar sola una temporada. Y no es rentable. Por supuesto, nunca vas a recibir en casa, sería una locura. Así que quedas con el cliente en un bar. Muchas veces no se presentan, o van pero te ven y te dejan plantada porque no les gustas. Y tú has perdido el tiempo y el dinero del taxi, ya que no podías viajar en metro en tacones, bustier y minifalda. Trabajar en hoteles es muy arriesgado, te pueden agredir o violar, lo hacen incluso con las chicas de las agencias. Lo único seguro es trabajar en casas. Trabajar como escort independiente es suicida. Y una escort de agencia no gana tanto. Alguna habrá, pero se trata de la excepción , no de la regla”
Esperança Padilla no parece muy acertada en sus declaraciones. Quizá porque para hablar sobre el negocio hace falta algo más que haber estado dos tardes en un club. De hecho, yo he estado muchísimas veces en clubs de chicas ( más que nada, porque vivo encima de una enorme sex shop en la que trabajan muchas chicas de alterne) y no considero que sepa de la vida de estas chicas, por mucho que me haya tomado copas con ellas.
- Mi conclusión - dice Esperança- es que la prostitución debería estar regularizada mediante el alta como autónomos de los que la ejercen, y autorizar la cooperativa de prostitutos/as como única forma de negocio. Me da bastante vergüenza que mi país haya regularizado esos establos de mujeres antes de plantearse siquiera que el eslabón más débil de la cadena, las personas que se prostituyen, no dispone de ninguna cobertura legal. (…/…) Los prohibicionistas no recuerdan nunca que a la prostitución también se dedican hombres, porque entonces el argumento de la mujer como objeto, el concepto sobre sí misma, etc se caen. Los prostitutos rompen los estándares de la prostituta objetivizada que describen los prohibicionistas, un cliché que en todo caso es una parte más de un mundo mucho más complejo.
La visión de Marta Elisa es otra:

“Hay prostitutas que cotizan en seguridad social, como masajistas, pero la inmensa mayoría NO QUIERE Y NO PUEDE HACERLO, porque no quiere que su marido, su familia o su vecina, descubra en qué trabaja. Ella ha dicho que cuida a un señor enfermo, o que limpia casas. Por lo tanto mientras siga existiendo un estigma social tan grande hacia la figura de la prostituta ninguna querrá darse de alta como masajista, porque es fácil entender lo que el eufemismo “masajista” significa, y en la gran mayoría de los casos su familia o sus amigos no tienen ni idea, amén de que ninguna entra pensando que va a ser puta toda la vida, piensan que lo harán unos meses y luego se dedicarán a otra cosa. Y si alguien sabe que han sido putas ¿ las contratarán como dependientas, peluqueras, panaderas… en el futuro? “

De hecho, Marta Elisa cuenta la anécdota de una madame , ex puta, que intentó regularizar a sus chicas, y ninguna, pero ninguna de ellas, aceptó la oferta, empezando por la propia Marta. De hecho, las chicas no suelen trabajar en las casas que las contratan con su verdadero nombre, ni por supuesto dan su DNI.
En cuanto a lo que dice Esperança sobre que hay prostitutos hombres, hay que tener en cuenta que el chapero trabaja con hombres, y por lo tanto no se sitúa en una posición de sumisión sino de poder. ( El mito del gigoló que trabaja con mujeres es eso, un mito. Los prostitutos masculinos trabajan para hombres, aunque muy esporádicamente puedan prestar un servicio a una mujer) Hay mucho desprecio social hacia la puta, pero mucha admiración en el mundo gay hacia el chapero guapo. El mundo es machista, y por lo tanto un cliente suele despreciar a la puta. Pero un cliente gay no desprecia a su chapero, se trata de un acuerdo entre iguales, e incluso muchas veces el chapero tiene la posición dominante, sobre todo si es activo.

Os recomiendo dos libros escritos por prostitutos masculinos. Stayin‘ Alive: The Invention of Safe Sex. de Richard Berkowitz, y Pollo de David Henry Sterry. Sus historias se parecen a la de Marta Elisa. Al principio euforia, sensación de poder, de control, de dinero fácil. Al cabo de un tiempo la enfermedad física, el agotamiento, la sensación de vacío, la depresión aguda. En el caso de Richard Berkowitz, también es un doctor el que le anima y le ayuda a salir de la prostitución, también decide dejarla por una enfermedad física (un condiloma), y desde la enfermedad física ahonda en la enfermedad moral. Al final, no parece que haya tanta diferencia entre la prostitución masculina y la femenina. En ambos casos el agotamiento físico y moral es muy destructivo. En ambos casos, el ambiente es sórdido, triste, desmoralizador. Curioso que en los dos libros escriban hombres que han sufrido un episodio de abuso sexual en la adolescencia, y que después se hicieron “male escorts”.

Hay un último dato que Marta Elisa me da en la conversación y que me deja estupefacta. “ Cuando yo trabajaba en el ambiente, un 70% de las chicas eran madres solas, abandonadas. Si el recurso a la prostitución es tan abrumador entre las madres solteras es como para pensar que hay algo en nuestra sociedad que no está funcionando”




Francisco Tomás
Madrid, 5 abr (EFE).- Marta Elisa de León es el seudónimo que utiliza la autora de "Las Ocultas", un libro en el que relata sus años como prostituta, ejercicio que compara "con una adicción al dinero fácil" que acaba generando, en la mayoría de los casos, mucho sufrimiento.
"Tu tienes equis problemas en tu vida, por ejemplo necesitas dinero, y pum, parece que recurres a prostituirte y se te soluciona rápido. Inmediatamente notas una euforia por el dinero fácil, tal vez doscientos euros al día. Y te enganchas, es como las drogas", señala a Efe la autora del libro, editado por Turner Noema.
El fenómeno de la adicción, añade, también funciona para los hombres: "la satisfacción que puede encontrar un cliente en las putas es eso, la de una droga momentánea. De hecho es frecuente ver hombres vuelven una y otra vez a gastar un dinero que no tienen".
Como corresponde a una adicción, la salida que Marta encontró a esa vida fue la terapia psicológica, que le aportó "una perspectiva profunda de lo que estaba pasando en mi vida y también de lo que pasaba con los hombres", de quienes se sentía, al menos, "desengañada", confiesa.
En esa fase surgió la que ella considera la razón última de que recurriera a vender su cuerpo: de muy niña había sufrido abusos.
Marta no considera la prostitución tanto un problema social como un síntoma del sistema en que vivimos, "que necesita de hombres y mujeres tan perdidos y atontados como para derrochar su vitalidad buscando sexo pleno de manera errónea e infructuosa".
Un ejemplo del sistema es la pornografía, un espectáculo de sexo artificial y engañoso que Marta ve "en muchos más sitios que en los dvd o la red" y que "vende sexo irreal".
"Que sientas que si no eres una 'barbie' no puedes ser una mujer sexual es patológico. Y los hombres no se escapan, porque son los primeros consumidores de esos mensajes", añade.
El libro relata en primera persona el recorrido de Marta desde los clubs que acogían a mujeres dispuestas a negociar el sexo en el horario y con la libertad que quisieran, a las casas, en las que la presión era mayor, aunque nunca dejó de ser libre.
Las esclavas, víctimas de la trata de blancas a quienes conoció desde fuera, las dificultades para ahorrar el dinero negro y para justificar períodos de años sin contrato cuando acudía a buscar empleo, el ambiente opresivo, la violencia sobre el propio cuerpo y el reloj, el tiempo detrás de la puerta de la habitación, fueron constantes de su vida.
Marta, que trabajó en "casas" de nivel intermedio, asume que su experiencia no es universal. Explica que hay muy diversos modos de negocio para la prostitución, desde las mujeres de alto nivel a las esclavas de las mafias, y desde los clubes a la calle.
"Hay muchísimos tipos de clientes", por esa misma razón: "está el que busca compañía, porque en su vida realmente no la tiene... y no le puedes juzgar duramente. Recuerdo un señor mayor que un fin de año se me echó a llorar porque decía que yo era lo mejor que le había pasado ese año".
"Y luego tienes muchos otros tipos. El jeta que intenta aprovecharse de ti. O los jóvenes que vienen para estrenarse, o los que van de juerga todos juntos. Están también los que recurren a las chicas que están en la calle. Todos sabemos que pueden ser mujeres esclavizadas por las mafias", señala.
Marta firma con seudónimo porque salvo su actual marido y padre de su hijo, y alguna amiga (alguna de ellas dejó de serlo al conocer su existencia "oculta"), nadie, ni su familia, conoce su vida real.
"De todos modos, hay mujeres que dirán que les va bien... depende de hasta qué punto se hayan metido, etcétera, te puedes encontrar algunas, pero no creo que sea la tónica dominante. La mayor parte de las mujeres que están, no lo harían si tuvieran otra elección", opina.
En todo caso, "no creo que se deba prohibir la prostitución. Sería como decirle a la gente que no tiene una vía de escape. Hay cosas que se sabe que son malas a largo plazo, pero... eso sí, si la sociedad viviera un cambio de conciencia, la prostitución, tal y como la conocemos ahora, desaparecería por sí misma", concluye. EFE

1 comentario:

  1. Fantástica entrada... ¿cómo conseguiste contactar con Marta Elisa? Por cierto, no tengo claro si ella sí que llegó a conocer a prostitutas forzadas o no, sería bueno saberlo por todos esos datos y cifras que se manejan. Ahora salen muchas chicas en la tele diciendo que ejercen la prostitución voluntariamente, que ganan mucho dinero y que están contentas y hasta orgullosas de lo que hacen, que no han tenido secuelas ni problemas con los clientes... estaría muy bien un debate entre ellas y chicas como Marta Elisa, no digo que ninguna tenga más razón que la otra, sino que existen muchas cosas confusas en este sector que estaría bien aclarar y quizá escuchando a las propias protagonistas podríamos hacernos una mejor idea del asunto.

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